31 de marzo 2014 - 10:48hs

Si en aquella noche del 13 de marzo de 2013 el argentino Jorge Bergoglio conquistó a la plaza de San Pedro y al planeta por el sencillo modo en que se presentó como el papa venido “del fin del mundo” y su pedido de oraciones y deseo de “buenas noches”, un año después, esa buena imagen no se ha desvanecido, sino que se ha multiplicado. Tres millones y medio de jóvenes lo vitorearon en Brasil, el Parlamento Europeo lo nombró comunicador del año y es el líder mundial con más menciones e influencia en internet. Una veintena de revistas importantes le dedicaron sus portadas y además Time y The Advocate (del colectivo gay) lo destacaron como la persona del año. Poco común para el tradicional liderazgo de la organización más antigua del mundo.

Con ocasión del primer año del pontificado de Francisco, hace unas semanas, el historiador de la Iglesia Andrea Riccardi declaró al Vatican Insider que “la luna de miel no se ha acabado porque va mucho más allá que un fenómeno mediático, tiene sustancia”. En efecto, la fascinación por el nuevo sucesor de Cristo se mantuvo constante y, al margen de las publicaciones de los grandes medios de prensa, el pontífice argentino interesó a millones de personas. Por poner dos ejemplos, en su primer año, el papa fue el asunto más comentado en Facebook y el 84 % de los mensajes en Twitter que referían a él y que contenían alguna opinión eran en tono favorable, según estudios de 3rd Place y el Pew Research Center.

Pero si bien esta fascinación no es simplemente un “fenómeno mediático” –como considera Riccardi–, no se puede negar que la prensa ha tenido gran responsabilidad en contribuir en su gestación y crecimiento. De acuerdo con los expertos, esto responde por una parte a que el papado contiene esos elementos de renovación y reforma que los cardenales decidieron impulsar en las reuniones previas al cónclave. Pero además, sostienen, esta onda positiva se condice con una suerte de “narrativa mediática” por la que se filtra todo lo que hace o dice Francisco. “Esa narrativa parte de datos verdaderos, pero los extrapola, de modo que todo lo que hace parece responder a criterios de novedad, cambio, ‘primera vez’. Y lo que no responde a esa narrativa, se deja de lado (pienso, por ejemplo, en sus referencias al demonio, ignoradas de modo pacífico por los medios; mientras que esas mismas palabras, puestas en boca de Benedicto XVI, se hubieran calificado de medievales…)”. Así piensa Diego Contreras, doctor en Comunicación y especialista en la Iglesia Católica, profesor de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma.

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El origen de la narrativa

La narrativa tiene de dónde partir: el argentino es directo y espontáneo, no se ciñe a los discursos que guiona y prefiere hablar desde el corazón. Se salta el protocolo cuando lo considera conveniente y elimina todas las barreras posibles que lo separarían de su gente. Así, dejó de usar los papamóviles blindados, recorre la plaza de San Pedro para saludar, se detiene ante los que se le acercan, y se preocupa de seguir hasta el final y personalmente algunos asuntos que podrían considerarse banales si se miraran con frialdad. “Lo más convincente es que está claro que de verdad le importan las personas, cada uno: es decir que su estilo no es una táctica”, apunta Contreras.

La fascinación tiene, además, una raíz más circunstancial, y es la comparación del actual pastor con su antecesor, Benedicto XVI. Aunque los tiempos son distintos y los entornos también (el mismo Pew Research Center aclaró en su informe sobre Francisco que no es justo aplicarles a ambos la misma vara de medir), es cierto que el papa alemán era menos cautivante que su sucesor. La prensa no veía en él un gran atractivo comunicacional.

“Cada uno tiene su estilo y cada uno subraya un aspecto del mismo mensaje. Por ejemplo, Benedicto trabajó duro para fijar con profundidad teológica el contenido del intenso pontificado de Juan Pablo II. Por eso, su estrategia comunicativa se centró en el aspecto teológico o doctrinal, que percibe menos el gran público. Francisco apuesta por el aspecto pastoral. Quiere que la gente sienta la cercanía del papa y de Dios”, interpreta el español Javier Martínez-Brocal, director de la agencia de noticias vaticanas Rome Reports.

En efecto, Benedicto XVI fue un teólogo que con sus pensados discursos logró atraer a intelectuales que tal vez eran no católicos o no cristianos.

Francisco, más con sus gestos que con sus palabras, consiguió algo semejante pero con un público distinto, –menos exigente, quizá– y así se reconoce en los ambientes de la Curia Romana. Cuando se cumplió el primer aniversario de Francisco como sucesor de San Pedro, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, dijo en una entrevista con Radio Vaticana que su “jefe” ha logrado transmitir muy bien el carácter universal del mensaje de salvación que trae la Iglesia. Aunque “evidentemente” esto no es algo que inventó Francisco, explicó, “las manifestaciones de atención, que provienen de sedes no habituales, de la prensa, significan que su mensaje ha llegado”.

“El papa Francisco incide en las personas simples, que tenían necesidad de un lenguaje inmediato y de una presencia cercana a la cotidianeidad. Por otra parte también los indiferentes religiosos se sienten atraídos por el nuevo pontífice”, comentaba hace unos meses en una entrevista con la prensa especializada el cardenal Gianfranco Ravassi, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura.

En nuevas periferias

Gracias a este mensaje claro y sin rodeos, la voz del papa comienza a llegar a lugares donde antes no se escuchaba “y en muchos casos está ayudando, al menos, a hacerse preguntas”, acota Contreras. Valgan como ejemplos desde la recién lanzada Il Mio Papa, una revista “del corazón” italiana que lleva las fotos de su santidad a las peluquerías de barrio, a la recomendación que hizo el presidente uruguayo José Mujica de leer la exhortación apostólica Evangelii Gaudium y usarla para “pensar con profundidad”.

“Francisco entusiasma, quizá porque ha encontrado el modo más eficaz de transmitir el mensaje. Pienso que es un papa renovador en los modos y en las formas. Está cambiando el corazón de las personas. Pero para hacer esa renovación le han preparado el terreno los otros papas. Cada papa renueva. Juan Pablo II fue el Papa viajero. Benedicto renovó doctrinalmente en muchos aspectos y, sobre todo, con su histórica renuncia”, considera Martínez-Brocal.

Si la prensa antes daba a la Iglesia espacios más puntuales y la opinión pública era en general indiferente, ahora el panorama ha cambiado por completo, con un papa que en Twitter genera más compromiso que Barack Obama o que tiene más menciones que Vladimir Putin.

Esta nueva situación es, para los analistas, algo ventajoso. Al entender del director de Rome Reports, “a la Iglesia le sienta muy bien protagonizar buenas noticias”, y el papa, que además de mediático transmite alegría, “encuentra gestos para transmitirla que despiertan la curiosidad de la gente”.

En tren de ser más claro, Contreras explica el momento actual en términos futbolísticos, en un estilo que también impuso el Papa que más camisetas de selecciones y clubes ha recibido en la historia. “Me parece que la Iglesia (en general) ha estado jugando a la defensiva durante mucho tiempo. Aunque la Iglesia tenía muchas cosas que decir (y muy interesantes), eran otros los que tenían el balón”, comienza definiendo.

“En mi opinión, la aportación principal de Francisco, desde el punto de vista de la comunicación, ha sido ese recuperar la iniciativa. La Iglesia ahora se presenta como lo que es, una propuesta, una invitación a llevar una vida mejor, más digna, etcétera, no como la portadora de una serie de prohibiciones descontextualizadas. La necesidad de ese espíritu propositivo la había señalado muchas veces Benedicto XVI, pero no siempre –muy a pesar suyo– pudo llevarla a cabo”, termina.

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