23 de enero de 2012 22:07 hs

En clave chavista, un largo discurso es señal de buena salud. En coordenada bolivariana, la demostración de actividad y agitación es signo de liderazgo y capacidad. El presidente Hugo Chávez ha reforzado su imagen desde fines del año pasado con el objetivo de enviar un mensaje a la nación: el líder venezolano sigue siendo el mismo de antes, que está recuperado del cáncer y que peleará con todas sus fuerzas para ser reelecto en las elecciones del 7 de octubre. Una diligencia, no obstante, que no ha aventado los rumores sobre su real estado de salud, como los divulgados ayer por el diario español ABC que le da entre nueve y 12 meses de vida si no se somete a un intenso tratamiento.

El mandatario venezolano, haciendo caso omiso a cuanto se diga de su cáncer, intensificó su agenda desde que supo que no debía realizarse una quinta quimioterapia, a fines de setiembre. Poco a poco retomó las alocuciones televisivas y radiales, volvió con el programa dominical Aló presidente –emisión que marca la agenda nacional y sirve para expoliar a los chavistas– y, sobre todo, se largó a hablar de forma extensa, con las acostumbradas loas a su sistema y diatribas a los opositores y al “imperio” estadounidense. En el discurso de más de nueve horas del viernes 13, ante la Asamblea Nacional, defendió su gestión, anunció el cierre del consulado venezolano en Miami e insultó a la diputada opositora María Corina Machado, a la que acusó de pertenecer a la “oligarquía” que robó durante décadas en el país.

Esa disertación en el Parlamento alcanzó un nuevo récord de extensión entre los discursos del presidente. Además, casi no hizo pausas –solo para dar intervención a algunas preguntas de los legisladores– y no se sentó. Y en el Aló presidente del pasado domingo habló cinco horas. Con esto quiso dejar atrás los momentos en que se mostró particularmente débil, cuando por primera vez el “mentor del socialismo del siglo XXI” apareció como alguien vulnerable ante sus seguidores.

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A Chávez, operado en junio en Cuba, se le diagnosticó un cáncer del que nunca brindó detalles. Inició un tratamiento que lo dejó sin cabello, con la piel amarillenta, la cara hinchada y los ojos chiquitos. Ante la incertidumbre generada por la salud del mandatario, la oposición comenzó a organizarse mejor que nunca en los más de 12 años de chavismo. Las huestes oficialistas mostraron signos de división. Un descontento popular podía palparse ante la incambiada situación de una violencia cada día más creciente, de una inflación por los cielos y de las continuas fallas eléctricas en todo el país. El comandante tomó nota de lo que significó estar muy alejado de la plena actividad pública.

La agenda del presidente que ha hecho un culto a su personalidad, contuvo otras perlitas este último mes: le hizo la corte al polémico mandatario iraní Mahmoud Ahmadineyad, de gira por América Latina, consciente de lo que molesta esta figura a Estados Unidos. Apoyó con énfasis el programa nuclear de Teherán y llamó nuevamente “amigo” a su colega. En otro momento, nombró a Henry Rangel Silva como ministro de Defensa, vinculado por Washington con el narcotráfico y con la guerrilla colombiana de las FARC, y prometió retirar un equipo del Banco Mundial que podría forzar a Venezuela a pagar millones de dólares a empresas extranjeras que fueron nacionalizadas.

Entre las actividades de corte popular, Chávez anunció en diciembre nuevos programas sociales, como ese que desembolsará US$ 100 al mes por cada niño en los hogares pobres. Un tipo de iniciativa clave para el chavismo y donde se sustenta gran parte de su popularidad y persistencia en el poder, además del reforzamiento del Estado, del control de las instituciones y de las nacionalizaciones a grandes y pequeñas compañías. Además, el presidente recibió el mes pasado a los jefes de Estado de América Latina y el Caribe para inaugurar un nuevo organismo, la Celac, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Entre tanto, Chávez acusó a Estados Unidos de estar detrás de algún sistema que inducía el cáncer a los líderes regionales considerados enemigos por Washington.

Lo matan
Esta acumulación de actividades no ha logrado alejar las dudas sobre si Chávez realmente se curó del cáncer. Más bien todo lo contrario. Ayer hubo renovados rumores sobre una inminente muerte del mandatario bolivariano. El diario ABC de Madrid habla de entre nueve a 12 meses de vida “si insiste en rehusar el tratamiento adecuado que le obligaría a dejar temporalmente sus funciones”.

El periódico detalla que según un examen médico al que tuvieron acceso –“manejado por servicios de inteligencia y que ABC pudo leer en su integridad”–, la salud del presidente se deteriora rápidamente. “Claramente ha habido metástasis en los huesos y en la espina dorsal”, asevera. La gravedad de la enfermedad fue confirmada, según este medio, el 30 diciembre se localizó un “nuevo cultivo cancerígeno de aproximadamente 2 x 1,5 milímetros en el segmento superior del colon”. Si el jefe de Estado sobrevive nueve meses, como indica el peor de los escenarios, no llegaría a las elecciones de octubre y si alcanza esas fechas no estaría en condiciones de ejercer un cargo público.

Ya el periódico estadounidense The Wall Street Journal, con base en información de los médicos cubanos y rusos que trataron a Chávez, especulaba con esta información, aunque le dio más tiempo de vida: cinco años, “posiblemente más con buena atención”.

Sin cáncer, con cáncer, para Chávez al final será lo mismo. El presidente venezolano seguirá con su intensa disciplina, con la mente puesta en seguir liderando en el país caribeño. Si queda por el camino, será otro tema.

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