Un gusto amargo dejó no solo el resultado del encuentro, sino la forma en la que jugó Peñarol ante Santos el pasado miércoles, hipotecando gran chance de su futuro en el certamen.
Pero mientras haya vida, hay que creer en este equipo que ha demostrado que no se achica jugando como visitante.
Peñarol mostró cosas positivas y negativas, como en todos sus encuentros, pero esta era la final y no había margen para el error. Esa era la pequeña gran diferencia entre un partido normal y esta definición para el infarto.
El plantel que dirige Diego Aguirre tiene muy claro que ahora vendrá la gran definición, que será en Pacaembú, lugar de gloria aurinegra en 1961 cuando le ganó la final de la Copa a Palmeiras (tras igualar 1-1), en donde se verán los pingos.
El batacazo se logra con un cambio de cara
Peñarol tendrá que plantear un juego inteligente en Pacaembú para intentar conseguir el título; algunas individualidades claves deberán mejorar bastante su rendimiento