Opinión > EDITORIAL

Cincuenta años en la luna

Durante los últimos días los análisis sobre la llegada de Apolo 11 implicaron muchos análisis y artículos 

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20 de julio de 2019 a las 05:02

Transcurrió medio siglo desde que el hombre pisó la luna. Es probable que el paso que dio Neil Armstrong el día 18 de julio de 1969 marque el inicio de una nueva era que hoy no somos capaces de calibrar, ni siquiera de asimilar. 

El alunizaje tripulado del Apolo 11 en 1969 significó que la humanidad podía viajar por el espacio y que las fronteras estaban para ser pulverizadas. Imaginar a los hombres de las cavernas, a los navegantes que salieron a demostrar que la tierra no era chata, a los vikingos, los mogoles, los tuaregs y las tribus amazónicas observando el astro blanco colgado en el universo y un día de pronto acelerar y ver en vivo y en directo por televisión a un astronauta pisar la luna es un ejercicio que asusta e interpela.

Es probable que la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética haya adelantado y propulsado la investigación espacial y la búsqueda de nuevas fronteras antes de tiempo. No es descabellado suponer que el siglo XX no era el de la conquista del espacio.

Resulta bastante obvio que los hombres y los países deberían poder resolver muchas cosas en La Tierra previo a seguir gastando millones de millones en la industria aeroespacial. El hambre, la pobreza, la contaminación, enfermedades crónicas, la convivencia, el agua dulce, la desigualdad y otros tantos son temas a los que le faltan años, tal vez siglos, de aprendizajes y errores.

En estos días se multiplicaron los análisis y artículos sobre el motivo y significado de la llegada del Apolo 11 a la luna. Su existencia es producto de una lucha armamentística real y simbólica de mostrar quién tenía el poder real durante los años terribles en que el mundo temía la posibilidad de una tercera guerra mundial con armas nucleares.

Las nuevas generaciones no tienen recuerdo del alunizaje, han crecido escuchando el cuento de sus padres y abuelos o directamente lo miran por YouTube. Hoy ven naturalmente las imágenes desde Marte y de los satélites que han salido del sistema solar. La evolución de la tecnología, la tridimensionalidad y la realidad aumentada les permite tener viajes ilusorios por los confines del universo o hasta de inventar universos paralelos por donde moverse.

Por eso las filmaciones en blanco y negro del andar torpe de los astronautas, las palabras entrecortadas de Armstrong y las rocas que desde allá llegaron y aun se estudian parecen de un tiempo lejanísimo. Pero no es así, son apenas 50 años.

Es insólito comprobar que la llegada del hombre a la luna fue producto de una disputa bélica entre dos potencias y que es probable que tuvo como fin algo más relacionado con la propaganda que con la ciencia. Incluso hoy hay quienes creen que fue un montaje.

Sin embargo, lo que es bien cierto es la existencia actual de la Estación Espacial Internacional. Se trata de uno de los logros ingenieriles más importantes de la historia. Orbitando la tierra astronautas rusos, canadienses, norteamericanos, japoneses y europeos tripulan la nave e investigan en el mismo espacio sideral.

Lo increíble de toda esta historia del hombre en la luna es que de todos los astronautas que la pisaron tan solo uno era científico: el geólogo Harrison Schmitt, de la misión Apolo 17, la última que se llevó a cabo. Para pensar. 

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