El adjetivo “gil” es de uso casi exclusivo de Uruguay y Argentina, y los diccionarios de lunfardo proponen los siguientes sinónimos: imbécil, bobo, estúpido, idiota, majadero, memo,mentecato, necio, corto, torpe, retrasado y tarado. Y nos informan que, obviamente, una “gilada” es un conjunto de giles.
Esas palabras de la jerga rioplatense acaban de convertirse en la razón de un lío interno en el Partido Nacional, ya que los seguidores de Jorge Larrañaga (Futuro Nacional) consideran que, de manera indirecta pero clara, Luis Lacalle Pou (Todos) lo trató de gil.
El asunto es así: el pasado 30 de abril en la localidad de Mariscala el precandidato presidencial del Frente Amplio, Tabaré Vázquez, criticó a la oposición recordando una anécdota de su juventud protagonizada por un amigo ya fallecido. “El Carniaca tenía dichos estupendos que se aprenden en la universidad de la calle. Y a veces cuando estábamos en el barrio y había alguna crítica a la barra porque jugábamos al fútbol en la calle, etcétera, Carniaca se arrimaba y me decía: ‘Tabita, dejá que corra la gilada´”, contó Vázquez.
Las palabras de Vázquez fueron cuestionadas por el colorado Pedro Bordaberry, el independiente Pablo Mieres y por Larrañaga. “(Vázquez) No puede descalificar a la oposición de esa manera, tratándonos de ‘gilada’; se pasa por debajo de la línea de la dignidad”, afirmó.
El jueves 8 por la noche, en Paso de la Arena, Lacalle Pou se refirió al asunto. “Yo no me siento aludido. Porque si alguien dice gilada y yo cabeceo ¿qué soy? Soy un gil. Yo la dejé pasar, yo no la vi”, dijo el diputado con una media sonrisa y despertando el aplauso de la concurrencia.
Al otro día, buena parte de la dirigencia afín a Larrañaga hizo el siguiente razonamiento: si Vázquez se refirió a la gilada y Larrañaga se dio por aludio, y si Lacalle Pou consideró que el que se da por aludido es un gil, entonces la conclusión es concluyente. “Nos dijo giles”, protestó uno de los principales allegados al líder blanco. Incluso, varios dirigentes quisieron salir a contestar, pero Larrañaga les pidió que se callaran la boca para evitar un choque con su adversario interno.
En el sector del ex intendente y senador ya habían caído pesadas una declaraciones de Lacalle Pou, en las que dijo que Larrañaga “se corrió hacia la derecha” con sus propuestas de “mano dura” a la delincuencia y su rechazo a la legalización del cultivo de marihuana.
“No voy a referirme a esas cosas. Los adversarios están afuera del partido”, dijo Larrañaga cuando El Observador lo consultó sobre esa supuesta derechización. Allegados al precandidato blanco dijeron que, en defensa de la unidad partidaria, su líder no contestará ninguna alusión de Lacalle Pou hacia su persona a menos que se trate de un ataque muy evidente.
En una recorrida por Canelones el jueves 8, Larrañaga convocó varias veces a la necesidad de evitar críticas entre correligionarios. “La gente no puede confiar en un partido en el que sus candidatos se enfrentan. Un partido debe mostrar credibilidad y confianza”, afirmó en Atlántida.
Por eso, cuando Lacalle Pou dijo lo que dijo sobre los giles y la gilada, en Futuro Nacional sintieron que su correligionario se había pasado de la raya y lo valoraron como un paso hacia la desunión de los blancos.
Está visto que las palabras en los tiempos electorales adquieren un filo especial. Y todavia faltan 21 días para las internas.