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El adiós de Carlos Muñoz

El épico relator quedará en el recuerdo de todos 

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21 de septiembre de 2018 a las 05:04

La épica hazaña de Maracaná quizá no tendría la misma perdurabilidad ni resonancia emotiva en la memoria colectiva de no haber contado con el apoyo emocional de tres de los mejores relatores de fútbol que tuvo este país: Cheto Pellicciari, Duilio de Feo y Carlos Solé, quienes hicieron un recuento detallado de cada minuto de la gesta. A lo largo de los años, en diferentes épocas, Uruguay ha dado al mundo algunos de los mejores relatores de todos los tiempos.

Tres fueron leyendas del relato futbolístico nada menos que en Argentina, como Lalo Pellicciari, Joaquín Carballo Serantes, “Fioravanti” (1911-1989), y Víctor Hugo Morales. En las décadas de 1960 y 1970, el dial uruguayo era un lujo en cuanto a opciones de relatores de talla histórica. Solé, de Feo, Heber Pinto (su relato de la final Peñarol-River Plate el 20 de mayo de 1966 es extraordinario), y Lalo Fernández eran algunos de los genios de la voz que templaban al corazón cada sábado y domingo.

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En los setenta aparecieron otros, nuevos pero también destacados, como Víctor Hugo, Alberto Kesman y Carlos Muñoz, que entraron como suplentes y pronto se convirtieron en titulares de otra época dorada del relato, con el apoyo de los comentaristas Juan Carlos Paullier, Amadeo Otatti y Enzo Ardigó (1910-1977), respectivamente, este último leyenda en la radiotelefonía argentina cuando llegó a acompañar a Muñoz, quien por entonces era Carlitos Muñoz. Cómo sería de fenomenal la dupla Muñoz-Ardigó, que le hicieron sombra a Víctor Hugo e incluso por un tiempo llegaron a eclipsarlo.

Fioravanti, Lalo Pellicciari y Víctor Hugo Morales triunfaron como los grandes relatores de Argentina

Todos los fines de semana, fuera o no al estadio, sintonizaba a Muñoz y Ardigó en Radio Sur, los cuales coincidieron con el reinado de Fernando Morena. El dúo tenía gran dinámica, precisión y convicción para relatar y comentar los partidos, algo que pocos consiguieron igualar, antes ni después. La emoción que lograban imprimir a la trasmisión venía acompañada de ecuanimidad y de una poética sobriedad que quedaban resonando incluso después de terminado el partido.

Cuando lo mejor estaba por venir, Ardigó murió de un infarto, en Montevideo. Muñoz siguió en otras radios, relató en Argentina, y días atrás anunció que la hora del retiro ha llegado. Su nombre perdurará en la selecta lista de los mejores, lo cual no es poco decir en un país que ha tenido relatores excelsos.

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