Edward John David Redmayne. Suena distinguido, y el hombre que lo porta es distinguido. Su bisabuelo era un ingeniero civil que llevaba el título de sir y su padre es un hombre de negocios millonario.
Eddie, como se lo conoce, se formó en algunas de las instituciones educativas más importantes de Inglaterra. Tras pasar por Colet Court, un antiguo preparatorio de Londres, se fue al Eton College, un internado establecido en 1440, de los más prestigiosos y exclusivos de Gran Bretaña.
Alí fue compañero de clase de su colega Tom Hiddleston (Loki en la saga de películas de Marvel) y de nada menos que el príncipe Guillermo. De allí partió al Trinity College, parte de la prestigiosa Universidad de Cambridge, donde se licenció en Historia del Arte.
Todo esto, junto a la educación teatral que tuvo desde pequeño, marcan que Eddie Redmayne tiene una formación amplia en actuación, algo que le ha garantizado tener las habilidades necesarias para triunfar en Hollywood, pero también le ha valido reproches de parte de quienes consideran que tuvo ventajas económicas para recibir la formación que le fue otorgada, una crítica que también se le hace a sus colegas y compatriotas Rosamud Pike y Benedict Cumberbatch, contra quien compitió en la noche de ayer.
Tras su etapa en el teatro, Redmayne dio el salto a la televisión, donde, por ejemplo, actuó en la adaptación de Los pilares de la Tierra, el best seller de Ken Follet, y al cine, participando en películas como El buen pastor, Elizabeth: la edad dorada y Les Miserables. Si bien es un actor que ha representado diferentes papeles, varias de sus primeras labores eran en dramas históricos.
Si bien Redmayne no tiene una carrera demasiado extensa en el cine, se ha asentado rápidamente en el mundillo de Hollywood, consolidándose definitivamente con su trabajo en La teoría del todo, donde encarna al reconocido físico Stephen Hawking.
Su trabajo es el principal pilar en el que se sustenta la cinta, que se centra en su relación con su exesposa Jane Wilde, y las complejidades que acarrea para la pareja la enfermedad que aqueja al científico, una variedad de la esclerosis lateral amniotrófica (ELA) que le fue quitando la movilidad primero, y luego el habla.
Esto hace que el actor recurra primero a su balbuceante diálogo y luego a detalles como su mirada para transmitir emociones, algo que Redmayne logra sin dudas, lo que hace este Oscar un premio merecido. La adaptación de Hawking es creíble y acertada, además de tratarse de un personaje querible y humano, con una historia compleja marcada por la enfermedad, de las que a la Academia (y, para qué mentir, al público) le gustan y le atraen.
En su discurso de aceptación, y visiblemente emocionado como durante toda la jornada, el actor inglés dedicó su premio a Hawking, a Wilde, a Jonathan Hellyer (segundo esposo de Wilde) y a los hijos del físico, además de a todos los enfermos de ELA. “Estoy totalmente consciente de que soy un hombre muy, muy afortunado”, manifestó.
Más allá de su reciente desliz con su rol de villano en El destino de Júpiter, Redmayne logró convencer a Hollywood de su capacidad actoral, formada en las mejores academias inglesas, forjada en el teatro británico y ahora consolidada en el cine masivo. El triunfo de Redmayne es el triunfo de la academia.