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Bar Tasende: 90 años de un ícono de Montevideo y su emblemática pizza al tacho

El hogar de la pizza al tacho y uno de los bares más famosos de Montevideo cumplió 90 años, mientras intentan mantenerse a flote en medio de la pandemia 

Matías Souza es el pizzero que trabaja los mediodías en el Bar Tasende

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04 de mayo de 2021 a las 19:55

La esquina de Ciudadela y San José es un clásico de la noche montevideana. Cualquiera que haya atravesado las puertas del Bar Tasende recuerda el aroma del salón, el sonido de las voces superpuestas y a Fabiana Da Silva, la moza que atendía a unas cien personas en noches agitadas, llevando y trayendo platos a las mesas, ordenando comandas y destapando botellas de cerveza, mientras esperaba que alguien abandonara una mesa para poder sentarse a comer.

La noche de Montevideo cambió en el último año. Los teatros y las salas de cine que eran la antesala del bar están cerrados y el circuito de las artes que frecuentaba el Tasende ya no llega con la misma frecuencia. No es la primera crisis que afronta el bar, que este mes cumplió 90 años en actividad.

El Bar Tasende, el clásico de Ciudadela y San José, cumplió 90 años el 1 de mayo

El 1 de mayo de 1931 Jesús Tasende, uruguayo de familia española, abrió las puertas del local. En la frontera entre Barrio Sur, Ciudad Vieja y el Centro, detrás de la antigua Casa de Gobierno y la actual Torre Ejecutiva, se ubicó el emprendimiento que funcionaba las 24 horas en una época donde los bares se llenaban en cada esquina y la movida cultural tomaba las calles del barrio. Había otros Tasende, propiedad de algunos de sus parientes, pero según cuenta la tradición familiar, un día se peleó con uno de sus primos y colgó un cartel en la entrada: "no tiene sucursales". Tiempo después abriría un segundo local en 18 de Julio y Ejido. 

En sus comienzos la casa de comidas ofrecía un menú amplio y no fue hasta la década de los 70’ que el pizzero Angelo Nari inventó lo que sería la marca registrada del bar que hoy en día es un clásico de Montevideo: la pizza al tacho.

La pizza al tacho es el emblema del bar

La pizza al tacho tiene una receta casi tan secreta como la fórmula de la Coca Cola. Una masa tierna hecha en un recipiente de metal, sin salsa, coronada por una combinación de quesos que entra al horno original de 1931 y sale con una cobertura crocante. Única. El invento no fue muy bienvenido al principio por los vecinos, pero poco a poco fue ocupando un lugar hasta que fue nombrada por sus propios comensales, que pedían una muzzarella y cuando llegaba el plato a la mesa explicaban que querían “la del tacho”.

Martín Tasende representa la tercera generación detrás del mostrador. Creció entre las mesas del bar y recuerda cuando su padre, José Luis, lo levantaba los domingos después de los cumpleaños de 15 para cortar pizzas.

“Todos, hasta Martín y José Luis, empezamos de abajo. Lavando vasos, limpiando, después me mandaron a ser mozo, también hice la pizzería y cuando se jubiló José Luis me preguntó si podía quedarme porque era de confianza de la familia y me quedé”, explica Juan Cruz Masilli, el encargado de los mediodías, a El Observador. “Todos sabemos todo, todos empezamos desde abajo”, acota y dice entre risas que hace poco estaba mirando la televisión y en un programa decían que daban la receta de su pizza. “Nada que ver”, comenta.

El bar mantiene rasgos de estilo característicos desde su fundación

Matías Souza trabaja hace 8 años en el bar. El pizzero de la noche, Leonardo Larrosa, que trabaja en el Tasende desde 1991, le dijo que podría haber una vacante y Souza se hizo un tiempo entre el estudio y las prácticas de fútbol para probar suerte como pizzero. “Por un buen tiempo no sabía ni qué era la pizza al tacho, hasta que me explicaron. Después de que tomás noción y sabés lo que es cambia bastante, porque sos el que hace lo que viene a comer la gente especialmente”, comenta. Souza se encarga del horno en los mediodías y deja la masa pronta para la noche. “Lo particular es hay que tener confianza con la gente que venga a trabajar, si hoy o mañana se van el secreto tiene que seguir intacto”, acota.

Remanso de la bohemia montevideana

Fernando Cabrera, Rubén Rada, Jaime Roos, el “Canario” Luna, Jorge Drexler, Trotsky Vengarán, Buitres y hasta Rod Stewart. En 90 años las mesas del Tasende han recibido a personalidades de las artes, el cine, el teatro y la música, pero también de la política. Ubicado a algunos pasos de la sede del Poder Ejecutivo, recibió a todos los presidentes desde el regreso de la democracia, menos a Tabaré Vázquez. 

“Yo hablo con los mozos del Tasende. Sé que si cerramos los bares los mato”, le dijo, según pudo saber El Observador, el presidente Lacalle Pou a los intendentes frenteamplistas en una reunión en Torre Ejecutiva mientras discutían medidas para reducir la movilidad frente al avance de la pandemia. En el Tasende recuerdan que el mandatario los visitó en algunas oportunidades, aunque señalan que es la primera dama Lorena Ponce de León la que los visita con más frecuencia o pide porciones de tacho para llevar. “Las veces que vino le preguntó a Juan Cruz como estaba la cosa y le dijo que estaba complicado, que el año pasado estuvimos cerrados y de a poquito había levantado pero después cayó de vuelta. Que si volvemos a cerrar nos liquidaba, no abrimos más”, dijo Tasende. 

La primera dama, Lorena Ponce de León, en el Bar Tasende junto a Fabiana y Leonardo

En 90 años de historia el bar cerró por primera vez en 2020, durante cuatro meses, como una forma de paliar la situación económica que les generó la pandemia. De aquellas noches con mesas repletas se encontraron, de un momento a otro, con un panorama solitario. Cuando volvieron a abrir solo dos personas atendían las mesas en la noche, Larrosa y Tasende. En la medida de lo posible fueron retomando el resto de los puestos, cuatro personas en la noche y dos durante el día.

“Ahora en un sábado vendemos unas 60 pizzetas, antes vendíamos el doble”, ilustra Tasende, y explica que a la salida del Teatro Solís, el Sodre o Cinemateca, la gente que pedía tachos enteros y en minutos vendían unas 20 pizzetas. “A veces no te daba tiempo a volver a amasar y hacer moldes”, recuerda. Ahora no hay un día igual al siguiente. Luego cada función de la temporada de ballet el bar se llenaba. "Bailaba Riccetto cada dos funciones y siempre venía para acá, la gente la saludaba, se sacaba fotos. El ambiente estaba buenísimo". 

Son las dos de la tarde. A pesar de ser un martes de mayo el sol entra por los vitrales y calienta las mesas de mármol y madera del Bar Tasende. Adriana y Ernesto celebran 32 años años de casados. ”Con esto que se puede hacer poco en la pandemia sabemos que es un lugar seguro que cumple los protocolos”, comenta ella y aseguran que la pizza al tacho es única y que ya son amigos de la casa.

“En épocas lindas es divino trabajar acá”, asegura Tasende y agrega que “además de que es muy sacrificado tiene su encanto”. “Vienen los abuelos con sus hijos y sus nietos, pasa el tiempo y ves a los nietos que ya están grandes y vienen solos con sus amigos”, señala el dueño del bar y en la mesa esquinera con ventana hacia San José un grupo de jóvenes son, sin saberlo, el ejemplo de su relato. “La posta, es la segunda vez que vengo”, comenta uno de ellos al ser consultado por El Observador y otros dos muchachos asienten. El cuarto, Joaquín, es el evangelizador: “Yo he venido pila de veces con mis padres y siempre como lo mismo”, explica señalando la porción de pizza al tacho en el plato. “No tiene salsa y mucho queso. Es rica, por eso volvimos”, señala Juan Pablo.

“No hay que bajar los brazos. Tenés que tener abierto el local, venga o no venga gente, y esperar que pase la pandemia”, dice Tasende, mientras espera pronto volver a ver las mesas llenas y a los comensales aplaudiendo de pie a los artistas que lleguen al bar, donde atienden de la misma forma al presidente de la República y al vecino del barrio.

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