14 de enero de 2013 17:50 hs

Las Gallery Nights replican en el este uruguayo un concepto que se puso de moda hace unos años en Buenos Aires: conjugan una recorrida por una serie de galerías de arte de determinado barrio con la degustación de una copa de bienvenida, generalmente de champaña o cerveza.

Pero la merma notoria en la cantidad de turistas en esta temporada que se ve por las calles de Punta del Este entre semana (los fines de semana, la afluencia de montevideanos desborda la península y adyacencias) también afectó a las Gallery Nights, que han reducido su público con respecto a ediciones anteriores.

Si la recorrida parte desde la estación Ancap de La Barra en dirección este, antes del repecho de la ruta 10 ya se ven varias galerías y talleres para visitar. La de Lara Campiglia, la de Ignacio Zuloaga (donde predomina como figura rectora una cuadro de tamaño natural de José Artigas en la puerta de la ciudadela d’apres Juan Manuel Blanes), y las que forman un conglomerado en el Paseo de la Barra. Pero lo que se ve cada viernes es desparejo, y las propuestas supuestamente artísticas se mezclan a veces con otras más explícitamente comerciales como la venta de carteras, antigüedades u objetos de diseño. En esos momentos, el arte también deja el lugar a la artesanía. En esa mezcolanza conviven creadores en la búsqueda de una identidad artística y señoras con apellidos rimbombantes que disfrutan sus años de jubilación con una paleta y un pincel. Es el ojo del paseante en las Gallery Nights el que debe hacer la separación.

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Dentro de las muchas propuestas del Paseo de la Barra sorprende por ejemplo la del fotógrafo uruguayo Roberto Fernández Ibáñez, quien vive en Solymar pero desde hace seis años ocupa un espacio en La Barra.

En su taller Blanco y Negro, Fernández Ibáñez expone sus diferentes series de fotografías, donde maneja un lenguaje conceptual y por momentos abstracto, donde la particularidad de las técnicas propias de revelado hacen que en el intento de reconocimiento de la realidad surjan nuevos hallazgos. Fernández Ibáñez también escribió un tratado de fotografía y alquimia, y ha experimentado con fórmulas para modificar las emulsiones de plata de los negativos, logrando nuevas tonalidades. “A veces los procesos de revelado duran una semana”, dice.

Siguiendo con el recorrido se puede llegar a la tradicional Galería Sur, que tiene en sus paredes obras de artistas como José Gurvich, Wilfredo Díaz Valdés y Hugo Sartore.

En un viejo chalet de Manantiales tiene su atelier el pintor Gustavo “Pollo” Vázquez. Un par de esculturas suyas (unas palas pintadas y pegadas encima de trozos de madera) fue de lo más destacable que vio este cronista.

La historia de esas esculturas la relata el propio autor. “Eran unas celosías de pinotea que rescaté de un contenedor cerca de mi taller en Ciudad Vieja. Las ensamblé con unas palas con rostro de mujer. Son obras que no mostraba y ahora decidí exponer”, dice Vázquez.

Sobre el final del recorrido –siempre hacia el este– Galería Del Paseo tiene un muy buen local pero no demasiada cantidad de obras expuestas. Se ve una obra de Nelson Ramos, una obra de Ignacio Iturria, una obra de Fidel Sclavo, entre otras de artistas contemporáneos europeos.

El público que se ve es variopinto, compuesto sobre todo por turistas, sobre todo argentinos. Pero tampoco es difícil escuchar hablar en otros idiomas mientras se recorren las distintas galerías. Si bien es cierto que en muchos casos prevalece la avidez por encontrar la copa de burbujas antes que ver las obras que están expuestas, hay algunos que se toman el trabajo de contemplar los cuadros y sentir la emoción de esa experiencia.

El uruguayo no compra
Las Gallery Nights también pueden transformarse en la posibilidad de una venta para los artistas que exponen. “A veces la venta no es inmediata. Estos viernes son una buena vidriera para el público, porque se genera mucha interacción. Para mí es importante porque la gente no está habituada al lenguaje fotográfico. Es una linda chance de promover el espíritu crítico. Para cambiar eso que sucede a veces, cuando algunas personas pasan por acá y dicen: ‘ah, no, son fotos’, como si pertenecieran a un mundo inferior del arte”, dice Fernández Ibáñez, quien reconoce que en seis años solo tuvo tres clientes uruguayos. Europeos y estadounidenses han sido sus compradores mayoritarios.

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