28 de marzo de 2015 18:10 hs

El pasado viernes se inició una nueva edición de la Vuelta Ciclista del Uruguay, uno de los grandes eventos del ciclismo en el país. Uno de sus elementos característicos es su marcha, que en cada transmisión televisiva o radial sobre la carrera se puede escuchar, con una calidad sonora pésima y con el susurro de la púa corriendo sobre el disco de pasta oyéndose claramente. Es que esta marcha se mantiene desde su institucionalización, en 1950.

La curiosidad es que no es una composición original, sino que toma la música de una marcha estadounidense de 1931 llamada Betty co-ed (Betty la colegiala). El pianista Walter Alfaro la conoció a través de una grabación interpretada por la marina estadounidense, que le llegó de parte de la embajada de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial.

Alfaro se la recomendó a Enrique Pelicciari, quien compuso la letra con la intención de transmitir aliento a los atletas que recorrerían las rutas nacionales durante Semana Santa. La cuestión es que la letra no cubría toda la música, por lo que los espacios en blanco se rellenaron con un silbido.

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Más allá de su origen improvisado (“a la uruguaya”) no hay dudas de que es un símbolo de la cultura local.

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