18 de enero de 2013 19:47 hs

Las boy bands –grupos de jóvenes facheros que arrasan entre las adolescentes– nunca fueron algo sencillo de explicar. A fin de cuentas, no son solo celebrities, las chicas aman sus canciones. El último puntal de este fenómeno son los ingleses de One Direction, salidos del reality show X Factor en 2010. Este año trajo consigo Take Me Home, su segundo álbum.

El nombre del disco (Llevame a casa) parece continuar una línea temporal fiestera con su debut de 2011 Up All Night (Despiertos toda la noche), aunque sus canciones, al igual que en el primer disco, contrastan con el concepto: son temas de amor adolescente, sin nada jugado ni controversial. Ni siquiera potencialmente.

Los cinco 1D, como les llaman sus fans, solo quieren ser tu “último primer beso” (Last First Kiss) y bailar contigo (C’mon, C’mon). Ahí terminan sus ambiciones.

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El álbum abre con el único tema que no habla directamente de amor, Live While We’re Young (el solo tema “fiestero”), pero enseguida salta a Kiss You (Besarte) y de ahí todo es una catarata de azúcar. Las voces demasiado limpias de los perfectos integrantes recorren 13 canciones en que hablan a mujeres perfectas en relaciones de una perfecta inocencia. Así, en Change My Mind se preguntan “¿Somos amigos o algo más?”, y en I Would le aseguran a la chica de sus sueños que si ellos fueran sus novios le dirían que la aman, algo que no están seguros de que su novio real esté dispuesto a hacer.

Desde el punto de vista musical el disco tampoco es muy original –aunque, con sinceridad, es muy difícil que algo lo sea–, pero es tan pegadizo como un chicle derretido en la vereda. Ante todo, la fórmula funciona en los temas más rápidos –las baladas son demasiado sacarinas y las letras, prediseñadas para hacer chillar a adolescentes, no son capaces de levantarlas del suelo. Cuando la idea es menos hacer llorar y más bailar, las canciones resultan simpáticas.

Además, la instrumentación escapa un poco del por momentos monótono pop electrónico que puebla las listas de éxitos actuales. Los cinco muchachos toman consejos de Michael Jackson (los “¡Au!” de Heart Attack) y hasta de Queen (la batería de Rock Me es casi un robo descarado a We Will Rock You). Las baladas son muy ochentosas, con aire a REO Speedwagon y Journey.

El gran problema de Take Me Home son las letras. No solo por su inocencia o su amor limpio y perfecto post-saga Crepúsculo –algo que sería tolerable y hasta preferible a la sexualidad exacerbada de otros artistas como Ke$ha– sino por los momentos en que cruzan la línea de lo estúpido.

Y lo hacen varias veces. La ganadora es Little Things, en que los 1D le nombran a su chica todas las “pequeñas cosas” que aman de ella (“Tu mano entra en la mía como si estuviera hecha para mí”), le dicen que ella es la suma de esas cosas (lo explicitan: “Si estas cosas son verdad, tú sos la suma de ellas”), para terminar con que están enamorados tanto de ella como de sus pequeñas cosas. Uno podría imaginarse a un Roberto Musso apretando desesperado el botón para que el suelo debajo de los One Direction se abra como en la conocida publicidad, sin obtener resultados.

Sin embargo, se puede entender el porqué de su éxito. Es que los cinco londinenses y el equipo de escritores profesionales que tienen detrás saben cómo hacer sentir lindas a las adolescentes. Son el sueño de la quinceañera. Que les guste a todas significa que –salvo cuando entran en territorio risible– hacen bien su trabajo.

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