Entre la emergencia por el agua y los mensajes explosivos de Guido Manini Ríos contra el presidente Luis Lacalle Pou y su entorno de Torre Ejecutiva, puede que haya pasado desapercibido o que no se haya hecho hincapié suficiente en el informe educativo Aristas que da cuenta de una situación preocupante.
Parece que a veces lo urgente tapa lo importante, y por eso decidí en esta Newsletter Enclave hacer foco en la educación, de suma importancia para el futuro del país. En medio de una reforma educativa y de la promesa del gobierno de dar un golpe de timón en el tema, aparece esta prueba que lejos de mostrar mejoras, muestra peores resultados y que se han profundizado las diferencias entre los más pobres y los más ricos.
Datos preocupantes
El informe Aristas, del Instituto de Evaluación Educativa, se hizo por segunda vez este 2022, luego de 2018, entre estudiantes de 3° de Ciclo Básico (o 9°, según el nuevo plan). La conclusión clara de la prueba, que evalúa en lectura y matemáticas, es que los estudiantes con más carencias están peor. Los de contexto más desfavorable están peor que en 2018 y eso hace que las metas que había puesto la ANEP se alejen.
En lectura, la ANEP se había propuesto bajar de 23% a 21% la cantidad de estudiantes que no logra entender lo que lee, y aumentó a casi el 25%. En matemática, el 66% de los estudiantes no alcanzó el nivel básico cuando la meta de ANEP era reducir esta proporción al 62%, respecto al 63% de 2018.
Pero las malas noticias no terminan ahí porque también se duplicó el porcentaje de alumnos que dejaron de asistir al liceo o UTU (de 2% a 4%), se detectó un deterioro en las habilidades socioemocionales y respecto a la inseguridad, todos los valores aumentaron (¡la que tuvo mayor aumento es la de los baños! Más de 24% dice sentirse “poco” o “nada” seguro dentro del baño de la institución en la que estudian)
El presidente del Codicen, Robert Silva, admitió que Aristas “vuelve a ratificar” que “la educación del país tiene severos problemas”, “pandemia de por medio”, agregó.
El director de Ineed en representación del Partido Nacional, Guillermo Fossati, ratificó el peso de la pandemia en los resultados. Escribió esta semana en su columna de El Observador que los evaluados son estudiantes que cursaron los dos primeros años del ciclo básico durante la pandemia y que ese período muestra un retroceso en el progreso en materia de aprendizajes con respecto a años previos, aunque también apuntó a un gran debe histórico con esos estudiantes.
El director de Ineed por el Frente Amplio, Daniel Caggiani, dijo que aunque los efectos de la pandemia iban a estar, Aristas no evaluó la pandemia, y atribuyó los malos resultados a otras políticas que no son educativas, como "el retiro del Estado del territorios" y a la falta de articulación con otros actores.
Más allá de las distintas visiones, los diagnósticos están claros. Lo que se precisa son decisiones políticas, concreciones y también recursos. El gobierno decidió priorizar en esta Rendición de Cuentas la salud mental, y está bien, porque es un tema que también abarca a los estudiantes comprendidos en Aristas. Pero no le asignó recursos a la ANEP, lo que resulta muy llamativo en pleno proceso de transformación educativa.
En qué están Silva, Da Silveira y la transformación educativa
La transformación educativa es necesaria y como todo gran cambio es de largo aliento, por lo que no se puede pretender que ya estén los resultados a la vista, pero sí se puede sacar conclusiones de la marcha de ese proceso, en los que hay algunos puntos a señalar.
El anuncio de este gobierno de darle un rol preponderante al Ministerio de Educación con una reforma educativa en puerta hacía pensar que el ministro Pablo Da Silveira jugaría un papel central, máxime cuando había sido el coordinador del programa de gobierno de Lacalle Pou y muy cercano al presidente. Sin embargo, prácticamente no ha aparecido en la escena pública vinculado a la reestructura. El que se lleva todos los focos de la transformación educativa es Robert Silva, el presidente del Codicen. El gobierno le ha dado pista en el tema.
Camilo dos Santos
Presidente del Codicen, Robert Silva
Actores de la educación de todos los partidos señalan como un obstáculo a la reforma educativa la gestión excesivamente centralizada en la persona de Silva y que eso se mezcle con sus aspiraciones electorales.
Lo que pasó esta semana con el consejero del Codicen por el Partido Nacional, Juan Gabito Zóboli, que terminó tomando licencia por tiempo indeterminado, tiene mucho que ver con eso. El fusible que saltó fue el de las distintas visiones sobre si alargar o no las vacaciones para cortar con la diseminación de virus respiratorios, pero las diferencias venían desde antes y por otros temas vinculados al estilo de conducción del organismo.
No hay dudas de que el presidente del Codicen trabaja y mucho (quienes lo conocen aseguran que es obsesivo y sistemático) pero el problema está en que la necesidad de tener resultados para mostrar en una nada lejana campaña política puede atentar contra la reforma si se apuran ciertos procesos.
Por ejemplo, en lo que son los programas de estudio con los que hay que cumplir y la falta de consulta a los docentes. Este último es uno de los puntos en los que ha tenido diferencias con Gabito, quien entendió la necesidad de incluir a las Asambleas Técnico Docentes desde el inicio en el diseño de los cambios curriculares.
Otros docentes consultados señalaron otros aspectos que aún están débiles en la transformación, como las condiciones de trabajo, para que los docentes tengan tiempo de coordinación y materiales para trabajar.
Juan Pedro Mir, experto en educación y alejado de la política, destaca que aún persiste el desafío de involucrar a las familias y a la comunidad, así como darle mayor valor a las actividades socioeducativas, y a la actividad deportiva.
Y me acordé de algo que esta semana me contó una amiga. Su hijo adolescente se había ido del liceo. Casualmente miró una aplicación que identifica la ubicación del celular y vio que estaba en su casa. Lo llamó desde el trabajo y le hablaba bajito, simulando estar en clase. Llamó al liceo a preguntar por su hijo. Averiguaron y luego de un rato le dijeron que un docente “lo vio irse”. Nada que no hayamos hecho en la adolescencia, pero igualmente la madre se indignó con los docentes, primero porque no lo frenaron al verlo irse y luego porque no le avisaron a ella.
Si a mi amiga, que es una madre presente en la educación de su hijo y con medios para "controlarlo”, le pasa esto, qué pasará en otros contextos donde no existen ni medios ni posibilidades, o hay cierto desinterés por saber dónde están los hijos.
Es cierto que toda reforma traerá resistencias, que los procesos requieren tiempo de ejecución y a su vez ritmo para no frenarse, pero no se puede olvidar tampoco en este campo que lo urgente no puede estar por encima de lo importante.