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16 de marzo 2023 - 16:00hs

Por Gideon Rachman

Cuando un presidente estadounidense y un primer ministro británico se encuentran uno junto a otro en un buque de guerra, es difícil evitar los ecos históricos. En agosto de 1941, Franklin Roosevelt y Winston Churchill se reunieron frente a las costas de Terranova para firmar la Carta del Atlántico, en la que se establecía una visión conjunta para un mundo de posguerra.

El Pacífico es el escenario de la cumbre del lunes entre Joe Biden, Rishi Sunak y Anthony Albanese. Los líderes de EEUU, Reino Unido y Australia tenían previsto reunirse a bordo del USS Missouri para concretar el acuerdo AUKUS, un acuerdo sobre armamento y tecnología enfocado en el suministro de submarinos de propulsión nuclear a Australia.

AUKUS no es una gran declaración filosófica como la Carta del Atlántico. Pero la intención geopolítica subyacente es clara. Las naciones de la "Anglosfera" están renovando su alianza, esta vez para contrarrestar los esfuerzos de China por lograr el dominio naval en el Pacífico.

Aunque AUKUS tiene sus raíces en la historia del siglo XX, no es obviamente una asociación hecha para el siglo XXI. Gran Bretaña ya no es una potencia imperial con colonias y bases en el Pacífico. Los lazos económicos de Australia son ahora principalmente con Asia; China es su mayor socio comercial.

En cuanto a los estadounidenses, Australia y Gran Bretaña parecen, en cierto modo, opciones extrañas para lo que The Washington Post denomina potencialmente "la asociación trilateral de tecnología de defensa más trascendental de la historia moderna". EEUU tiene bases militares en Japón y Corea del Sur que están mucho más cerca de la China continental.

El acuerdo AUKUS ya ha provocado muchas polémicas. Entre ellas, el rechazo de Australia a un acuerdo previo sobre submarinos con Francia, una decisión que enfureció tanto a los franceses que retiraron brevemente a sus embajadores de Washington y Canberra.

En Australia, algunos se preguntan si su gobierno ha comprendido realmente el gasto, el tiempo y las exigencias tecnológicas que supone involucrarse tanto con la tecnología nuclear. En el Reino Unido, los escépticos de la clase dirigente militar creen que la "inclinación indopacífica" le exigirá demasiado al ejército británico y desviará recursos de la amenaza rusa. En EEUU, algunos sectores del gobierno se oponen férreamente a compartir algunos de los secretos tecnológicos más celosamente guardados.

Algunos estrategas sostienen que el acuerdo está contribuyendo a un peligroso aumento de las tensiones militares con China. Sam Roggeveen, del Lowy Institute de Australia, un grupo de expertos, se pregunta por qué Australia "ha comprado un arma diseñada expresamente para acorralar a la armada china a lo largo de su costa y atacar objetivos dentro del territorio chino". Los australianos deberían preguntarse: ¿realmente somos así?".

A pesar de estas preocupaciones, el pacto AUKUS cuenta con apoyo bipartidista en los tres países. El partido laborista que gobierna Australia, al igual que los liberales que negociaron el pacto, considera que AUKUS es una respuesta necesaria a la escalada militar que China lleva a cabo desde hace décadas y que ha dotado a Beijing de la mayor armada del mundo. Al igual que los estadounidenses, los australianos están preocupados por el comportamiento agresivo de China, que incluye la construcción de bases militares en el Mar de China Meridional, enfrentamientos mortales con el ejército indio y, sobre todo, una beligerancia cada vez mayor hacia Taiwán.

Para los diseñadores de AUKUS, el objetivo del pacto no es librar una guerra, sino prevenirla. Se justifica como un acto clásico de disuasión, destinado a disuadir a China de desplegar su poderío militar contra Taiwán o en el Mar de China Meridional. Creen que el hecho de que Occidente no respondiera antes con contundencia animó a China a seguir presionando. Como dice un alto funcionario australiano: "La debilidad es provocativa".

Arthur Sinodinos, embajador de Australia en Washington, ha calificado a AUKUS de "moonshot" (proyecto innovador y ambicioso a menudo sin beneficios a corto plazo). Al igual que el viaje humano original a la Luna, requiere un acto de fe en que — con suficiente determinación y voluntad nacional — los problemas tecnológicos y económicos pueden superarse.

Conforme aumentan las tensiones con China y Rusia, los tres países de AUKUS ven la conveniencia de estrechar lo que ya es una relación muy cercana en materia de seguridad e inteligencia. Los estadounidenses consideran a China el mayor desafío geopolítico y de seguridad que enfrentan, y entienden que necesitan aliados para contrarrestar el poder chino. En Washington, AUKUS es visto como una demostración de la determinación estadounidense de no retroceder en el Indo-Pacífico. Un alto funcionario incluso defiende la forma en que se trató a Francia como una demostración útil de la "implacabilidad" de EEUU.

Los australianos saben que, a lo largo de la historia de su nación, una potencia amiga — primero Gran Bretaña y luego EEUU — ha garantizado la apertura de los océanos al norte. La idea de que un día estos océanos puedan estar dominados por una China autoritaria inquieta profundamente a Canberra, sobre todo teniendo en cuenta el reciente y agudo deterioro de las relaciones sino-australianas. Vincular a EEUU a una relación de seguridad más estrecha se considera una garantía importante para el futuro.

En cuanto a los británicos, sostienen que la seguridad de Europa es "indivisible" de la seguridad del Indo-Pacífico, sobre todo dada la relación cada vez más estrecha entre Rusia y China. Para un gobierno conservador que aún está tratando de encontrar el sentido del Brexit, AUKUS es también un símbolo útil de que la "Gran Bretaña Global" puede ser algo más que un eslogan insustancial.

Es probable que el ambiente a bordo del USS Missouri sea de celebración. Pero la realidad subyacente es sombría. EEUU, Reino Unido y Australia, tras haber luchado en el mismo bando en dos guerras mundiales, están volviendo a prepararse para otro posible conflicto mundial.

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