23 de febrero de 2014 8:21 hs

Con uno de los líderes de la oposición preso y con el gobierno venezolano sumido en una crisis, los dos bandos en los que está dividido el país, chavistas y opositores, realizaron ayer marchas separadas para medir su capacidad de convocatoria bajo una misma consigna: el alto el fuego. Los enfrentamientos en las calles ya llevan tres semanas y dejaron al menos 10 y un centenar de heridos.

Más de 100 mil personas salieron a las calles de Caracas, la capital del país caribeño, para marcar su posición. Los opositores pidieron el desarme de paramilitares chavistas, con los que el gobierno niega vínculos, y protestaron por el deterioro económico. En tanto, los chavistas también salieron a las calles bajo una consigna pacífica.

Además, el enfrentamiento interno le abrió al gobierno de Nicolás Maduro un nuevo flanco en el exterior con Estados Unidos. El mandatario acusó a EEUU de propiciar un golpe de Estado, lo que le valió un cruce con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry (ver recuadro).

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Las marchas

El líder opositor Henrique Carriles, quien perdió el año pasado las elecciones por escaso margen, movilizó ayer al menos 50 mil personas en Caracas en reclamo por la paz, según consignó AFP. En Caracas los opositores respondieron a la convocatoria de Capriles, llenando varias avenidas del municipio de Sucre (este).

Con su convocatoria a esta marcha Capriles vuelve a colocarse como cabeza visible de la oposición, luego de que en los últimos días el protagonismo estuviera dominado por el sector radical de la Mesa de Unidad Democrática, cuyos dirigentes promueven la estrategia de ocupar las calles para conseguir, bajo la consigna de “La salida”, un cambio de gobierno.

En tanto, en el centro de la capital, un bastión chavista, decenas de miles de personas vestidas de rojo y blanco y con flores en las manos protagonizaron una “marcha de mujeres por la paz y por la vida”.

La marcha chavista busca denunciar la violencia y los destrozos causados en el marco de las protestas estudiantiles, que el gobierno de Maduro califica de “golpe de Estado en desarrollo”.

Aunque ambas marchas tienen lugar en zonas opuestas de Caracas, la posibilidad de que confluyeran en algún punto de la geografía levantó las alarmas en un país altamente polarizado y que tiene presente los sucesos de abril de 2002, cuando una manifestación opositora hacia el Palacio de Miraflores derivó en un fugaz golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez.

Las protestas, que iniciaron el 4 de febrero estudiantes de San Cristóbal (oeste) ante la inseguridad que golpea al país, se extendieron a otros puntos de Venezuela y se sumaron consignas contra la crisis económica, la inflación, el cese a la represión policial y la liberación de detenidos tras las protestas.

Según cifras oficiales, los disturbios que se viven a diario en varias ciudades del país han dejado 10 muertos: seis por balas o perdigones, tres en accidentes vehiculares durante las protestas y uno del que se desconocen las circunstancias.

El gobierno por su lado denunció este sábado “ataques con bombas molotov” en mercados populares y sedes del partido oficialista en varias ciudades del país.

Una de las cabezas visibles del ala radical es Leopoldo López, quien se encuentra en una prisión militar desde hace cinco días acusado de varios cargos de incitación a la violencia.

En una rueda de prensa el viernes, Maduro sostuvo que las protestas solo afectan 18 de los 335 municipios de Venezuela y sentenció que el “guarimbeo” (bloqueo callejeros con fogatas) se va a ir acabando con los métodos constitucionales, legales y pacíficos.

El rol de Capriles

En San Cristóbal (Táchira, oeste), cuna de las manifestaciones estudiantiles y foco de grandes disturbios que llevaron al gobierno a enviar paracaidistas, se desarrolló una de las mayores marchas opositoras del interior del país, con miles de personas vestidas de blanco, constató un fotógrafo de la AFP.

Pasadas la hora 15 local las manifestaciones de la oposición, que se replicaron en muchas ciudades como Mérida (oeste), Puerto La Cruz (noreste) y Puerto Ordaz (sur), se desarrollaban sin incidentes.
La jornada de ayer le permitió a Capriles intentar retomar el centro de la escena.

“Este gobierno es un error en la historia, pero nosotros no podemos salir de este error para incurrir en otro error. Tenemos que construir una fuerza tan grande que sea capaz de convocar a los que se ponen la franela roja (identificados en el chavismo)”, aseguró Capriles.

En tanto, un tribunal de Caracas ratificó este jueves la medida privativa de libertad para el dirigente opositor López, que continuará detenido en la penitenciaría militar de Ramo Verde, a las afueras de la capital venezolana, confirmó a Efe una fuente del partido Voluntad Popular.

La fuente del sector que lidera López señaló que fueron confirmadas las acusaciones de incendio y daños, así como las de asociación para delinquir e instigación. Los cargos por los que se lo acusaba también incluían homicidio y terrorismo, pero estos fueron descartados.

Experto en Blades

Pero Maduro también tiene la mirada puesta hacia su gobierno. Según consignó El País de Madrid, el mandatario admitió que está investigando si sectores de su gobierno pudieran estar conspirando en el golpe de Estado que, según denuncia con insistencia, está en marcha para derrocarlo.

“Yo lo estoy investigando”, dijo al ser consultado sobre políticos que lo desoyeron y actuaron con armas de fuego para reprimir las protestas estudiantiles el 12 de febrero. “Están presos y dan su versión, pero no convencen”, reveló, aunque luego se apresuró a aclarar que se trataría de excepciones “en la disciplina máxima de ese cuerpo”.

Maduro confesó ayer que le dolieron las dos cartas públicas que el cantante panameño Rubén Blades le dedicó a Venezuela y le reiteró la invitación a visitar su país, como ya hizo el pasado miércoles en cadena obligatoria de radio y televisión. “A mí me dolió las dos cartas que hizo Rubén, Rubén Blades, porque yo lo quiero, lo respeto mucho (...) te sigo queriendo y admirando y estás perdiendo la oportunidad de vida que te ha dado Latinoamérica de valorar la revolución bolivariana, que se siente expresada en las letras que tú algún día escribiste”, dijo Maduro.

El presidente, que se ha confesado “experto en Rubén Blades”, reiteró la invitación a Venezuela a cantar la canción Plástico, del álbum Siembra, grabado por el cantante panameño en conjunto con el puertorriqueño Willie Colón en 1978. (Basado en EFE)

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