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Cinco series documentales para satisfacer el morbo por los crímenes

En esta producciones, cada vez más exitosas, hay sangre, cuerpos mutilados y violaciones; distintas opciones para calmar el hambre de oscuridad

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30 de mayo de 2018 a las 05:00

El mal seduce. Entender cómo funcionan las mentes más retorcidas, porqué alguien decide de un día para el otro asesinar, violar, torturar o secuestrar es algo que eleva el morbo y, tal vez, raya la perversión. Puede resultar irónico, porque el asco está muy próximo, pero hay algo en la condición humana, algo turbio y generalmente bien guardado, que atrae la atención a esos actos abyectos que nunca cometeríamos pero que siempre miraremos. ¿Por qué, sino, las noticias más leídas en los portales son las policiales? ¿Por qué cuanto más cruento sea el episodio más visitas tiene? ¿Por qué los clicks, como los tiburones, huelen la sangre tan rápido? Todo sucede porque el mal nos atrae como moscas.

Y el ocio no queda por fuera de esa atracción. Cuando podríamos escapar de la realidad más cruda a través de películas y series fantásticas o románticas o de ciencia ficción o de lo que sea, elegimos darle play, una y otra vez, a las historias más retorcidas del streaming. Asesinatos seriales, niños muertos, actos monstruosos, todo forma parte de un menú que decidimos deglutir. Y las productoras audiovisuales, que conocen bien al consumidor, apuestan con mucho énfasis a ofrecer esa droga que el morbo reclama sin piedad ni pudor.

La estructura narrativa de estos productos es, por lo general, similar y se repite: un ejercicio documental, que a lo largo de varios episodios busca confrontar testimonios y pruebas que confirmen o desmientan determinado crimen.

En el inicio de este tipo de historias se puede encontrar, por ejemplo, a Truman Capote y el relato de los asesinatos de la familia Clutter en A sangre fría. Más acá en el tiempo, también aparece el podcast estadounidense Serial, que desempolvó un crimen dudoso y se convirtió en un éxito.

En la pantalla, mientras tanto, HBO dio el puntapié inicial con The Jinx, una serie documental que retrató la historia de Robert Durst. El magnate fue acusado, en la década de 1980, de haber asesinado a su mujer. La atención del mundo se centró en Durst –que todavía espera por un juicio– y catapultó este tipo de relatos.

En Netflix – porque siempre terminamos mirando Netflix– la inclinación por estas realizaciones comenzó con Making a Murderer, una serie que seguía un caso que no estaba muy claro del todo. Había un asesinato, una violación, una condena que parecía equivocada y un personaje trágico, que hizo las delicias de una audiencia abocada a devorar su historia como pop.

Con una popularidad creciente, el género consiguió su propio nombre: True Crime Series (series de crímenes reales). En streaming, hoy se pueden encontrar múltiples ejemplos, todos con características similares en su estructura, pero diferentes en sus propuestas.

Hay, por ejemplo, crímenes aislados que se presentan en antologías (The Confession Tapes), crímenes históricos que vuelven al ojo público (The Keepers), relaciones peligrosas (Murderous Affairs) y hasta versiones paródicas –y muy buenas– de este tipo de creaciones (American Vandal).

Si usted, lector/espectador, todavía no vio ninguna de estas series porque cree que este tipo de historias no son ideales para su todavía tierno estómago, dele play a cualquiera de las que siguen a continuación. El morbo no tardará en despertar y en reclamar más crimen.

Cinco series de True Crime

Making a Murderer

Diez años estuvo el equipo de producción de esta serie para completar la filmación de la primera temporada. En ese período, el caso de Steven Avery, un redneck de la localidad de Manitowoc, Minnesota, que fue acusado falsamente de agresión sexual y encarcelado por 18 años, mutó de las formas más extrañas y variadas. Avery fue encarcelado por un crimen que no cometió, luego fue liberado gracias a una prueba de ADN, y al final volvió a ser el foco de las sospechas por otro crimen relacionado a él. El caso que retrata Making a Murderer todavía resuena y se prepara una segunda temporada.


The Keepers

En 1969, la hermana Cathy Cesnik, profesora de un colegio católico privado para mujeres recepciona una serie de denuncias sexuales por parte de unas alumnas, que acusan a Joseph Maskell, capellán del colegio, de haberlas abusado. Pocos días después, aparece muerta. The Keepers es un producto reciente de Netflix que se mete con un crimen no resuelto del pasado y que ataca al manto de oscuridad con el que la Iglesia católica, generalmente, tapa los delitos de sus miembros.


The Confession Tapes

Muchas veces los crímenes tienen tantas aristas y tantos pliegues que la única forma de resolverlos es esperando la confesión del asesino/violador/secuestrador. El problema aparece cuando la confesión es falsa. Esto es lo que retrata The Confession Tapes, una antología que se enfoca, en varios episodios, en crímenes distintos y sus respectivas confesiones. En entrevistas con los implicados, el documental trata de dilucidar si, efectivamente, estas confesiones fueron reales o falsedades propiciadas por agentes de la ley muy decididos a resolver los casos con rapidez.


Genio del mal

Es una de las novedades de Netflix en la categoría True Crime, y si bien no se enfoca específicamente en asesinatos, sí explora los vericuetos de un extraño episodio que involucra el robo a un banco y su perpetrador. Brian Douglas Welles era un repartidor de pizzas que entró a un banco a robar con un explosivo en el cuello. Obviamente, se mató en el acto, y por eso el caso todavía resulta extraño. El documental está producido por los hermanos Duplass, los mismos detrás del éxito de Wild Wild Country.


Murderous Affairs

El asesinato y la pasión muchas veces terminan yendo por la misma senda. Murderous Affairs sigue, en breves episodios de 20 minutos, distintos casos en los que el crimen se cuela en el amor, en las relaciones formales y en las aventuras prohibidas. Celos, moteles y sangre en un combo ideal para quienes disfruten de programas no muy pesados, que se consumen y se tiran. Se recomienda no ver en pareja.

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