4 de enero de 2012 19:13 hs

Luego de cosechar tres premios Florencio en diciembre pasado (Mejor Espectáculo, Mejor Director y Mejor Escenografía) vuelve a la cartelera teatral montevideana Blackbird de David Harrower bajo la dirección de Margarita Musto. Esta vez, la pieza protagonizada por Jimena Pérez (Una) y Levón (Rey) se traslada al Teatro Victoria los jueves, viernes y sábados a las 21.30 horas, y los domingos a las 20.

La obra, que supuso el debut en dirección de Musto, tiene el mérito de traer a escena un tema tabú en la sociedad occidental contemporánea: el abuso de menores y el vínculo emocional que perdura entre víctimas y victimarios.

Al escribirla, Harrower se inspiró en la historia de un ex marine estadounidense que conoció a una chica de 12 años por Internet, de la que terminó enamorándose. La niña, al compartir el sentimiento, decidió fugarse de su casa para ir a recorrer junto con él Europa. En consecuencia, se desata un escándalo con consecuencias penales.

Más noticias

Pero lo interesante, más que esta anécdota inspiradora es la decisión del autor a la hora de trasladarla al escenario, ya que en lugar de caer en el debate moralizador sobre una relación que no debería haber pasado, propuso un diálogo entre estos dos personajes 20 años después del abuso, en donde cada uno cuenta su propia versión de los hechos y en donde queda al desnudo la complejidad del vínculo que los estigmatizó.

Desde este punto de vista, la obra propone una reflexión sobre los cambios en la moral, ligados a sociedades y contextos determinados. Cuando decidieron escaparse juntos Una tenía 12 años y Ray 40, algo condenado en la sociedad contemporánea pero admitido 200 años atrás cuando este tipo de diferencias de edad eran moneda corriente en la corte de un Rey, o en el medio del campo.

El escocés Harrower es miembro de In your face, un prestigioso colectivo artístico del Reino Unido que tuvo a Sarah Kane y Mark Ravenhill como principales exponentes y que se caracterizó por proponer sistemáticamente obras, cuyos argumentos corresponden a asuntos sociales de difícil tratamiento y aún no resueltos ni en el plano jurídico ni en el moral.

El debut inicial de esta pieza escrita por encargo del Festival internacional de teatro de Edimburgo, tuvo lugar en 2005 bajo la dirección de Peter Stein.Uno de los aspectos en los que esta obra logra ser más contundente es en el manejo de las vacilaciones y del “no decir”.

En todo momento las palabras parecen insuficientes para todo lo que hay para decir. Los actores, bajo la dirección de Musto consiguen reproducir un lenguaje real, más próximo a lo cotidiano que a lo teatral; en donde predomina el diálogo entrecortado y el balbuceo, en sintonía, con la intención de desnudar su estado interior.

Sin estatuilla por convicción

Consultada por El Observador sobre el motivo de su ausencia en la entrega de los Florencio en donde mereció las estatuillas a Mejor Espectáculo y Mejor Dirección, Margarita Musto dijo que se debió a una convicción personal. “En varias oportunidades plantee mi discrepancia con el sistema competitivo de premiación que tiene la ceremonia de los Premios Florencio: creo que podrían haber formas menos traumáticas de premiar el arte. Genera un vaivén emocional entre los que son nominados y premiados y los que no, que no son saludables para el teatro”. Musto afirmó que la experiencia gratificante que le significó la dirección de Blackbird la motivan a seguir con este rol. De hecho, admitió que tendría intenciones de dirigir Top Girls de Caryl Churchill, “aunque todavía es apenas un proyecto”.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos