8 de diciembre 2018 - 5:04hs

LLa izquierda uruguaya hizo una demostración de fuerza y capacidad organizativa que fue subestimada por adversarios y analistas. El Frente Amplio realizó un gran Congreso, aprobó un Programa de Gobierno que llevó mucho trabajo técnico y labor política para acercar posiciones de partidos y grupos que piensan diferente, y para configurar cuatro precandidaturas presidenciales que muestran renovación y perfiles de abanico ideológico amplio. 

Y ahora se encamina a sancionar a varios dirigentes que incurrieron en faltas éticas, en un Plenario que busca despejar problemas que se arrastran hace tiempo, y que serían mochilas pesadas para arrastrar hacia 2019.

Así que guste o gusten las precandidaturas, se comparta o no las propuestas de gobierno, se valore como positivos o negativos algunos mensajes al electorado, es innegable que el Frente comenzó a mejorar su accionar y dio una demostración de capacidad de militancia, de trabajo técnico, de resolución política y de unidad interna.

Terminado el año, el Frente podrá decir que no está virgen de problemas éticos, pero que tiene un órgano autónomo para evaluar el comportamiento político de sus grupos, dirigentes y militantes, que no barre bajo la alfombra, y que juzga con exigencia la actuación de los suyos.

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Hay 17 fallos del Tribunal de Conducta Política, que muestran trabajo serio y estricto. Una parte de la oposición subestima al Frente, y una parte de analistas o medios de prensa se limitó a declaraciones polémicas sobre el programa, desconociendo el contenido. No es cierto que “no dice nada”; dice mucho. No es cierto que en seguridad se limite a los antecedentes de menores y la no prisión preventiva de adolescentes; hay mucho más.

Hay 17 fallos del Tribunal de Conducta Política, que muestran trabajo serio y estricto. Una parte de la oposición subestima al Frente, y una parte de analistas o medios de prensa se limitó a declaraciones polémicas sobre el programa, desconociendo el contenido.

El problema del Frente es que “vende” mal su programa, pero también hay un problema que debe asumirse en prensa y adversarios: no se puede opinar en base a un título o a un fragmento de declaración aislada.
Lo concreto es que ahora el oficialismo tiene un documento de compromiso de gestión para 2020-25 que abarca a sus cuatro precandidatos y a todos los sectores. 

El Frente Amplio nació así, con el sentido de tener un programa concreto de gobierno, un compromiso con el votante, como un diferencial respecto a los otros partidos. Regía la “ley de lemas” y cada partido podía presentarse con varios candidatos, y por lo tanto, con propuestas muy diferentes, lo que hacía que uno podía votar por una persona y una idea, y terminara favoreciendo a otra figura, y a ideas distintas y hasta incluso antagónicas.

Por eso el Frente remarcaba lo de “un partido, un candidato, y un programa”. Doce días después de firmar su acta de constitución, el Frente Amplio presentó sus “Bases Programáticas de la Unidad“, fruto de negociación de grupos diversos (17 de febrero de 1971). Más cerca de las elecciones presentó sus “30 Primeras Medidas de Gobierno” (25 de agosto).

Tras la dictadura, hicieron un actualización de aquellos textos, “Bases y Líneas fundamentales de acción y medidas de emergencia” que el Frente presentó el 9 de agosto de 1984.
Hasta entonces, los sectores de la coalición eran representados por técnicos y políticos que acordaban un plan, pero para la elección siguiente se dio una institucionalización concreta.
Tras una ruptura dolorosa (se fueron PGP-99 y PDC) y con la incorporación del MLN-Tupamaros y otros grupos, el Frente realizó su “I Congreso Extraordinario” y votó Programa.

Para 1994 tuvo una variante: Tabaré Vázquez lideró una ampliación del Frente con la creación del Encuentro Progresista, por lo que primero se aprobó un programa de gobierno por la coalición (“II Congreso Extraordinario” de 1º a 3 julio), y luego se acordó una “plataforma” más chica y acotada, menos de izquierda, con los otros grupos.
Eso se repitió para las elecciones de 1999, con las “Grandes líneas programáticas” aprobadas en el III Congreso Extraordinario “Alfredo Zitarrosa”. Y después hubo otro texto para todo el EP.

En diciembre de 2003, el IV Congreso Extraordinario, “Héctor Rodríguez” hizo el programa que luego fue usado de base para la “plataforma electoral” acordada con los socios del EP y el retornado Nuevo Espacio (99mil) con lo que se armó la “FA-EP-Nueva Mayoría”.
Eso daba un espacio de aire para Vázquez y Astori, que querían llegar a la elección con un programa que no trajera “sustos” de izquierda, sin propuestas duras de otras épocas: el Programa se aprobaba en diciembre del año anterior, y luego se acordaba un “plan” con los “asociados” que se “corría al centro”, amortiguando riesgos de “ahuyentar” votantes que no son de izquierda.
En Uruguay, al menos hasta ahora, el que gana la elección es el que captura el voto de “centro”, porque derecha y “centro-derecha” (con un 20%) e izquierda y “centro-izquierda” (menos de 30%) no son suficientes para una victoria nacional.

Por eso, el Frente edulcoraba una propuesta de izquierda y la hacía potable para voto de centro. Con la reunificación de 2005 se acabó el “EP” y la “NM” y todos quedaron dentro del Frente.
En diciembre de 2008  aprobó nuevo programa en el V Congreso Extraordinario “Zelmar Michelini” que llevó la fórmula Mujica-Astori para 2009.

Y en noviembre de 2013 aprobaron el programa para la última elección, en el VI Congreso Extraordinario “Hugo Cores”.
Este VII Congreso Extraordinario “Víctor Licandro-Susana Dalmás” fue el final de un trabajo de programa iniciado hace más de un año cuando la comisión respectiva definió los ejes temáticos y la guía de discusión en subcomisiones. Y ahora una comisión seguirá trabajando con mociones pendientes.

Y en noviembre de 2013 aprobaron el programa para la última elección, en el VI Congreso Extraordinario “Hugo Cores”.

En momentos en que la democracia y la política están cuestionadas por las gente, e incluso devaluadas, esta demostración de vida partidaria del Frente Amplio no es un hecho menor. 

Es cierto que en “las barras” del Palacio Peñarol había poco público, pero el Congreso tuvo 1.500 delegados de la variopinta composición frentista.

Y no es que dice nada, ni que está todo vago; dice mucho, pero obviamente responde a negociaciones de grupos con visiones diferentes. Eso habla de la capacidad de negociación. 

Dice cosas, por ejemplo la propuesta de medidas en seguridad social que implican derogar el sistema de capitalización de ahorros, con administradoras privadas, que rige desde 1996.
Podrá compartirse o no su contenido, e incluso la conveniencia de levantar determinadas banderas que no sintonizan con el votante de centro, pero hay un programa que dice mucho.

En seguridad, hay una propuesta de varios sub capítulos e items, que no será muy diferente a lo ya planteado en elección anterior, pero que es mucho más que lo que dijo Fabiana Goyeneche sobre menores en notas de prensa, y le criticaron.

El logro político de lo hecho en comisión, grupos técnicos y congreso, sumado a la negociación intra-partidaria, se opaca con lo que llega a la gente, lo que obedece en gran parte a una mala comunicación de la izquierda en su conjunto, y de sus dirigentes. Y eso no es menor, porque a la hora de retener votantes claves, ese mensaje le perjudica.

Comenzó a mejorar, y camina a seguir mejorando. Pero para recuperar favoritismo electoral, no es suficiente una mejora gradual, sino que precisa un salto en calidad que aún no asoma. 

 

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