Alberto Rodríguez, un pintor español emigrado a Francia, llevaba al menos 15 años muerto en su cama cuando fue descubierto en una casa del centro histórico de la localidad francesa Lille. Todavía vestía un pijama gris de rayas.
A los vecinos empezaba a parecerles extraña esta vivienda de estilo art déco siempre cerrada e invadida por telas de araña y con ventanas rotas. Cuando los agentes del ayuntamiento entraron en la casa, alertados por una vecina por problemas de filtraciones, el pasado 19 de octubre, hacía por lo menos 15 años que el anciano dormía en su habitación.
Al lado de la cama se encontraron las últimas cartas recibidas en el número 9 de la calle Saint-Jacques. Una de ellas fue enviada el 15 de enero de 1997 por la Tesorería de la Seguridad Social. El 6 de febrero llegó la tarifa de la luz. También se halló una tarjeta de la Seguridad Social a nombre de Alberto Rodríguez, “nacido el 7 de agosto de 1921 en Santander, España”.
El agua se cortó en 1996 y la luz en 1997, y su cuenta bancaria se cerró en 1999, por falta de movimientos.
El 5 de diciembre, los médicos forenses anunciaron por fin que “unas particularidades en la nariz” permitían afirmar “con una seguridad del 99,9%” que el esqueleto era efectivamente el del propietario del lugar, informó el diario español El País.
En la habitación del difunto no se halló “ningún indicio de pelea o de allanamiento por la fuerza”, según el parte policial. Un balde recubierto de un sedimento negro al pie de la cama hizo pensar que se trató de un caso de envenenamiento, pero las pericias determinaron que Rodríguez murió enfermo, vomitando.
La muerte de Rodríguez, de todas formas, es un misterio.
El pintor era el heredero universal de Lucie Chanat, una mujer millonaria 40 años mayor que él, fallecida el 11 de noviembre de 1971.
Se ha pedido a la ciudad de Santander que busque a algún familiar -con vistas a la herencia- de este pintor, hijo de Salustiano Rodríguez y de Concepción Martínez, que llegó a Francia el 4 de junio de 1948, a los 27 años, con un permiso de trabajo. Pero hasta ahora no ha aparecido ningún rastro de Alberto Rodríguez. “La partida de nacimiento ha podido quemarse”, dijo el genealogista sucesorio Pierre Kerlévéo, a quien le apasiona el caso. “Aquel año, la ciudad vieja de Santander fue prácticamente destruida por un tornado, seguido de un incendio, que dejó a 22.000 personas sin techo”.
Sin embargo, el genealogista encontró la escritura de venta de la casa preparada por un notario para el 30 de abril de 1991. Está claro que Alberto se disponía a desprenderse de la vivienda por 350.000 francos. Pero, a las 11 de la mañana del día fijado para la firma, el pintor jubilado no se presenta ante el notario.
Un detective trata de encontrar a la compradora, una alemana nacida en 1943, pero no logra dar con su paradero. ¿Había muerto Alberto unos días antes en su cama, vestido con su pijama gris? “Un personaje esquivo, una partida de nacimiento española que no se encuentra, una mujer casada a los 18 años y que lega su fortuna a un hombre 40 años más joven que ella, una escritura de venta destinada a una alemana... Nada es normal, y todo acaba por convertirse en extraordinario”, resumió Kerlévéo.