Economía y Empresas > ENTREVISTA SEISGRADOS

Azucena Arbeleche, la mujer que maneja la deuda uruguaya

La inestabilidad financiera global y la vulnerabilidad de un país chico trae la pregunta: ¿quién timonea la deuda pública uruguaya, uno de los pilares de la estabilidad económica? Lo explica la la directora de la Unidad de de Gestión de Deuda del MEF

Tiempo de lectura: -'

23 de diciembre de 2011 a las 12:59

“Los temas como la deuda pública se aprenden trabajando”, le contestó Isaac Alfie cuando Azucena le dijo que ni en su licenciatura en economía de UDELAR ni en su Magister en macroeconomía aplicada en la Universidad Católica de Chile había estudiado temas de deuda en profundidad. Finalizaba el año 2000. Azucena tenía 30 años y recién había vuelto de Santiago de Chile con su esposo y sus dos hijos nacidos allá.

Alfie, que había sido su docente en la facultad, era el director de asesoría macroeconómica del gobierno de Batlle. Ambos participaron en unas jornadas del Banco Central y unos días después del encuentro surgió la invitación laboral del economista. Azucena confió en sus palabras y comenzó su tarea como asesora macroeconómica a principios de 2001. “En 2002 ya estábamos en el medio de un incendio”, recuerda Azucena, “y lo que me había dicho Lito [Alfie] de que se aprende trabajando era verdad, pero el proceso de aprendizaje fue mucho más rápido de lo que nos imaginábamos”. ¿Qué estaba haciendo usted en 2002 cuando estalló la crisis económico-financiera? Creo que todos los uruguayos podemos responder a esa pregunta. Azucena estaba acompañando a Alfie a diseñar, en coordinación con Carlos Steneri en Washington, el Banco Central y los bancos participantes en la transacción, el canje de la deuda. Azucena estaba ayudando a buscar la salida, intentaba apagar el incendio.

“Y Azucena es una economista joven que está colaborando con nosotros en el ministerio de Economía y Finanzas y que también –sin duda– aportará toda su capacidad al servicio de los objetivos que pretendemos con esta decisión”, dijo el entonces ministro Danilo Astori en la presentación de la flamante Oficina de Gestión de Deuda, dirigida por el economista Carlos Steneri desde Washington y con la subdirección de Azucena en Montevideo. Finalizaba el año 2005. Azucena había sido madre por tercera vez en 2004, y la complicada cardiopatía congénita de su hija la había alejado del servicio público y le había impedido (obviamente por decisión personal) asumir el cargo de directora de asesoría macroeconómica al que Alfie la había designado cuando asumió como ministro, en el último tramo del gobierno de Batlle.

“La gestión de la deuda la hacemos entre todo el equipo. Ser jefa es ser la responsable de la recomendación que se toma. No es ni más ni menos que eso. A veces los límites de las tareas en el sector público pueden estar difusos, pero hay un tema de responsabilidad, que en este caso es mía. Por suerte, las personas que trabajan conmigo tienen la misma vocación por lo público que tengo yo”

¿Qué estaba haciendo usted en diciembre de 2005? Creo que es más difícil que todos los uruguayos podamos responder a esta pregunta. Azucena estaba armando la unidad y a la vez comenzando a trabajar en la gestión de deuda. “Cuando Jorge Polgar me llamó para integrar la oficina y me llevó a hablar con Astori, mi preocupación era, ¿tengo que armar la oficina o tengo que gestionar la deuda? Son dos cosas totalmente distintas y, obviamente, había que hacer las dos a la vez”, recuerda Azucena de ese primer período. En la instancia en que Astori presentó la Oficina de Gestión de Deuda en sociedad, “los que la conformábamos éramos los dos de los que él habló, Carlos y yo [risas]. Me acuerdo de ese día porque habíamos estados reunidos con Carlos toda la tarde, empezando con los primeros trabajos de la oficina y de repente nos dimos cuenta de que se nos hacía tarde para la presentación. Pensamos que iba a ser algo de rutina, un protocolo interno. Y llegamos y estaba la prensa y las cámaras y me desconcertó. De lo que dijo Astori, recuerdo solo la palabra ‘joven’, que me encantó. El resto no lo recuerdo, era demasiado elogioso para mí que estaba empezando, me dio un poco de vergüenza”.

Al tratarse de un cargo técnico y no político, la economista dice sentirse agradecida por la confianza depositada en ella por Alfie, Astori, Álvaro García y ahora por Fernando Lorenzo.

x Simpleza

Azucena asumió como directora de la oficina –en la que actualmente trabajan cinco economistas, una abogada y una asistente– cuando Sténeri se jubiló a fines de 2010. “El equipo lo armé yo. Seguimos siendo pocos, sin duda tenemos que crecer”, dice la economista sobre quienes comparten una pequeño espacio dividido en tres habitaciones en la sede del ministerio de la calle Colonia.

La austeridad cuasi monacal de las oficinas, la omnipresencia de un aparato de teléfono diseñado para conference calls con aspecto de consola de juegos en una de las diminutas habitaciones y de dos monitores con los datos numéricos del mercado global en display permanente en otra, no permiten aventurar qué se hace en ese lugar. La deuda pública uruguaya es de aproximadamente 26 mil millones de dólares. De ella, unos 18 mil millones de dólares pertenecen al gobierno central. Esta abultada porción es la que administra la Oficina de Gestión de Deuda. Azucena no pierde su calma, su sobriedad y su firmeza habitual ni ante la cifra ni ante la descripción de su gran responsabilidad: “La oficina tiene que financiar al gobierno central. Si tú tenés ingresos que son menores a tus egresos, ¿qué tenés que hacer? Tenés que salir y endeudarte. Vas a un banco, le pedís a un amigo… esto es exactamente lo mismo, es bien sencillo. En la medida en que haya un déficit fiscal, hay un gap financiero y hay que conseguir financiamiento. Nosotros nos encargamos de asesorar al ministro en cuál es la mejor estrategia de endeudamiento y luego implementamos operaciones para cumplir esa estrategia”.

El mecanismo implica la emisión de bonos del Estado uruguayo y su colocación, ya sea en el mercado externo o en el doméstico; o la negociación de préstamos con los organismos multilaterales de crédito, como el Banco Mundial, el BID o el FMI. “La base de la política de endeudamiento actual de Uruguay es simple: tener 12 meses cubiertos por delante de capital e intereses”. Hilando más fino, lo más importante es disminuir el riesgo de refinanciamiento y en segundo lugar disminuir el riesgo cambiario. Para lograr este último objetivo, “tengo que endeudarme en moneda local. Por ejemplo, fuimos pioneros en octubre de 2003 cuando ofrecimos el primer bono de un soberano en el mercado global en moneda local indexado a la inflación, o sea en unidades indexadas”, señala la economista.

“La matemática está en todo. A mí me encanta transmitírselo a mis hijos desde que son chicos en ejemplos cotidianos. El concepto de tasa de interés: ‘Si tú me prestás un caramelo, mañana mamá te va a dar un caramelo más algo más”, porque hay un concepto de valor-tiempo del dinero. Se me puede ir la mano a veces en los ejemplos, pero todo se puede explicar en simple. Si hay algo que no, es porque no lo entendemos bien. Si el médico, despojándolo de términos técnicos, no me sabe decir lo que tengo, hay algo que está mal”

Junto al recién mencionado, en el repertorio de estrategias, decisiones y acciones de la economista y su equipo abundan los ejemplos de pensamientos poco ortodoxos e innovadores. Azucena duda cuando le digo esto y, como frente a cada aseveración o pregunta de su interlocutor, se toma su tiempo para procesar su respuesta. “Perfecto, es verdad”, dice, y agrega que “nosotros no hacemos operaciones sofisticadas, pero cada operación está muy pensada. Cada vez que nos sentamos con un banco a diseñar una operación, la simpleza es crucial. Porque si queremos meter 15 objetivos y el inversor no entiende nada, no nos va a salir ninguno de ellos. Lo que hacemos es de total sentido común: compramos en dólares, nos fondeamos en UI, porque de a poco hay que ir aumentando el porcentaje de deuda en moneda local. Intentamos ser creativos para, a través de operaciones simples, lograr nuestros objetivos. Con operaciones simples podemos lograr muchísimo”.

Vocación a la n

La macroeconomía, las finanzas y en particular las públicas, se perciben para una persona no familiarizada con el paisaje como “tierras áridas”, por lo que pregunto a Azucena qué la llevó a querer “colonizarlas”. La economista se sonríe y dispara: “Discrepo totalmente con que es árido. Me parece lo más entretenido y divertido que hay. La economía con mayúscula, como ciencia social, te sirve para interpretar un mundo que es muy complejo. Se basa en supuestos que son simplificadores, que pueden estar incompletos o incorrectos, pero lo importante es que tiene que poder predecir”.

Y, entonces, ¿qué pasó en la crisis de 2008? “Es cierto que la macroeconomía y la economía financiera demostraron que estaban muy lejos de poder predecir lo que venía. Creo que estos golpazos que ha recibido le dan una buena oportunidad a la teoría económica de revisar qué es lo que le tenemos que pedir a un modelo. No lo digo yo, el otro día leí que el premio Nóbel Myron Scholes decía lo mismo. Hay que ser muy cuidadoso en distinguir el modelo económico de quienes lo usan o abusan de él. No me parece bien echarle la culpa ni a la economía ni a los economistas por la crisis de 2008 o por lo que estamos viviendo ahora. La realidad es mucho más compleja, y entran actores políticos y sociales”. Queda más que clara su vocación por la economía.

Pero, ¿por qué en la esfera pública? “Desde chica tuve una fuerte vocación por el servicio público. Me siento una privilegiada por la educación que pude tener, la sociedad a mí me dio mucho y siento una obligación personal, íntima, de servirla de alguna manera. Cada uno, si tiene este sentimiento, sabe cómo puede aportar su granito de arena. Yo siento que mi granito de arena está en el trabajo en el sector público. En otros momentos estuvo en ir a un barrio carenciado a ayudar a hacer los deberes o en acercarme a una parroquia y dar catequesis. Creo que hoy el gran motor que me mueve es el poder trabajar desde lo público y en algo que a mí realmente me encanta. Disfruto mucho de mi trabajo. Eso es importantísimo”.

÷ Tiempo

Aunque la oficina esté trabajando para hacer crecer este porcentaje a través de inversores extranjeros que compren acá, solo el 24% de los títulos uruguayos se licitan en el mercado doméstico diariamente, y son adquiridos mayoritariamente por bancos domésticos, fondos de pensión y compañías de seguros. La ruta “obligada” para vender el 76% restante que se emite bajo jurisdicción internacional pasa por Londres, Boston, Nueva York y Washington, donde están, simplificando, la mayoría de los dueños de la deuda pública uruguaya que se reparten entre bonos globales y desembolsos de organismos multilaterales de créditos. Esto implica que la directora de la Oficina de Gestión de Deuda y además madre de familia viaje constantemente y que el tiempo se transforme en un recurso fundamental. “Uno tiene que aprender a ser práctico y a usar la imaginación para ser productivo. Trabajo de noche en mi casa, cuando toda la familia duerme. Viajo de noche para no perder un día más, aunque esto implica llegar en la mañana en la que tengo la reunión. Me acostumbré a hacer conference calls en los aeropuertos, con los altoparlantes sonando con los llamados a los vuelos. Nunca despacho equipaje. El necesaire con maquillaje y productos de limpieza está siempre listo en mi valija de mano, que armo 20 minutos antes de ir al aeropuerto. Mi valijita de la notebook tiene guardados en forma permanente el cargador del celular, los adaptadores para las corrientes de los distintos países y el antifaz para dormir en el viaje de avión”.

Desde que volvió a trabajar luego de que la vida familiar se normalizó gracias a que la cardiopatía congénita de su hija y otras complicaciones derivadas de la misma cedieron en gravedad, Azucena lo hizo con la condición de tener horarios flexibles para poder cumplir con su maternidad y satisfacer sus deseos de tiempo familiar. “Este año, con todo el dolor del mundo, tuve que dejar, espero que temporalmente, un curso de Coyuntura Macroeconómica que daba en la Universidad de Montevideo. Porque el tiempo es finito. Y hay algo claro: si el trabajo me demanda muchas horas y quiero acompañar a mis hijos y estar en la familia, no hay mucho más espacio para otras cosas”.

– Riesgo

Uno de los primeros lugares donde se ve el impacto de la crisis mundial es el dirigido por la economista. “Me gusta ver el precio de nuestros bonos como indicador. Hacia fines de setiembre, hubo un aumento del costo de fondeo para Uruguay, en dólares y unidades indexadas, que en parte hoy ha retrodecido”. ¿Cómo prepararse para el posible “temblor”? “Hay que ser precautorio. Empezamos por hacer a principio de año una operación con el Banco Central para aumentar el colchón financiero, y así pudimos emitir bonos del MEF en el mercado doméstico. Emitimos también un bono en el mercado japonés, equivalente a 500 millones de dólares. Aparte del prefondeo, Uruguay es pequeño, y no puede salir a buscar la plata cuando la necesite si los mercados se cierran. Entonces negociamos con los organismos multilaterales de crédito, no dinero, sino líneas de crédito contingente. Tras varias negociaciones, hoy disponemos de 1.400 millones de dólares en una red de líneas de créditos contingentes, por si los necesitamos”.

Le pregunto si esa forma de ser profesional, que asume desde el decir “soy precautoria y conservadora” también aparece en su vida personal. “Es muy difícil contestar, porque si digo que soy austera en mi forma de gastar varios van a ‘saltar’ y a decir que no lo soy [risas]. En mi casa administra mi marido y yo siempre le digo que no gasto, invierto. Digamos que, más allá de que yo puedo salir y comprar muchas cosas (a precios convenientes) creo que a grandes rasgos la respuesta es sí, somos conservadores y racionales. Creo que es difícil que nosotros vayamos a vivir por encima de nuestras posibilidades proyectadas a mediano plazo, vivir en rojo en casa es impensable.

+ Fe

Azucena es católica. Y, más allá de la compatibilidad sabida, me intriga cómo se integran en su caso la fe y lo racional. “Nunca me había puesto a pensar en eso. [Pausa]. Creo que son caminos paralelos. Y la ciencia tiene un límite que, cuando llego a él, el colchón de seguridad me lo da la confianza en mis creencias, en mi religión. Soy súper racional, pero al final del día lo que prevalece es la fe que me da mi religión”.

En cuanto a la fe en genérico, la economista dice que “es muy difícil definirla. El tema de la religión es muy personal, es una creencia y un sentimiento que tiene cada uno. Creo que una vez que lo tenés, si tenés ese privilegio, es difícil no contar con eso”. Pero la fe no termina ahí: “Me parece que la fe en un sentido más amplio, ya sea confianza en sí mismo o en poder hacer determinadas cosas más allá de las limitaciones del entorno, es básica. Eso sí lo veo presente en mí, tengo una personalidad de convicciones fuertes. Quizá ahí sí, es una mezcla de fe, porque a través de la razón uno tiene que convencer a los de alrededor de por qué ese es el camino. Pero hay algo interior que no sé cómo llamarlo que nos tiene que mover y que nos hace difícil detenernos, es una energía”.

Es esa energía, esa pasión la que hizo que sus hijos, cuando una vez les preguntó si les gustaría que ella dejara de trabajar le contestaran con un enfático “¡No!”. “Mis hijos entienden que mi desarrollo personal también pasa por lo profesional. Además, creo que si ellos ven que las actitudes y los valores que yo tengo hacia mi trabajo son los mismos que uno habla en la familia que hay que tener (esfuerzo, perseverancia, responsabilidad) aprenden desde el ejemplo”.

Azucena no sabe cómo se renueva su cargo, cree que de forma automática anual. Obviamente, al ser un cargo de confianza, depende del ministro de Economía. Pero igual es significativo que esas cuestiones no le preocupen en lo más mínimo. “Si me preocupara, no estaría acá [risas]. Solamente se entiende cuando uno tiene una fuerte vocación por servir desde lo público. Y, en mi caso, además, tengo un apoyo incondicional en mi marido, que trabaja en el sector privado”. Y cuando el cargo se termine alguna vez, ¿en qué se ve la actual directora de la Oficina de Gestión de Deuda? “Es muy difícil la pregunta porque, más allá de que yo esté acá o no, me gusta proyectar la oficina para adelante. Acá hay una unidad que gestiona la deuda y esa unidad tiene que continuar. Creo que sería un gran fracaso que la oficina dejara de existir porque las personas que hoy la conformamos no estuviéramos. Ahí sí que me lo tomaría muy mal. Es importante que la unidad de gestión de deuda tenga su institucionalidad y ese es el verdadero desafío para mí”.

REPORTAR ERROR

Comentarios

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Cargando...