26 de agosto de 2017 5:00 hs
Por Declan Walsh, Raphael Minder, Eric Schmitt y Rukmini Callimachi, The New York Times New Service

Durante más de una década, España parecía inmune a los casos de violencia islamista ocurridos en otros países europeos donde los jóvenes radicalizados –en su mayoría con antecedentes como inmigrantes pobres– perpetraron ataques devastadores con bombas, rifles o vehículos.

Las fuerzas de seguridad españolas tienen una buena reputación como operadores efectivos para el antiterrorismo, puesto que ese país es un atractivo punto de entrada para los yihadistas por su larga costa del Mediterráneo y la cercanía con Marruecos.

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La ilusión de ser un lugar seguro ante el extremismo islamista quedó destrozada el pasado 17 de agosto cuando una camioneta aceleró sobre las Ramblas de Barcelona y dejó a su paso un rastro de cuerpos y más tarde, en Cambrils, al sur de la capital catalana, cuando un Audi 3 atropelló a seis personas..

Las autoridades buscan entender cómo fue que un grupo que incluía adolescentes sin antecedentes terroristas pudieron planear un ataque coordinado en un país que durante mucho tiempo había combatido los atentados de manera efectiva.

"Para los yihadistas, España todavía está en la primera línea de ataque", dijo Bruce Hoffman, profesor de la Universidad de Georgetown y experto en terrorismo.

Desde 2004, cuando estallaron las bombas en la estación de trenes de Atocha en Madrid y murieron 191 personas, España había frustrado una larga lista de planes islamistas; incluso en Barcelona.

En ese período, fueron arrestados más de 700 sospechosos de extremismo, según el Ministerio del Interior de España.

Esa lista incluye a paquistaníes que planeaban atentados suicidas en el metro de Barcelona en 2008; una célula terrorista en Melilla, al norte de África; y nueve hombres en su mayoría marroquíes detenidos en abril por vínculos con los ataques de marzo de 2016 en el aeropuerto y metro de Bruselas.

El año pasado, las autoridades también frustraron un posible plan para atropellar a personas con una camioneta, como había sucedido en Niza e interceptaron un embarque de 20 mil uniformes dirigidos a yihadistas en Irak y Siria.

"Las autoridades españolas están en buena forma en toda Europa", dijo Matthew G. Olsen, exdirector del Centro Nacional Antiterrorismo estadounidense. "Me da la impresión de que han sido muy exitosos al identificar e interrumpir ataques".

Después del atentado de marzo de 2004 en Madrid, los españoles recurrieron a su experiencia de décadas de combate al movimiento separatista ETA y aprobaron leyes que ayudaron a desarticular las células radicales.

Sin embargo, a veces, la suerte influye en el antiterrorismo y, el 17 de agosto, esa suerte se le terminó a España. Es que algunos de los jóvenes implicados en los ataques de Barcelona y Cambrils todavía eran adolescentes y los investigadores creen que llevaban una doble vida; a lo largo de un año planearon los atentados en una vivienda de Alcanar, en la que preparaban explosivos y donde dos de ellos –incluido el cerebro del grupo– murieron unos días antes .

Fue un recordatorio del reto que enfrenta Cataluña como región que se volvió un foco cada vez mayor del extremismo islamista.

En esa ciudad residen un cuarto de los dos millones de musulmanes que viven en España, lo que ha atrajo cada vez más migrantes musulmanes desde Marruecos, Argelia y el sudeste asiático.

Sin embargo, tienen problemas de integración y a muchos les han atraen las mezquitas salafistas que surgieron en pueblos y ciudades pequeñas de la zona.

En un cable diplomático de 2007, por ejemplo, funcionarios del Departamento de Estado alertaron que el área se había vuelto un "imán para reclutadores terroristas" debido a la alta población de inmigrantes musulmanes masculinos.

"Hay algo de historia ahí", dijo Lorenzo Vidino, director del Programa sobre Extremismo de la Universidad de Washington y autor de un estudio sobre el salafismo en Cataluña.

"Si te fijas en un mapa, en España tampoco se vio un surgimiento tan marcado de movimientos políticos de línea dura y antimusulmanes" que existen en otras partes de Europa.

Unos 200 españoles viajaron a Siria e Irak para sumarse al EI, pero eso es apenas una fracción de los cientos de británicos o franceses que hicieron lo mismo.

No obstante, España tiene un atractivo simbólico para los islamistas debido a su historia de un califato y la presencia musulmana entre los siglos VIII y XV en Al-Ándalus; en sitios web de extremistas hay referencias a los deseos de regresar a ese territorio musulmán medieval. Pese a los esfuerzos de integración, España se enfrenta a corrientes extremistas en sus comunidades marroquíes.

El problema está relacionado a la relación histórica combativa entre España y Marruecos, de donde proviene la mayoría de la migración musulmana. De hecho, casi todos los sospechosos de los ataques en Barcelona y Cambrils fueron identificados como marroquíes o de ascendencia marroquí.

Más de 1.600 marroquíes se sumaron al Estado Islámico en Siria y Libia, de acuerdo con las autoridades de Marruecos, y los expertos en seguridad creen que todavía hay cientos de simpatizantes del grupo extremista en territorio marroquí.

El antiterrorismo español depende mucho de la cooperación con las fuerzas de seguridad marroquíes.

Un experto dijo que estas últimas se infiltraron y tienen una fuerte presencia en comunidades migrantes de toda Europa por medio de informantes, pese a que algunos grupos de derechos humanos expresaron reservas sobre sus métodos.

El gobierno español redujo gastos en otras áreas, pero aumentó personal y presupuesto para sus servicios de inteligencia. La legislación antiterrorista también permitió detener a sospechosos antes de posibles ataques terroristas.

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