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Esta trama parece no tener fin

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Caso Marset: los errores inexcusables o torpezas imperdonables sobre los cuales el gobierno debe tomar una decisión

Del caso Astesiano pasamos al caso Marset, que fue el tema de esta semana. En esta Newsletter Enclave te voy a hablar de lo político y lo jurídico de este caso y como –en el mejor de los escenarios– se cometieron errores o torpezas que obligan al gobierno a actuar

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16 de diciembre de 2022 a las 20:19

“El Seba, un narco uruguayo en Bolivia que está en la mira de la Policía...”, decía el titular de El Observador del 20 de enero de 2020 que ponía en escena a Marset.

Desde hacía unas semanas el nombre había sido mencionado por investigadores de crimen organizado que venían tras sus pasos convencidos de que estaba vinculado a gran parte de los envíos de droga a Uruguay de ese último tiempo. En ese momento se señalaba que tenía antecedentes y que la Fiscalía no había logrado reunir elementos contundentes para pedir su extradición a Bolivia pero sí que existían indicios de que había formado parte del cargamento de casi seis toneladas de cocaína detectados en el Puerto de Montevideo en diciembre de 2019.

Así de escurridizo es Marset, y fue por eso, que cuando tramitó el pasaporte uruguayo estando detenido en Abu Dabi estaba legalmente apto para recibirlo. Legalmente no tenía antecedentes ni una orden de captura o una alerta roja que impidiera, entregarle el documento por un periplo judicial que incluyó algún error que lo dejó libre de culpas como te habíamos contado en esta nota.

Ese es el repetido argumento del gobierno para explicar la entrega del pasaporte y es cierto lo que se dice.

Pero fallaron otras cosas en esta trama que parece no tener fin. Esta semana se conoció un chat entre los subsecretarios del Interior, Guillermo Maciel y de Relaciones Exteriores, Carolina Ache, en el que él le pide conocer en qué situación está Marset. Ella le averigua que está detenido en Emiratos Árabes Unidos y Maciel habla de que es “un narco peligroso y pesado” y de que “sería terrible” que quedara libre.

O sea, que al menos dos personas del gobierno conocían el prontuario de esta persona y que no era bueno que fuera liberado mientras él realizaba el trámite del pasaporte. También es cierto que el pasaporte corría por otros carriles y que en ese momento estos dos jerarcas no tenían cómo saber de ese trámite.

Pero hay otras dos cosas que llaman la atención:

1) Ache pidió saber por Marset a la Dirección de Asuntos Consulares, que es la que intervino en el pasaporte por parte de Cancillería. Sorprende que a nadie se le encendiera la lamparita de advertir del trámite del pasaporte cuando le vicecanciller preguntó a esa oficina en qué situación estaba Marset y desde allá respondieron que estaba detenido. Y que ante la advertencia de Maciel no lo haya elevado a las autoridades políticas y a las autoridades consulares para que se mantuvieran en alerta

2) Pocos días después de la charla con Maciel, precisamente el 24 de noviembre, Ache recibió al abogado de Marset, Alejandro Balbi. Según relató ella, el abogado le preguntó cuándo saldría la próxima valija diplomática hacia Emiratos Árabes y no le mencionó a su cliente, aunque el mismo día se reunió con el subdirector de Identificación Civil que fue separado del cargo y ahora pasó a retiro, sí se lo mencionó. Además, sorprende que ella no haya asociado este trámite con la conversación que había tenido 20 días antes con Maciel. 

El presidente Luis Lacalle Pou está convencido de que ni Ache ni Maciel actuaron mal y por eso tomó la decisión de mantenerlos en el cargo de momento. En el caso de Ache, la situación depende de si su sector del Partido Colorado (Ciudadanos) le quita o no el apoyo político.

Desde el entorno del mandatario aseguran que si tuviera la más mínima sospecha de que alguno de los jerarcas cometió alguna irregularidad lo sacaría sin titubear como hizo con el exministro de Turismo Germán Cardoso –es el caso con el que comparan– pero que en esta ocasión no tiene dudas de que ni Ache ni Maciel estaban al tanto del trámite del pasaporte.

No hay ningún elemento que pruebe lo contrario pero en política importan las señales que se dan. A diferencia de lo que sucede en la justicia, donde para imputar hay que tener meridiana claridad de los hechos y probar que hubo intención de cometer los delitos, en materia política se miran otras cosas.

Y no es necesario tener la sospecha de que un jerarca cometió delito para sacarlo. A veces hay errores inexcusables o torpezas imperdonables que obligan a ser tajante para pasar un mensaje. Si se hubiera asumido en algún momento la responsabilidad política del caso seguramente ya no estaríamos hablando de Marset.

El caso resulta emblemático por lo que hay detrás –hasta ahora se conoce sólo una parte de su prontuario y quedan muchas dudas sobre los casos en los que estuvo involucrado en el país– pero sobre todo, lo que pasó deja muy mal la imagen del país y al gobierno que está pasando por su peor momento.

Casos como estos no admiten titubeos ni medias tintas. Esperar a que pase la tormenta puede ser un bumerang peligroso cuando se está cerrando el año bisagra de la gestión.

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