"La gran emperatriz oriental". Así describen algunos historiadores a Roxelana, la esclava que conquistó el corazón de Solimán "el Magnífico" y se convirtió en sultana.
Su gracia, inteligencia y sobre todo astucia influyeron en la voluntad del sultán que gobernó el Imperio otomano entre 1520 y 1566, expandiendo su poderío por Europa, Asia y África.
Pero ¿quién fue esta mujer que consiguió quebrar varias reglas de la época? ¿Y cómo logró liberarse de la esclavitud y convertirse en poderosa?
Se estima que Roxelana, también conocida en Occidente como Roxolana, Roxana o la Rossa, por su cabello color rojizo, nació en 1500 y murió en 1558.
En Oriente se la conocía como Hürrem que se podría traducir como "alegre" o "sonriente", pero su verdadero nombre se presume fue Anastasia Lisowska, según la estadounidense Leslie Pierce, autora de "El harén imperial: mujeres y soberanía en el Imperio Otomano" (The Imperial Harem: Women and Sovereignty in the Ottoman Empire).
Era hija de un humilde sacerdote de la iglesia ortodoxa y llegó al harén de Solimán siendo una adolescente tras haber sido secuestrada en territorio que en la actualidad corresponde a Ucrania y vendida como esclava en Estambul.
Los pocos registros que hay sobre la apariencia física de Roxelana coinciden en asegurar que era una mujer bella aunque sí graciosa. La llamaban La Gozosa.
"Mientras que las leyendas y fuentes ucranianas y polacas ensalzan la belleza de Roxolana que conquistó al poderoso sultán, informes venecianos sostienen que ella no era particularmente hermosa sino más bien pequeña, elegante y modesta. La sonrisa radiante y el temperamento juguetón la hicieron irresistiblemente encantadora", describe Galina Yermolenko, profesora de inglés en la Universidad DeSales, de Pensilvani, Estados Unidos y autora de "Roxolana: la gran emperatriz oriental" (Roxolana: "The Greatest Empresse of the East").
Y rápidamente se convirtió en la favorita del sultán.
"Se casó con ella, la llevó a vivir en sus habitaciones en el legendario Palacio Topkapi, centro de la vida política, la hizo madre de seis de sus hijos y la convirtió en su principal consejera", describe Daniel Samper Pizano, en su libro "Camas y famas, las más raras y genuinas historias de amor".
Que un sultán contrajera matrimonio con una esclava se trató de un acontecimiento extraordinario para la cultura y la época.
Así que Solimán, un sultán con un harén de cientos de mujeres, se convirtió en monógamo, ya que prometió amor y no tener relaciones sexuales con ninguna otra mujer.
Pero no todo fue color de rosa ni hay inocentes en esta historia.
El poder del sultán
El Palacio Topkapi en Estambul fue escenario del amor entre Roxelana y el sultán Solimán.
Si alguien puede llamarse "el Magnífico" es Solimán. Acumulaba una gran cantidad de títulos y su imperio abarcaba territorios en tres continentes.
"Sultán de los Otomanos, diputado de Alá en la Tierra, Señor de los Señores de este mundo, Poseedor de los cuellos de los hombres, Rey de creyentes e incrédulos, Rey de Reyes, Emperador de Oriente y Occidente, Majestuoso César, Emperador de los Chakans de gran autoridad, Príncipe y Señor de la más feliz constelación, Sello de la victoria, Refugio de todas las personas en todo el mundo, la sombra de la omnipresente dispensación silenciosa en la Tierra", enumera el historiador Jem Duducu, en un artículo de BBC History Magazine.
Y siendo tan poderoso, era de suponer que Solimán ya tenía una mujer favorita cuando Roxelana llegó al harén.
Mahidevran Gülbahar era su concubina con quien ya tenía un hijo: Mustafá.
Todo parecía indicar que él sería el heredero del trono (si Roxelana no se lo hubiese impedido).
Azulejos del Palacio Topkapi, Estambul.
Un sultán poeta
Tal vez otro dato sorprendente de Solimán "el Magnífico" era que tenía debilidad por la poesía. Pero no solo en leerla sino en escribirla. Y su musa inspiradora fue muchas veces su amada Hürrem.
A continuación unos versos de un poema que le escribió a Roxelana y que el escritor Samper Pizano tradujo.
"Me he convertido en soberano del mundo
plantado ante tu puerta como un pobre vagabundo.
Mi amor vuela debajo de mi piso
cual ave del paraíso".
Haciéndose lugar
Solimán rompió muchas reglas con Roxelana. Casarse con ella fue la más importante.
Poco a poco, Roxelana se las arregló para alejar a los amigos y familiares cercanos que aconsejaban a Solimán. Uno a uno fueron cayendo.
Primero se deshizo de su concubina aprovechando la rivalidad que existía entre ellas.
En un encuentro en el Palacio Topkapi, Mahidevran Gülbahar se lanzó sobre Roxelana por los celos y le arañó la cara dejándole "surcos sangrientos".
"Por la noche, Solimán pidió que le llevaran a Roxelana y ésta, hábilmente, le mandó decir que se avergonzaba de que la viera porque 'la otra' la había arañado hasta dejarla impresentable", cuenta Samper Pizano.
Roxelana no era una esposa que se conformara con el solo hecho de ser madre.
Roxelana conquistó terrenos impensados para una mujer de esa época.
Como primera dama participó en diversas actividades gubernamentales como la construcción de escuelas religiosas, un hospital para mujeres vecino al lugar donde se celebraba la compraventa de esclavas en Estambul, y en la toma de decisiones sobre temas nacionales.
"Incluso se adentró en la política exterior del sultanato, con aprobación de Solimán, que la supo utilizar como arma de simpatía y seducción para abrir puertas", dice Samper Pizano en su libro.
Durante muchos años, historiadores describieron a Roxelana a partir de prejuicios y desde una mirada "patriarcal", señala Galina Yermolenko, especialista en la vida de Roxelana, en su ensayo.
"Su inteligencia, educación, fuerza de voluntad y otros talentos le permitieron no solo sobrevivir en el populoso mundo del imperio Otomano, sino salir triunfante", dice.
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