Cuando en la noche de este viernes se anunció el ganador al mejor álbum de inspiración religiosa en los Premios Graffiti, Hernán Vallarino recordó la conversación que tuvo con Dios dos años atrás: "Si existís realmente y me sacás de este lugar, voy a cantar solo para vos".
Vallarino alcanzó el éxito y fama mundial a principios del 2000, cuando integraba el grupo Chocolate. Éxitos como "Mayonesa" pueden escucharse hasta hoy, en las principales radios y discotecas del mundo. Este meteórico ascenso al mundo del espectáculo y de la música, lo llevó a compartir escenario con los más grandes del mundo –Argentina, Estados Unidos, España– y a encontrarse con las drogas.
Así lo recordó en diálogo con El Observador, mientras sostenía en sus manos el Graffiti por el álbum Vivir es Cristo.
"Mi sueño siempre fue cantar desde niño, y tuve la bendición de poder ser integrante de uno de los grupos más grandes que hubo acá en Uruguay, que fue Chocolate 2000. Vivimos 23 países con la música. Fue hermoso. Después como solista en el año 2007, hasta dos años atrás que yo seguía cantando, hasta que yo era adicto a la cocaína, a las drogas, al alcohol".
"Eso me trajo un problema. Tenía un aneurisma cerebral y no sabía. Un día caí desplomado en el piso, sin esperanza. Los pronósticos eran realmente negros. Porque lo tenía en todo lo que era la motricidad, y los médicos me dijeron que no sabía si iba a salir de esa operación", continuó Vallarino todavía en el Hotel Enjoy de Punta del Este donde se entregaron los premios.
"Yo siempre creía en Dios. Mi madre era cristiana, pero me costaba muchísimo creer que había un dios real. Y ese día lo busqué realmente de corazón. Y en esa sala de hospital, entre la vida y la muerte le dije: 'si existís realmente y me sacás de este lugar, voy a cantar solo para vos'"
"Y eso fue lo que hice al salir del hospital, agradecerle", dijo el músico. "Grabar esta locura, el primer disco, agradecido a Dios de poder estar vivo".
"Hay decisiones que las toma uno"
"Hay decisiones que en la vida las toma uno. Nadie te obliga", dijo Vallarino sobre su camino hacia la adicción.
"Yo decidí en un momento de la vida probar las drogas. Querer saber cómo eran el alcohol y las drogas, y para mí era un escape. Me gustaba mucho los fines de semana consumir. Pero ese consumo se transformó en un problema, porque cuando me quise acordar era dependiente de eso, y me llevaba a estar de lunes a lunes consumiendo", aseguró.
"Era cocainómano y además me tomaba una botella de whisky por día. Y la verdad que realmente a lo que me llevó eso fue a la muerte literal. Me iba cada vez haciendo peor persona. Mentía, engañaba. El adicto es un enfermo", continuó.
Finalmente, reconoció que "estaba enfermo" y empezó a "buscar ayuda". "Muchos músicos se meten en adicciones y yo les digo que hay un camino y ese camino es Cristo y ese camino es Dios".
"Tengo dos hijos y ahí empecé a entender a Dios. Cuando vos le decís a tu hijo: 'no andes en la bicicleta sin manos que te vas a caer y te vas a romper la cabeza', ellos te dicen: 'no, papá, quédate tranquilo'. Y al rato pum", continuó Vallarino
"Esto es igual. Dios me llamo muchas veces con amor y yo no lo entendía. Hasta que clamé y él estaba ahí en ese lugar. Realmente me devolvió la vida porque hasta los médicos mismos dijeron que fue un milagro. Y eso es lindo, cuando Dios te saca de las cenizas", afirmó el cantante.
Además de grabarle música a Dios, Vallarino es también miembro de una iglesia en que se llama Tiempo de Victoria y que además tiene un anexo en Montevideo.
"La visión es poder predicarle a los jóvenes que están en las adicciones y en las drogas, que hay un camino", concluyó.