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Echar luz sobre PISA (4)

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05 de marzo de 2020 a las 05:00

El informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o Informe PISA (por sus siglas en inglés, Programme for International Student Assessment) aporta una mirada sobre las percepciones de los estudiantes de 15 años en múltiples temáticas que hacen a su vida presente y futura. La evidencia indica que las transformaciones educativas son sustentables en la medida en que incorporan las narrativas, representaciones y aspiraciones que educadores y alumnos abrigan (Opertti, 2019).

El informe de PISA Dream Jobs? Teenagers’ Career Aspirations and the Future of Work (2020) nos permite ver cómo los adolescentes perciben el mundo del trabajo y de las ocupaciones en el período 2000-2018 que se caracteriza, entre otras cosas, por profundos cambios en las calificaciones requeridas para el desempeño de ocupaciones y tareas. Veamos algunos de sus principales hallazgos y posibles implicancias para el debate nacional sobre educación.

En primer lugar, llama a la reflexión que las expectativas de los adolescentes sobre las carreras han cambiado muy poco en las últimas dos décadas. En efecto, al 2018 y solamente tomando en cuenta los 40 países que participaron en las seis evaluaciones trianuales realizadas por PISA desde el 2000 en adelante, el 47% de los varones y el 53% de las mujeres, de 15 años, trabajan a los 30 años en uno de un núcleo reducido de 10 trabajos. Más aun, la tendencia es hacia el crecimiento de la concentración en estos 10 trabajos. Entre otros, los tres más preferidos por los varones son, por su orden, ingenieros, managers vinculados a negocios y médicos, mientras que, entre las mujeres, son respectivamente médicos, docentes y managers vinculados a negocios.

Como señala el informe de PISA, los adolescentes tienden a elegir trabajos que son esencialmente del siglo XX o más antiguos. Parecería ser que las señales de la sociedad y del mercado sobre nuevas oportunidades laborales no están captando suficientemente la atención de las generaciones más jóvenes. No obstante, lo cual, la discusión sobre las ocupaciones indica poco per se si no se acompaña de un análisis detallado de las tareas. Es importante analizar la intersección entre ocupaciones y tareas a la luz de escenarios a presente y a futuro expuestos a la creciente automatización de tareas rutinarias de baja intensidad cognitiva ejecutadas básicamente por las máquinas de aprendizaje.

Alternativamente, las ocupaciones y las tareas que personalicen los servicios con un uso intensivo de las tecnologías, direccionados por las inteligencias, las intuiciones y las emociones humanas, a medida de las expectativas y demandas de usuarios/consumidores, tendrán mayor capacidad de desarrollarse y generar nuevos puestos de trabajo. Por ejemplo, los médicos tienen que saber, por un lado, analizar, integrar y triangular datos para lograr diagnósticos/intervenciones más personalizadas y precisas, y, por otro lado, fortalecer las competencias de empatía y de relacionamiento interpersonal para entender y respetar al paciente bajo un enfoque holístico de la persona. Este caso es revelador de la simbiosis entre las inteligencias humanas y artificial para encuadrar las relaciones de complementariedad con las máquinas de aprendizaje.

En segundo lugar, el informe PISA nos advierte como las desigualdades sociales se intercalan en todo debate sobre la educación. En efecto, PISA señala que muchos adolescentes, principalmente aquellos provenientes de los sectores más desventajosos, esperan desempeñarse en trabajos que están en alto riesgo de ser automatizados. Más aun, y como otra de las caras visibles y preocupantes de la desigualdad, los resultados de PISA (2020) indican que, entre los países de la Organización para la Coorporación y el Desarrollo Económicos  (OECD), uno de cada tres adolescentes de sectores desventajosos, que logran un buen desempeño en PISA, no tienen la expectativa de continuar estudios terciarios o bien de trabajar en una profesión que requiere estudios universitarios. Una sociedad con bajas expectativas, que muchas veces se alimentan desde los propios sistemas educativos, compromete la aspiración de una educación que efectivamente llegue y sea relevante para todos. 

En tercer lugar, PISA nos advierte nuevamente que, desde la política educativa, se puede hacer cosas para orientar al adolescente en ampliar la búsqueda de perspectivas laborales. En efecto, Alemania y Suiza son dos claros ejemplos de que los jóvenes pueden acceder a un fuerte componente de orientación sobre carreras, así como de exposición a un abanico amplio de oportunidades ocupacionales existentes en el país. Esto contribuye a que adolescentes y jóvenes tomen decisiones más informadas sobre su futuro ocupacional y laboral, así como tener la posibilidad de cursar programas de alta calidad de educación técnico-profesional y vocacional desde edades más jóvenes y, asimismo, acercarse al mundo del trabajo.

Por ejemplo, Suiza dispone de una amplia oferta de educación técnico-profesional y vocacional que abarca 250 profesiones como parte de la educación media superior. Esta oferta se sustenta en un modelo de educación dual que implica básicamente una formación que integra tres a cuatro días en el lugar de trabajo, y de uno o dos días en una escuela técnica (Swiss education, 2020). Cabe recordar que Suiza figura en el quinto lugar del Indice 4.0 de Competitividad Global 2019, presentado por el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés).

Algunas puntas para nutrir el debate nacional sobre la transformación educativa. Primeramente, la imperiosa necesidad de orientar a adolescentes y jóvenes para un mundo de reagrupamientos y de nuevas configuraciones de calificaciones, ocupaciones y tareas. Asimismo, posicionar la educación técnico-profesional, en el nivel medio superior y coordinado con el terciario, como una herramienta fundamental para que el país pueda dar un salto cualitativo en equidad social, oportunidades educativas y en competitividad. Finalmente, la educación técnico-profesional y vocacional no se contrapone a la educación secundaria, sino que son complementarias en la formación de la persona y de la ciudadanía. Todo joven debería cursar un componente de formación de educación técnica independientemente de las opciones que realice en la educación media tal como señala el Libro Abierto de EDUY21 (2018). 

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