El nombre de Federico Álvarez fue ocupando una y otra vez ese espacio que podría empezar con la frase “¿Viste lo que pasó con…?” por varios meses. Primero fue su cortometraje Ataque de Pánico, que lleva más de 7 millones de reproducciones en YouTube. Luego fue el rumor de que, a instancias del mismo corto, lo estaban buscando desde Hollywood. Después, la confirmación de que había sido fichado por Sam Raimi para un proyecto de más de 30 millones de dólares. Y por último, que ese proyecto era nada menos que el remake de Posesión Infernal, la película que había lanzado a la fama al propio Raimi en su debut. Falta menos para el gran momento de estrenar en Uruguay, cosa que sucederá el 12 de abril, según el sitio oficial de la película. En Montevideo, palpitando los días previos, Álvarez conversó con El Observador sobre el proceso y la soñada experiencia de trabajar codo a codo con Sam Raimi, a estas alturas una leyenda del cine estadounidense.
Sí, leí todo. Yo siempre fui muy fan de esto y estuve en esa movida. Al principio, cuando leía la mala onda, me dolía. Es imposible que no te duela, vos te estás esforzando por hacer algo bueno; pero es comprensible porque aparte no es sólo una remake, sino que es la remake de un clásico que la gente adora, justamente por sus imperfecciones. Si viste a la Evil Dead original, las tenés claras.
Claro. Por ejemplo, uno puede preferir más la segunda...
Ahí va, la segunda está mejor hecha. Es más una película de verdad. Es mucho más una comedia. En la primera, el humor es involuntario, los que la hicieron lo admiten. Nunca intentaron ser graciosos, pero salió lo que salió. Entonces, la idea de rehacerla con nuevos recursos, a la gente no le parece copado. Pero la verdad es que esto no es la típica remake, para nada. No es la misma historia, no estamos escribiendo arriba de la otra, como hacen algunas otras películas.
Por lo que he visto, de humor no hay nada…
Ah… tenés que verla. A mí manera, creo que hay humor. Yo la miro y me mato de risa, pero soy yo. Aunque es así, al que le gusta el terror está esperando que pase algo terrible y es un placer ir viendo lo que pasa. Es parte de la gracia. Seguramente a mis amigos les parezca divertida también. Pero es una película muy tensa, además, la trama y cómo está contada. Nos esforzamos por contar una buena historia y creo que nos salió.
Quizá la gente temía que fuera una versión muy distinta...
Claro, pero ¿por qué esta remake iba a ser diferente? Esa era una pregunta que hacían en su momento, toda esa gente que se preguntaba en blogs qué íbamos a hacer para que esto no fuera una más. Para empezar, todas esas otras remakes que uno ve como “ah, que bajón” salen de otra manera. Nosotros estamos justo en esa generación que ya vio las películas cuando salieron. Ahora las vamos a ver de nuevo. Hace unos años se empezaron a dar las remakes de las películas de los años ochenta. Y a esas películas las vimos todas. Éramos guachos ahí y en los años noventa todavía estaban frescas. Y las vimos a todas. Entonces ahora, de golpe, salen las remake y es raro. Pero las remakes existen desde siempre. En los años cuarenta agarraban todas las que habían hecho en la década anterior y las volvían a hacer. Una de las cosas que tuvimos en mente fue ¿hubo alguna remake que mejoró la original? Hay dos casos: La Cosa de John Carpenter y La Mosca de David Cronenberg. La Mosca era para mí una película única en su momento. Y nunca imaginé que era una remake de una película de los años cincuenta, dónde la mosca era un tipo con una cabeza de mosca y un tubo en la cara. Era un clásico de culto. Y en una entrevista, (el director, David) Cronenberg hablaba de eso, del miedo que tenía a ser comparado con la original. Y él había dicho que la única manera que había tenido de hacerla era ir y cagarse en la de los años cincuenta y hacer lo que él sintiera que era lo correcto. De alguna manera, ese fue el encare nuestro en esta película.
¿Cómo reaccionaron ante las propuestas los creadores de la original?
Respetaron nuestra visión. Había que animarse a desafiar cada idea de la original para hacer algo interesante. Si no, te quedás atrapado en las cosas que funcionaban en los años ochenta y que ahora no funcionan más. El miedo está muy relacionado a lo que da miedo hoy en día. Al contexto social. Las cosas que daban miedo en los años ochenta no dan miedo hoy. Por otro lado, la suerte que tuve, es que a diferencia de todos los otros remakes -las Viernes 13, las Pesadilla- esta película no pertenece a los grandes estudios. En esos casos, la propiedad intelectual es de los estudios grandes. Y estás hablando de una máquina monstruosa, sea Universal, sea Metro Goldwyn Meyer. Esos son los dueños. Y esos remakes son el resultado de un catalogo de cosas que puede hacer un productor: elige Viernes 13, elige un guionista, elige un director… y generalmente la pasión involucrada en esos proyectos es menor. Es un laburo y listo. Pero nuestra película, a diferencia de todo eso, sale de Sam Raimi, el director original, Bruce Campbell, el actor original, Rob Tapert, el productor original. Ellos hicieron la primera película cuando tenían 18 o 20 años y son los dueños de los derechos. Y como son los dueños, el encare fue diferente.
¿Cómo se dio la chance de hacer esta película, por fuera del proyecto inicial que hay con Raimi?
Yo desarrollé una muy buena relación con Sam mientras trabajábamos en otro proyecto, que fue por el que me contactó tras Ataque de Pánico y que es una película que sigue en desarrollo. Tuvimos muy buena onda. Ahí él nos ofreció a Rodo y a mí si queríamos hacer esta película. Dijimos que claro que sí, pero en su momento estábamos muy asustados y nerviosos, porque no sabíamos qué hacer con eso. Y teníamos el mismo prejuicio que todo el mundo, que hacer remakes no estaba bueno. Pero cuando empezamos a testearlos a ellos con ideas, e íbamos y era “¿bancarían la toma si hacemos algo así?” y te decían que sí. Que si hacemos esto, que si no usamos aquello, y a todo nos decían que sí. Y es que su mentalidad es 100% de autor. Raimi es un director del carajo, un productor buenísimo. Trabaja con locos que quieren hacer buen cine. No están para hacer la guita y nada más. Esta es una película diferente, súper independiente, hecha con todas las libertades del mundo. Y ahora lo que dicen en todos los medios es que es “la remake que a va a redefinir todas las remakes” porque va a cambiar completamente la manera en que se hacen estas películas.
¿Cuánto participó Raimi de la película?
Su involucramiento en la película fue más el de un padrino protector que otra cosa. No fue que metiera mano en la película. Él es muy reacio a querer cambiar nada, a querer prohibirme hacer algo. No le gusta ese laburo. Él es un director. Y dice todo el tiempo: a mí siempre me cambian todas las cosas, entonces ahora que lo manejo yo, quiero darles libertades que nunca me dieron a mí. Nos guió muy bien en el proceso de escribir la película para ayudarnos a escribir una mejor película. Leyó el guión y dio comentarios sobre lo que le parecía bien o mal, pero siempre era una opinión más. Y después, durante el rodaje, nunca estuvo ahí. Él estaba muy ocupado con Oz, la nueva película que está haciendo para Disney, pero veía todos los días los “dailys”, que es el material que se graba día a día, y me hacía comentarios. Pero siempre dejando a mi criterio qué cosas cambiar y qué mantener. Es como un padre sabio que la hizo antes y que conoce el género muy bien. Que conoce a la audiencia muy bien. Y que te da los consejos necesarios cuando tiene que hacerlo.