Reflexiones liberales > Actualidad

Democracia y libertad

La legitimidad proveniente de elecciones libres puede ser pisoteada por un ejercicio abusivo del poder que desconoce el estado de derecho y las libertades individuales

Tiempo de lectura: -'

10 de octubre de 2012 a las 00:00

Democracia y libertad

La noche del domingo pasado, una vez conocido el triunfo de Chávez, fue muy entretenida en las redes sociales. Numerosos partidarios del comandante hablaban muy bien de la democracia venezolana, de elecciones ganadas sin fraude, de la legitimidad del gobierno de Hugo Chávez, y de los 6 años de mandato que le esperan, que llevaran a 20 años su gobierno en Venezuela.

Y otros muchos, entre quienes me cuento, saludábamos también una jornada verdaderamente democrática y un conteo electrónico sin fraude pero nos lamentábamos de que la reelección indefinida y los largos mandatos fomentaban un personalismo tan agudo como innecesario. Y máxime cuando el ejercicio de ese gobierno tan personal estaba signado por el desconocimiento del estado de derecho, de la separación de poderes, de la libertad de expresión, de varias libertades individuales, por el desprecio del “adversario” a quien se veía como “enemigo”. No son estos elementos propios de un país democrático, pues la democracia no se limita al día de las elecciones sino que se construye día a día respetando estos principios y aplicando políticas que ayuden al crecimiento económico, al desarrollo social y a la igualdad de oportunidades. De ahí, la importancia que tiene una educación extendida a toda la población y de calidad.

Muchos respondían: ustedes no son demócratas porque no aceptan el resultado de las urnas. Ha hablado el soberano. Como no les gusta Chávez, dicen que no hay democracia en Venezuela. En realidad, lo que hay en Venezuela es una gran confusión entre democracia y libertad, entre legitimidad de origen del poder y legitimidad de ejercicio del mismo. El gobierno puede ser elegido democráticamente, en elecciones limpias (aunque el peso del estado haya estado a favor del candidato oficial) pero luego ese mismo gobierno desconoce derechos de las minorías, separación de poderes, estado de derecho, independencia judicial. Sin estos elementos, no hay libertad. El gobierno habrá sido elegido legítimamente pero ejercer su poder en forma ilegítima. Es la diferencia entre la legitimidad de origen y la de ejercicio: habrá democracia (elecciones libres y sin fraude) pero no hay libertad (estado de derecho, separación de poderes, garantías constitucionales).

De modo que no es tema de si a uno le gusta o no Chávez (cada cual opinará lo que le parece pues la libertad es libre) sino de cómo Chávez ejerce el poder que recibió en las urnas. Si no respeta a las minorías, si no respeta los derechos individuales, si abusa de su poder, entonces pierde su legitimidad y se convierte en un autócrata.

Y esto no tiene nada que ver con ser de derecha o de izquierda. Hay muchos gobiernos de izquierda en la región, electos democráticamente y que respetan las garantías individuales y la separación de poderes: Chile, Brasil, Uruguay, Perú tienen gobiernos de izquierda que respetan las reglas del juego democrático. Se podrá disentir con algunas políticas que aplican pero no se los puede considerar antidemocráticos: ejercen su poder con legitimidad. Y hay otros gobiernos de izquierda que, habiendo sido elegidos democráticamente, ignoran el estado de derecho, o la libertad de expresión o la independencia judicial.

Es importante, pues, no confundir el origen con el ejercicio de la democracia. De lo contrario, bajo el manto de un origen democrático se puede desconocer elementos fundamentales de la vida en una sociedad libre. Y esa es una vida que no vale la pena ser vivida. Habrá que cambiarla, como intentó Capriles y lo volverá a intentar, o votar con los pies, como en Cuba.


Comentarios