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5 de junio 2022 - 5:00hs

Las cumbres presidenciales, y más las que se repiten con periodicidad, suelen ser eventos anodinos o intrascendentes donde lo más importante es ponerse de acuerdo en un comunicado final. Para lograr ese acuerdo, el documento suelo ser lo más vago posible y por tanto carente de interés o de importancia. Se suele acudir a tópicos muy generales con los que no es difícil estar de acuerdo.

Pero la Novena Cumbre de las Américas que comienza este próximo lunes en Los Ángeles promete ser todo menos anodina. No tanto por el comunicado final, que ya se verá si reúne o no consenso, sino por el borrascoso comienzo. En efecto, Estados Unidos, país anfitrión, decidió no invitar a Venezuela, Nicaragua y Cuba porque “no hay democracia ni estado de derecho” en esos países. Esto ha llevado a molestias de varios países liderados por México para boicotear la Cumbre. El presidente López Obrador señaló que si esos tres países quedan excluidos, el no asistirá y enviará a su canciller. Y no parece que de aquí al lunes haya algún cambio en la posición norteamericana, que quiere marcar bien firme su posición respecto a estos tres países.

Argentina planteó seguir los mismos pasos que México e incluso organizar una contra cumbre como había hecho Néstor Kirchner en 2005 en Mar del Plata con Chávez en ocasión de la visita de George W. Bush a la IV Cumbre de las Américas. Esa cumbre de 2005 más que “borrascosa” fue “tormentosa” y ni siquiera hubo acuerdo en la agenda a tratar y menos aún en el comunicado final. Para disuadir a Alberto Fernández de boicotear la cumbre y de hacer algo alternativo, Biden le ofreció una reunión bilateral en la cumbre y luego una visita a la Casa Blanca en el mes de julio. Lo mismo hizo con Jair Bolsonaro, aunque este no había amenazado con faltar a la cita. Pero es sabida la influencia de Brasil y la amistad de Bolsonaro con Trump.

Con todo siempre hay problemas con la agenda. América Latina viene muy castigada por la pandemia, que ha expuesto e incrementado las tradicionales desigualdades del continente. Ello ha llevado a que muchos países elijan gobiernos con soluciones populistas y facilistas. 

Por otro lado, a nadie escapa que Estados Unidos ha descuidado a América Latina. No solo durante el periodo de Biden sino también en la época de Trump. “No ha mirado hacia el sur”, como dijo hace poco el presidente Lacalle en entrevista con la BBC. Y “no tienen una visión de América Latina, o creen que tienen una visión de América Latina”, porque “piensan que desde la frontera en México hasta Tierra del Fuego tenemos todos los mismos problemas y las mismas necesidades”. Y eso es una gran verdad. Meten a todos los países en la misma bolsa.

En cambio China, aunque está en otra área de influencia, sí parece conocer los diferentes problemas y aprovecha la falta de visión americana para venir a pescar en estas tierras. Y vaya si lo ha logrado merced al uso de su poder de compra y su habilidad diplomática para ofrecer cosas sin comprometerse. Tal ha sido su actitud que ofreció el pasado 7 de setiembre un estudio de prefactibilidad de un TLC a Uruguay y ahora, que el estudio no está ni a punto de terminarse, dice que es Uruguay el que está apurado. Obviamente China, con su mirada de larguísimo plazo, nunca está apurada. Sabe que se va a reunificar con Taiwán pero no tiene apuro. 

Esta IX Cumbre de las Américas será borrascosa por sus inicios y seguramente por su desarrollo. Lo más importante no es el comunicado final sino empezar a comprender que hay muchos intereses comunes que es preciso proteger y potenciar. Desde los valores republicanos y democráticos en primer lugar, que hoy no reinan en Cuba, Venezuela y Nicaragua, hasta la prosperidad y el crecimiento económico sostenible e inclusivo. Un crecimiento en el que Estados Unidos debe jugar un papel muy importante y también las elites gobernante de América Latina, a las que debería dar vergüenza las desigualdades el continente. Por algo son tantos los ciudadanos latinos que buscan emigrar al norte para encontrar un futuro mejor para ellos y sus hijos. 

Esta cumbre bien puede ser un punto de reflexión para ambas partes. Hay mucho más para ganar con la cooperación que con el enfrentamiento.

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