Básquetbol > EL JUGADOR EN LLAMAS

Callistus Eziukwu: "En Nacional tenés que jugar con el corazón"

Nació en Michigan, su padre es nigeriano, tiene nombre de Papa y el tricolor es el primer equipo que repite en su carrera 

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22 de marzo de 2019 a las 05:00

La noche del 15 de noviembre de 2018 le quedó marcada a fuego a Callistus Eziukwu. Ese día, Nacional perdió por 40 puntos con Olimpia: 101 a 61. Se fue muy molesto de la cancha por el bajo rendimiento del equipo. Pero también se fue asombrado por el apoyo de la hinchada tricolor: “Perdimos por 40 y la hinchada no paraba de cantar y nos seguía alentando. Increíble. Para mí es la mejor hinchada que hay”, dice. 

Eziukwu, interno de 2,08 metros, tiene 33 años y cursa su segunda temporada en el tricolor. Nunca antes desde que se convirtió en profesional, en 2009, jugó dos temporadas en el mismo equipo. 

Pasó por Francia, Turquía, México, Estonia, Ucrania, Italia, tres veces por Grecia, dos por Polonia, Rumania, Chipre e Israel antes de desembarcar en Uruguay. 

Su destino iba a ser Hebraica Macabi, pero un huracán le impidió tomar el vuelo y al final terminó recalando en Nacional. 

Después de su última temporada europea se sentía vacío y quiso dejar el básquetbol. Volvió a su natal Michigan y se puso a trabajar en un almacén industrial. “Fue horrible, me recordó lo divertido que era jugar al básquetbol”, cuenta a Referí con una carcajada. 

Eziukwu se crió en Muskegon, en el estado de Michigan. “Es un pueblo chico, muy lindo, que ahora está sufriendo problemas económicos muy grandes debido al cierre de fábricas”.

Su padre nació en Lagos, Nigeria, y llegó a Estados Unidos para estudiar: “Un hombre muy inteligente, trabaja en el área farmacéutica. Conoció a mi madre que trabajaba como enfermera y se casaron. Tuvieron seis hijos”, cuenta el quinto vástago de esa familia. 

A los cuatro años, sus padres se divorciaron y la madre con los hijos se mudaron de Grand Rapids a Muskegon donde vivió con sus abuelos además de su madre. 

Empezó a jugar al básquetbol siguiendo todas las actividades que hacía su hermano mayor. “No quería quedarme en casa con mis hermanas y lo seguía a él con sus amigos que eran tres años mayores. Al principio me hacía quedar afuera hasta que aprendiera las reglas. Pero cuando me las aprendí tampoco me dejaba jugar”, dice a las risas. 

También siguió a su hermano y jugó al fútbol americano donde heredó su apodo: “Bean” (poroto negro), impuesto por su entrenador de turno y adoptado en forma de tatuaje en su brazo izquierdo. Sin embargo, para sus familiares es Alex, por su segundo nombre. El primero Callistus, viene del griego y significa “el más bello”, por Calisto, madre de Zeus. Calixto I fue el 16º Papa de la Iglesia católica (de 217 a 222). “En Roma encontré una catedral con su nombre”, cuenta.

Eziukwu siempre destacó por su altura, pero en sus primeros años era muy flaco y no lograba tener protagonismo. 

“Con 17 años medía 2,06 y pesaba 70 kilos. Pero empecé a mejorar. Por eso defiendo tanto. Mi entrenador me decía que si no defendía no podía jugar. Me volví más fuerte y empecé a destacarme por los tapones”, recuerda. 
 
Por entonces quería ser como Hakeem Olajuwon: “La primera vez que lo vi fue en los playoffs de 1995 contra Utah Jazz. Metió como 34 puntos, 15 rebotes, seis tapones y un par de robos. Me hice hincha de Houston Rockets. A mi hermano le gustaba Shaquille O’Neall. Ese año la final fue Rockets contra Orlando Magic y les ganamos 4 a 0. Un goce”. 

La beca para entrar a la Universidad la recuerda como una historia graciosa. “Una noche me tocó marcar a un jugador que no era muy atlético, pero era muy inteligente y tenía un tiro tipo Larry Bird. Mi entrenador estaba furioso: ‘Te está matando’ me decía. Para el segundo tiempo me dijo: ‘Si te vuelve a anotar, mañana te saco a correr hasta que vomites’. En ese segundo tiempo metí 18 puntos, 11 rebotes y siete bloqueos. Esa misma noche el entrenador en jefe de la Universidad de Grand Valley me llamó para ofrecerme la beca”. 

Entre 2004 y 2008 anotó 1.681 puntos, bajó 924 rebotes y estampó un récord de 329 tapones. 

El primer año no pudo jugar debido a sus malas calificaciones  aunque finalmente obtuvo dos títulos: uno en negocios y otro en kinesiología: “Cuando termine de jugar quiero entrenar, aunque también me gustan los números”. 

Eziukwu integra el Salón de la Fama de su Universidad y su talento lo llevó a jugar la Liga de Verano de la NBA de 2008, en Las Vegas, donde defendió a Philadelphia 76ers. 

“Fue una experiencia muy confusa. Entrené muy bien, pero en el primer partido no jugué ni un minuto. Entrené más duro y tampoco jugué. Mis compañeros me decían que no perdiera la paciencia. Hasta que un día jugué 15 minutos contra Denver Nuggets. Pero al siguiente tuve un solo minuto. No entendía que estaba haciendo mal. En la práctica del último partido, contra Toronto Raptors, tuve una mala actitud y arruiné mi oportunidad. Desde entonces, siempre intenté que mi actitud estuviera a tope”.

“El entrenador en el lobby del hotel me lo hizo entender: ‘En la NBA son más de 80 partidos en la fase regular, podés estar 15 partidos sin jugar, pero de repente el entrenador te llama y te dice que te necesita. Y tenés que estar listo’”, recuerda.  

En la Liga de Verano de la NBA jugó en Philadelphia 76ers y compartió equipo con Thadeus Young, de Indiana Pacers, y Marreese Speights, quien fue campeón con Golden State Warriors

Su esposa Ashley y su hija Zola, que está por cumplir 2 años, se acercan para saludarlo. A Ashley la lleva tatuada en la espalda. Y Zola será su próximo tatuaje.   

Eziukwu se siente cómodo en Uruguay y después de tantas experiencias europeas no hay contraste cultural que lo altere. 

Desde que se fue a jugar a la segunda división de Francia a cambio de US$ 2.500 su vida cambió y el básquetbol se convirtió en el motor de su vida. 

“Después de mi sexta temporada junté dinero y le compré una casa a mi madre. Todavía recuerdo su llamada y su emoción agradeciéndome entre lágrimas”, recuerda Eziukwu, el basquetbolista con nombre de Papa que quiere ser campeón en Nacional. 

Las cifras

10,3 puntos promedia en esta temporada. El año pasado, cuando era el pívot, promedió 14,05. “Mi rol cambió con la llegada de Esteban Batista, tengo que defender más”. 
7,6 rebotes promedia esta temporada. En la pasada Liga cerró el torneo con un promedio de 10 en el rubro. 
2,19 bloqueos promedia por partido, una de sus especialidades. 

No conocía a Esteban Batista, pero lo fascinan sus habilidades para el tamaño que tiene; sobre su entrenador Gonzalo Fernández dice que les pide que la defensa siempre debe estar a tope y que cuando eso no funciona se vuelve loco: “A veces intento no reírme, pero me cuesta” 

La frase

"El objetivo de Nacional es salir campeón, pero sabemos que Olimpia va a ser un cruce durísimo en los playoffs. Tenemos que ir partido a partido" 
 

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