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Atacar para perder; la seducción del 2-0

Aparenta ser la ventaja perfecta, pero es tan solo una peligrosa ilusión

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04 de julio de 2018 a las 05:00

Es casi medianoche del lunes y todavía me da vueltas en la cabeza la eliminación de Japón a manos de Bélgica. Veo la reiteración del partido y trato de encontrar una explicación.

Faltan 38 minutos para terminar el juego y Japón tiene dos goles de ventaja en octavos de final. Parece soñado, perfecto, pero en el fondo no es más que una peligrosa ilusión. El zapatazo de Takashi Inui aleja al equipo del pasaje a cuartos y lo pone rumbo a Tokio.

Es lo peor que le podía pasar a Japón. La ventaja mínima le iba mucho mejor. Aún con mil dificultades sus jugadores eran capaces de defenderla porque sabían que no había margen para equivocarse.

Ese maldito segundo gol tiró todo abajo y abrió la puerta al afloje involuntario, que no cabe cuando la ventaja es de 1-0 y hay once voluntades concentradas en conservarla.

Así vino el 2-1 y con él esa sensación de frío que corre por la espalda cuando se está más cerca de perderlo todo. Ya no hay tiempo para la reacción y eso es un problema sin solución. El segundo gol ha vuelto frágiles a los asiáticos. Tan solo con un centro al corazón del área los fortachones europeos están 2-2.

Van casi 94 minutos. Con inocencia y no por rebeldía los japoneses siguen corriendo en busca del 3-2. Se olvidan que tienen la chance de jugar 30 minutos de alargue e incluso definir por penales. No se entiende. Menos se entiende cuando Bélgica les hace el tercer gol con un contragolpe fugaz y en el último minuto de los descuentos. A esa altura sólo queda tiempo para que el senegalés Diedhiou Malang pite el final.

Perder de la forma en que lo hicieron los japoneses es inadmisible. Aún cuando iban ganando siguieron atacando como máquinas buscando no sé qué. ¿Para qué ganar 2-0 si con 1-0 alcanzaba para clasificar y entrar en la historia?

Habitualmente hay quienes se animan a decir que el 2-0 es el peor resultado en el fútbol. No tengo una posición definitiva al respecto, pero sí pistas que llevan en esa dirección. En ocasiones la ventaja de dos goles se convierte fácilmente en algo cruel y traicionero.

En el fútbol y no solo en el Mundial, la mayor parte del tiempo no sirve de nada ganar por más de un gol. Sin embargo, en una suerte de exceso ofensivo hay quienes se empeñan en ampliar la ventaja. Son los mismos que luego se vuelven a casa silbando bajito con derrota 3 a 2. En el fondo no hacen más que atacar para perder.



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