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Arotxa: "Lo que hago es abatir la solemnidad del poderoso"

El caricaturista presenta un libro con dibujos inéditos y publicados de José Mujica, con prólogo escrito por el propio expresidente. “El político encubre. Y el caricaturista descubre” es una de sus máximas.

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06 de mayo de 2019 a las 05:01

En su estudio –una amplia barbacoa que resignó los asados para que su propietario la convirtiera en reino a medida– hay una enorme pintura en la que predominan los rasgos cuidadosamente exagerados de un gigante. Rodolfo Arotxarena, Arotxa para conocidos y desconocidos, pintó ese cuadro de Winston Churchill cuando tenía 17 años. Para entonces ya había comenzado a publicar en El País, donde una caricatura de Aníbal Troilo fue tapa de Sábado Show el 24 de mayo de 1975. Fue la primera vez que miles vieron su firma: Arotxa. Desde entonces, durante 42 años ininterrumpidos en ese diario, en otros medios, en muestras y publicaciones y más recientemente en Instagram, ha dedicado su vida a plasmar en trazos y pinceladas la realidad que lo rodea resignificada por su mirada instintiva pero también entrenada. 

Su firma se volvió reconocible, pero aun más sus guiñadas puntiagudas. Tal vez algunos no sepan quién es Rodolfo Arotxarena pero seguro que muchos reconocen su rúbrica en la banda presidencial colgada en una percha, mientras el presidente Tabaré Vázquez se dedica a pescar u otras actividades. O en tantos otros íconos que se convirtieron en seña de identidad del personaje que los inspiró.

"Dibujo lo que veo". Arotxa no encuentra sentido en explicar sus caricaturas. O no lo considera necesario, porque se explican solas. Dice que lo suyo sale de las tripas, que es intuitivo, que no anda pensando tanto y muchos menos elucubrando lo que luego desciframos –o intentamos descifrar– quienes vemos sus obras. Esto no impide, sin embargo, que se reconozca como un analista político, cuando le digo que lo es sin lugar a dudas. Desde sus entrañas pero también desde su fino olfato y perspicaz ironía, nacen trazos que se entreveran en el papel para definir rasgos, sí, pero sobre todo personalidades, intencionalidades, debilidades y fortalezas de personas públicas de las casi cinco décadas en las que el artista ha publicado (y de antes, porque las referencias al pasado, como buen uruguayo, abundan en su obra). 

El caricaturista/artista/analista político nunca se fue del ruedo, incluso cuando el año pasado fue despedido por el diario que lo vio crecer y donde reconoce que encontró maestros y amigos ("gente memorable y gente para el olvido"), al mismo tiempo que resiente la forma en que terminó esa relación cuando le ofrecieron bajarle drásticamente el sueldo.

Por eso, decir que vuelve con todo con el lanzamiento de su libro Dibujos al Pepe sería incorrecto. Digamos al menos que renueva sus votos de lector privilegiado de la realidad con esta publicación de 26 por 26 centímetros y 156 páginas, en las que eligió caricaturas y dibujos sobre José Mujica inéditos y publicados entre los años 1994 y 2017.

El hilo invisible que pespuntea a los poderosos

¿Cómo se reconstruye el profesional que pasó 42 años dibujando mayoritariamente para un solo diario, ilustrando la realidad desde el tamiz de su mirada óptica y mental? "De mil maravillas", dice Arotxa, y apunta que no hay reconstrucción sino desintoxicación. 

Bastaron pocos meses para que Gota Comunicación le acercara la idea de un libro que, al menos en la mente del artista, se había comenzado a gestar mucho antes, más precisamente antes de que Mujica fuera presidente, cuando su amigo –el fallecido periodista que durante años condujo Búsqueda– Claudio "el Negro" Paolillo lo invitó a conocer al político. "Bo, vamos pa' la chacra. ¿Cómo estás para conocer a Mujica? Es ahora porque después va a ser imposible", le dijo. Y a Arotxa se le hizo agua la boca. 

¿Era ya Mujica una de sus víctimas favoritas?, pregunto. "Yo dibujé a todos los presidentes y este hombre era una figura que venía con una carga que era fabulosa". Luego lo dibujó tantas veces que ya ni recuerda cuántas. Mientras que le llegaba más de una oferta para "el libro, el libro", se publicaron múltiples trabajos editoriales sobre el expresidente. 

Con Paolillo decidieron hacer juntos el libro. Entonces Arotxa pensó que la diferencia de esa obra sería la propia participación de Mujica a través de las letras y en un prólogo que hoy abre la publicación. Le pidió que escribiera lo que se le cantara pero desde el humor. "Si vos querés poner que soy un facho, hacelo", recuerda.

Con la decisión tomada, el libro se hizo solo, explica Arotxa; no necesitó demasiado tiempo para elegir dibujos que ya tenía fechados y clasificados, guardados en cajas de cartón cuyo sistema de codificación seguramente solo él entiende, al menos a simple vista. Además del texto del expresidente y de los dibujos del artista hay también textos de Arotxa.

Políticos, artistas y el ombligo

En toda la publicación subyace el porqué; el porqué Mujica, el porqué él entre todos los presidentes que ha dibujado. "La gente se divide entre la gente común y la gente no común. En la historia de Uruguay no conozco ningún guerrillero que luego se haya convertido en un demócrata votado por el soberano como presidente de la República. Pero también hay que diferenciar lo ordinario de lo extraordinario. Los políticos en términos generales trabajan para perpetuar su imagen. Y los artistas para perpetuar su obra. Son cosas distintas pero es cierto que en definitiva todos trabajamos de alguna manera con el ombligo. El tema es si vos tenés servido el ego o no".

El hombre que ha dibujado a los presidentes en sus peores –y algunos mejores momentos– no tiene reparos en decir que Mujica posicionó a Uruguay en el mundo, un país para él hasta entonces conocido por la tragedia de los Andes, el Peñarol de los 60 "y punto". "Lo que llama la atención de Mujica, lo que va mucho mas allá del rechazo y de la atracción, es que es un tipo muy raro", dice y concluye: "Fue el presidente uruguayo de mayor renombre internacional". 

Lo que dice, dicho por el hombre que con el humor y la ironía ha hecho pasar más de un papelón a más de un encumbrado, lo dice de forma contundente y hasta desapasionada. No habla un fanático de Mujica ni un admirador de sus artes seductoras o de estadista. Habla el analista político que encontró la figurita sellada y sabe que tiene un tesoro entre manos. Algo similar a lo que le pasó cuando tuvo que diseccionar a otro de los sujetos/objetos de sus dibujos: Jorge Batlle.

"Ni a Batlle ni a Mujica jamás les importó lo que yo dibujara sobre ellos. Nunca. Con ninguno de los dos aparecieron los influencers –ahora está de moda eso y me da mucha gracia– para llamar y decir que estaban molestos. Porque en otros casos hubo terceros, hubo zumbadores, pero en el de ellos dos jamás".

Pero hay algo más que acerca en la mirada de Arotxa a estos dos políticos: su carisma indiscutible. "En el caso de Mujica lo tengo más que claro: supo llegar a la raíz popular y calar hondo ahí. En Uruguay la inmensa mayoría de los presidentes vienen del derecho o de la ciencia, a excepción tal vez de Baldomir, que era arquitecto. Mujica viene de un vegetal, de las flores, yo que sé de dónde viene, pero no de la Academia". 

Encubridores y descubridores

Ambos políticos se ganaron el respeto de Arotxa por su "demoledor sentido del humor". "(El humor) en la vida es fundamental, sobre todo en Uruguay, que está enfermo de trascendencia y de dramatismo”, sentencia. “Este es un país excesivamente enfermo de solemnidad, entonces cómo no va a llamar la atención un tipo que parece promotor de Kolynos o de Colgate como Sartori. ¿No viste que ahora hay más políticos que se empiezan a reír? Hay gente a la que hasta le queda mal la sonrisa, que no le pega porque se le nota la insinceridad". 

Ha pasado toda su vida decodificando esas sensaciones que se traducen en miradas, gestos y posturas que, algunas veces, se vuelven una maldición o una bendición o simplemente una seña de identidad mucho más poderosa que la huella dactilar. "Lo más fantástico que tenemos los seres humanos es que incluso sin decir nada decimos tantas cosas" dice y el entusiasmo le sale por los poros más que por sus propios gestos.

Año tras año fue decodificando a los sucesivos Mujicas, Batlles, Sanguinettis, Lacalles, Vázquez y los que les siguieron, reales o anecdóticos, posados o naturales, tan constantes como construidos. Cuando le toca definir su propio trabajo dice que lo suyo es simplemente ver y dibujar. Lo simple pronto deja paso a lo complejo: "El político encubre. Y el caricaturista descubre. Esa es la gran diferencia". Su tarea, aclara, puede ser grata o ingrata pero al final siempre termina en lo mismo: "Lo que hago es abatir la solemnidad del poderoso". 

Sobre el libro

Dibujos al Pepe se presenta el martes 7 de mayo y desde ese día estará a la venta en el sitio web artoxatienda.com  y en varias librerías. Es la interpretación gráfica de Arotxa sobre José “Pepe” Mujica, a través de dibujos inéditos y publicados entre los años 1994 y 2017. 
Son 156 páginas con prólogo de Mujica. Los textos están en español e inglés. 
Puntos de venta: arotxatienda.com (desde el martes 7 de mayo). Envíos a todo Uruguay y al resto del mundo. 
Pocitos Libros (Av. Brasil 2561) y Tienda del Solís (Teatro Solís).
Irritabilidad

Sus expresiones directas y sin filtro –la traducción oral de sus expresiones artísticas– son parte de una personalidad que se define a sí misma como "obsesa" para todo lo que hace. "Igual que me obsesioné con los zapatos de María Julia, la banda presidencial o el secador de Vázquez y tantas otras cosas, ahora estoy obsesionado con un restaurante al que voy todos los días porque ¡qué bien se come!". Su mirada y hasta su voz cambian, se suavizan, cuando habla de pescados, pulpos y las delicias que prefiere, muchas con un pie en la tradición vasca de sus antepasados. Pero también cuando recuerda que, cada tanto, termina en una panadería de Peñarol, para comprar porteños que luego serán parte de la ensalada vasca de berro y pan, plato favorito de sus dos hijos.

Es cierto que las obsesiones pueden ser peligrosas y hasta paralizantes, pero es también verdad que son el origen de muchas bondades, incluyendo la de este dibujante para con sus hijos (más allá de la ensalada). La historia va así: cuando me cuenta que desde siempre ha quemado o pasado por una pequeña máquina trituradora cientos de "papeles" (sus dibujos), mi expresión de horror denota sacrilegio. Con algo de condescendencia pero mucho más de paciencia me explica que lo suyo no es solo perfeccionismo sino más que nada un acto de amor para con sus hijos. "¿A vos te parece que uno puede condenarlos a que tengan que separar miles de papeles cuando yo me muera?". Lo dice muy serio, sin visos de ironía ni media sonrisa en la cara. Y luego comenta que con su esposa contrataron un depósito al que regularmente envían algunos de esos papeles. Presumo yo que son aquellos que caen en la categoría honrosa de los que merecen salvarse del fuego pero no permanecer en el reino de Arotxa, la barbacoa-estudio repleta de pinturas y cajas en las que archiva –sin orden aparente para el neófito– su prolífica obra.

¿Alguna vez se arrepintió o al menos repensó alguna lectura sobre una figura pública con la que fue particularmente duro? ¿Alguna vez encontró otra faceta más benevolente de esa persona? "Nunca", dice.

Percibe, ya no en sus sujetos de estudio sino en muchos uruguayos y sobre todo en muchos políticos, una "irritabilidad a la crítica". "Autómaticamente te dicen: 'me estás faltando el respeto'. Es el perfil abyecto del político, en el que todo lo que le aprieta le falta el respeto".

 

"Es mentira que en Uruguay no pasa nada. No pasa nada tal vez para el tipo que está en la luna de Valencia. Si te parece que no pasa nada cuando cada día matan a un pibe de 20 años, mueren como moscas los conductores de motos en el tránsito, la gente vive furiosa en la calle… Si te parece que no pasa nada en un país donde al Pelado le separaron la cabeza del cuerpo y la metieron en un balde, donde el ejército busca en 800 kilómetros el cuerpo de una chiquilina". ¿Todo esto no pasaba antes?, pregunto. "Pasaba pero se exacerbaron. Ahora el papá o la mamá furiosos van a pegarle a la maestra porque le dijo algo al hijo. Eso antes no pasaba. Ahora se enfundan las calzas y salen a la guerra para ver dónde está la energúmena esa que le tiró de la oreja al gurí".

Arotxa habla con un dejo de melancolía de las redacciones en las que se hacía tertulia, se tomaba una y se escribía en una máquina. Cinco minutos después toma su celular con manos grandes y gestos delicados, para confesarse su más convencido fanático. "Con este cosito no estoy tan seguro de que hubiera existido Somoza, Pérez Giménez, Fidel…". 

La soledad le cae bien y desde chico es su vieja amiga, su trabajo fue casi siempre esencialmente de uno, a pesar de que se alimentó de mil miradas de amigos, colegas y hasta críticos. La salida de El País, de la que habla en términos duros, le dejó una "profilaxis" que le permitió una verdadera "desintoxicación". No es que se sienta con un peso menos. Es que nota que su libertad se acentuó aun más. "Toda la vida fui un tipo que se asoció al viento. A esta altura ya debo ser un ventarrón. Hago las cosas que tengo ganas de hacer y no estoy tan pendiente de todo lo que está pasando".

Así abordó su llegada a Instagram, una red social que le divierte, no tanto por el espacio que encuentra para mostrar sus puntos de vista sino sobre todo porque la gente le comenta directamente, en público y en privado. "Eso estimula. Instagram bien entendido es terapéutico. No lo uso para mostrar ni mi culito ni el corte que me hice de la barba. Muestro lo que siempre me representa: los dibujos".

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Arotxa es un hombre de espaldas anchas y no solo por su complexión física. No hay casualidad en su admiración por Churchill o en su reconocimiento hacia Batlle y Mujica como "entendidos del humor”, cada uno con su peculiar estilo de liderazgo y su carisma a flor de piel para encantar serpientes y al mismo tiempo encarar realidades constantes y sonantes de las que suelen incomodar.

Cuando entra a su estudio y su figura se recorta contra el cuadro del político inglés por antonomasia, reconozco al autor y su obra en esos trazos juveniles, tan precisos como los que aún siguen emanando de sus lápices.

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Arotxa dixit
"Estamos parados siempre en el mismo lugar. Lo que cambia es el celular, los zapatos, el auto. El resto son cosas chiquitas y siempre discutimos lo mismo".
“En campaña son fantásticos, porque es como entrar a un Cirque du Soleil sin glamur. Uno ve un espectáculo que realmente es fantástico porque están tratando de mostrar muchas cosas que no sienten. Y se puede tornar patético”. 
“Después viene la parte en que se ponen de patriotas, y puede ser más terrible. Al final termina teniendo razón Samuel Johnson cuando decía que el patriotismo es el último refugio de los canallas”.
“Esta es una sociedad excesivamente chiquita con una autoestima excesivamente elevada. Además, sabemos de todo y volvemos a discutir todo lo que ya se discutió en el mundo. ¿Por qué? Porque somos democráticos y todo se discute”.
“Yo tengo el salvoconducto y el privilegio de algo muy importante: los caricaturistas tenemos el privilegio de abatir la soledad de los poderosos. Con el tiempo tal vez haya temas que decidas no tratar, pero nunca vas a tapar el sol con la mano con respecto a lo que sí debés abordar”. 
 
Brevísima hoja de vida del artista
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

#Arotxa Caricaturistas MULATIER, AROTXA, MORCHOISNE Y RICORD - PARIS 1979

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Rodolfo Arotxarena, “Arotxa”, nació el 7 de setiembre de 1958 en Montevideo. En 1975 publicó su primera caricatura en el diario El País, donde trabajó 42 años hasta el 7 de noviembre de 2018. En 1982 trabajó para el semanario Búsqueda. En 1983 fue invitado por Partners of the Americas a visitar las ciudades de Montevideo, Minneapolis y Saint Paul en el estado de Minnesota (EEUU), donde publicó sus trabajos en los diarios Star Tribune y St Paul Dispatch. Colaboró con el pool de dibujantes Cartoonist and Writers Sindicate of New York (EEUU). Realizó exposiciones en Uruguay, Brasil, Estados Unidos, Australia y Europa. Es autor de In Memoriam (1985), Sin palabras (1987), Lo que el viento se llevó… y lo que trajo (1992), Candombe de San Felipe y Santiago (1994) y es coautor de 90 (2008), volumen sobre el 90º aniversario del diario El País. 

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