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El aire huele a venganza

Prudencia y coraje ante los fallos de abuso y violencia doméstica

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05 de noviembre de 2017 a las 05:00

Si en cualquier aspecto de las relaciones sociales el péndulo se va mucho hacia un lado durante demasiado tiempo provocando injusticias, cuando regresa y va hacia el otro lado, suele generar injusticias similares, a veces peores, porque el envión viene cargado de encono, de venganza muchas veces disimulada y otras no tanto.

El trato que la sociedad le ha dado a las mujeres puede ser un caso paradigmático. Disminuidas en sus escalas salariales, afectadas especialmente por la pobreza y violentadas por el "sexo fuerte" sin que ello ganara un lugar preponderante en la agenda.

La corporación feminista se hizo fuerte en el contexto de la aprobación de una agenda de derechos que suele obviar el principal de los derechos humanos agredidos, que es el derecho a una vida ajena a la pobreza.

Las leyes de violencia doméstica vinieron a inclinar en extremo el péndulo y cualquier experto con una visión imparcial es consciente que ante la Justicia los hombres sufren hoy una discriminación que rompe los ojos.

Basta que una mujer denuncie a un hombre de ejercer violencia contra ella y sus hijos para que, sin necesidad de confirmar la veracidad de la denuncia, el hombre sea separado de sus hijos. Sanción sin pruebas. O a veces con unas pericias hechas por personas de dudosa solvencia.

Cuando la denunciada es la mujer y debe abandonar el hogar, se establecen condiciones, como dinero para un alquiler. Si es el hombre quien va a la calle lo hace sin un peso en el bolsillo. Al albergue. ¿Igualdad ante la ley?

Esta semana se dio a conocer el caso de un hombre que estuvo preso 14 meses acusado por la niñera de sus hijos de abuso. Un tribunal lo consideró inocente. La esposa, que fue procesada por cómplice, no marchó a la cárcel. Diferencias.

Y hay grupos radicales que celebran estas injusticias porque aunque sean para ellas victorias pírricas, se anotan un poroto y siguen recibiendo fondos.

Un sociólogo de esos que hace buena letra con esta militancia calificó de "gran victoria" el fallo judicial que concedió a una mujer y a su hija la posibilidad de permanecer en Uruguay mientras se procesan las denuncias contra el padre español que supuestamente las violentaba.

No hay ninguna prueba que culpe al hombre y mucho menos un fallo judicial. Pero este sociólogo-militante, desde su ignorancia del caso y desde su ignorancia pura y dura, califica de fantástico un fallo que en breve la Corte puede revertir. ¿Qué dirá si lo revierte?

Para entonces habrá una nueva campaña de presiones bajo la consigna de que "fulana no se va". Como las presiones que hubo sobre parlamentarios que no estaban a favor de aumentar penas pero que ante lo políticamente correcto no solo las aumentaron para el delito de femicidio sino que aceptaron la brutalidad conceptual de que es más grave asesinar a una mujer que a un hombre o a un niño. La presión funciona.

Y no hay grupos de niños que golpeé las puertas del Parlamento.

Pero no debo escupir para arriba. Cuestioné en redes sociales el fallo que envió a prisión por 14 meses a este padre acusado por la niñera. Sin embargo, el fiscal de la causa está convencido de lo que hizo y llevará ante la Corte de Justicia el pronunciamiento del tribunal de apelaciones que liberó al hombre. Este juicio no terminó.

¿Y si aparecen pruebas que muestran que el padre estaba bien preso? ¿Qué hago con mis cuestionamientos iniciales? Tendré que hacer lo que el sociólogo-militante seguro no hará si el caso de la niña y España le dan la razón al padre porque los militantes siempre tienen la razón: tendré que pedir disculpas a los magistrados involucrados.

Quizás debí callarme, porque estos asuntos íntimos son sensibles, delicados, se juega en ellos no solo la libertad sino el buen nombre de la gente, la vida misma de niños y niñas. Mientras que desde la tribuna una horda con intereses diversos aplaude o abuchea como si se tratara de un partido de fútbol. Gritando, tratando de cobrar venganza por tantos años de olvido o desidia.

En estos momentos donde la Justicia se muestra esquiva, brumosa, con ribetes de venganza, hace falta prudencia y coraje. Coraje para enfrentar a las corporaciones aunque sigan gritando "misógino" a los cuatro vientos. Coraje para meternos en asuntos íntimos antes de que la sangre llegue al río y no después cuando no hay justicia que devuelva la vida a nadie.

Y prudencia para opinar ante fallos judiciales que tienen que ver con los asuntos más delicados que un ser humano tiene en su vida, sus hijos, su libertad, su dignidad. Prudencia para no festejar un fallo judicial como si fuera un gol, y coraje para enfrentar a los inmorales, inconscientes e ignorantes que se toman así la vida.

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