Opinión > ANÁLISIS/ NELSON FERNÁNDEZ

Durmiendo con el enemigo imaginario

El oficialismo cree que es víctima de complot y es reactivo en vez de ser proactivo

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03 de marzo de 2018 a las 05:00

Algunos padres creían que era una señal de creatividad de sus hijos, y otros se preocupaban porque lo veían como un problema. Pero a fines los años noventa, la sicóloga norteamericana Marjorie Taylor estudió el tema en profundidad y realizó un trabajo aclaratorio sobre "el amigo imaginario" de los niños. El libro publicado en 1999 con el título de "Compañeros imaginarios creados por los niños" quitó drama a las preocupaciones y restó trascendencia a los desmesurados elogios sobre supuesta creatividad.

Entre sus conclusiones, Taylor mencionó que mediante el mecanismo de inventar un amigo y hablar de él como si existiera, los niños suelen expresar sus sentimientos propios, pero atribuidos a un tercero.

Al cumplir tres años del tercer gobierno, y al entrar en el penúltimo y clave ejercicio de este quinquenio, el oficialismo se enredó en un problema: se ha creado "un enemigo imaginario".

No es que no tenga adversarios, no es que no haya una ofensiva de malestar por razones varias; eso es cierto y parte del juego partidario. Pero no hay un "enemigo" como percibe el oficialismo, al que quiere salir a contratacar con virulencia.

Ese "enemigo", tal como se lo pinta desde el gobierno o el Frente, es una creación artificial, y lo desconcentra de su misión de fijar agenda, de marcar la cancha del debate, de ser proactivo. Y lo hace quedar en un rol reactivo, que no contribuye a mejorar su imagen.

Contar con una figura de un "adversario permanente" puede ser útil si eso es utilizado como vehículo para una estrategia.

Por ejemplo, el Frente Amplio ha dado lecciones de unidad política y eso ha sido fundamental para apuntalar su crecimiento, y llegar al gobierno, pero al pasar tiempo de gestión, esa unidad se complica por diferencias en programa de gobierno y en el camino a seguir, profundizar izquierda o mantenerse en el centro. Entonces, cada vez que percibe que la oposición avanza, ante la ofensiva real, reacciona con refuerzo de unidad y eso genera calma en la interna.

Eso podría ser un motivo para generar periódicamente la sensación de sentirse atacado, y el "enemigo imaginario" sería un recurso político para mostrar a la oposición que no es un blanco fácil, y que si lo presionan fuerte, refuerza su unidad. Y eso termina generando la percepción de que el gobierno es invencible. Pero creerse su propio cuento tiene costos.

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Estas semanas se ha visto a un gobierno y a un partido oficialista con enojo, irascible. Tanto, como para confundir adversarios con enemigos, o para calificar de desestabilizadores a movimientos de sectores que se sienten afectados por una situación adversa.

La irrupción de la protesta ruralista encontró desacomodado al gobierno, porque no lo tenía en su mapa de probables complicaciones, y porque reaccionó con estrategia zigzagueante que no ha sido comprendida ni entre sus seguidores.

Es cierto que en grupos de Whatsapp o posteos de Facebook, hay productores que proponen medidas tan radicales como despreciables, como por ejemplo la de enviar a seguro de paro a miles de obreros sólo para generar un problema al gobierno. Pero eso no es representativo de un movimiento, ni refleja una acción coordinada de enemigos.

Tener bien "mapeada" la protesta del interior y sus ramificaciones implica no generalizar, ni subestimarlo, ni negar que haya razones para que exprese descontento.

El "enemigo imaginario" sería una herramienta útil para frenar impulsos internos que generan complicación, como es la postura sobre Venezuela, la estrategia de inserción comercial y el fomento a la inversión privada y extranjera.

Pero el convencimiento de que hay una especie de complot en su contra, afecta al propio gobierno, que pierde capacidad de tener la iniciativa, y pasa a quedar en la reacción a lo que marcan otros.

La presentación del equipo económico en ACDE tuvo sentido de "respuesta", como reflejo de molestia a los cuestionamientos. No sólo respondieron a los ruralistas, sino que hasta usaron una placa de la presentación para retrucar al presidente de la institución anfitriona.

Además, la respuesta oficial y pública al movimiento del interior (productores rurales, transportistas, comerciantes, de servicios y otros) fue a través de una extensa cadena de radio y televisión, recargada de estadísticas que la gente común no registra claramente.

Sorprendió la elección del periodista Fernando Vilar para que fuera el encargado de transmitir el mensaje, porque entre otros factores, hacía diez días que había dicho "que la carga impositiva" era "un grave error" y que conocía "muchos que se han ido del país después de probar una y mil veces, y que les haya ido mal". O sea que en su repuesta al portal Ecos, daba razón a los que se quejan del costo del Estado en la producción, con el argumento de que es difícil que a un emprendedor le vaya bien.

¿Eso fue visto como un riesgo para la credibilidad del discurso?

Cuando le critican el método, contenido y figura elegidos para el mensaje, el oficialismo siente que le pegan por cualquier cosa, por todo, pero no analiza lo hecho, con sentido crítico.

El gobierno está enojado con los medios, porque siente que lo perjudican a la hora de emitir noticias. Pero no hace autocrítica de lo que transmite desde sus propios servicios, desde su sitio en internet por ejemplo. Si la gente no le entiende el mensaje de la cadena, no es por culpa de los medios.

La cámara empresarial de radios y canales de TV le facilitó el argumento de ofensiva mediática, al dar apoyo institucional a una movilización que no tenía cauce gremial, e incluso con la transmisión en vivo del acto de Durazno, lo que no se acostumbra para movilizaciones políticas fuera de horario de noticieros. ¿Pero eso lo convierte en "enemigo"?

¿Sufre el gobierno una distorsión negativa de su gestión? ¿El pesimismo económico que refleja el índice de Confianza del Consumiros (ICC) se debe a lo que transmiten los medios o a lo que siente la gente?

Es otro caso de error de apreciación y que demuestra falta de conocimiento del proceso informativo.

Ayer se conoció el indicador de anticipo de CERES que proyecta continuidad de crecimiento para enero-marzo, pero pese a eso, hay malestar. El gobierno no logra descifrar qué pasa, y adjudica todo la "mala onda" a la acción de uno o más enemigos. Y se empecina en responder, en reaccionar, en salir al cruce, en chocar; haciéndolo con expresión de enojo.

El gobierno comenzó un tramo clave de su quinquenio, en el que cada día cuenta. Distraerse con un enemigo imaginario es una pérdida de tiempo, y además no le hace bien.

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