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Moria Casán

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El decorado se calla: Moria Casán, el cuerpo, la foto y el envejecimiento de un símbolo sexual

La figura argentina volvió al centro de la discusión mediática, irónicamente, por una foto en bikini

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18 de enero de 2023 a las 18:11

Moria Casán entró al teatro de revista desnuda.

Era 1968, tenía 22 años y cursaba el cuarto semestre de abogacía en la facultad de derecho cuando fue por primera vez a una función de revista y un compañero de estudios la presentó casualmente con Carlos Petit. “¡Qué mujer tan estupenda!’”, le dijo el director de la revista porteña y Ana María Casanova se fue del teatro con una invitación a la audición que le cambiaría la vida.

El martes siguiente, después de un examen de Economía Política, llegó al teatro e hizo una una breve audición que sorteó sin problemas como profesora de danza. Debutó esa misma noche, una hora después, en el Teatro Nacional caracterizada como Charles Chaplin. Lentamente se iba sacando la ropa hasta terminar en bikini. “Debuté literalmente desnuda en un escenario sin saber que iba a debutar. O sea que todo lo mío es muy cósmico, muy causal, muy angelado, muy decretado”.

Desde entonces su nombre y su cuerpo figuraron en las marquesinas de los grandes teatros de la calle Corrientes, Mar del Plata, Villa Carlos Paz, Punta del Este y Las Vegas. Desde 1973 llegó al cine con los hermanos Hugo y Gerardo Sofovich en Los caballeros de la cama redonda y comenzó una prolífica carrera cinematográfica, después vinieron telenovelas y los talk shows. 55 años de carrera. Y contando. 

Todos creían que conocían la figura y las curvas de Moria Casán. O de Moria sencillamente, como aquellos iconos que apenas se identifican con un nombre, como Diego o Susana. Pero el hecho de haber empezado su carrera en torno al culto del cuerpo fue para Moria un punto de partida del que “trascender”. “En aquella época, te cosificaban, sólo importaba el físico, porque si vas a ver a alguien desnudo, ¡qué te importa que lea a Cortázar o a Borges!”, recordó en entrevista con Región Digital.

Fue la primera vedette en interpretar monólogos en el escenario, un protagónico reservado solo para los capocómicos del momento. “Las mujeres eran como muy de decorado y yo fui la primera mujer que mostrando el cuerpo empezó a hablar, a tener ideas, a mandar personalidad y a ser bravísima de gladiadora, abriendo puertas, abriendo cabezas y abriendo feminismo desde siempre”.

Si hay un término que describe la trayectoria de Moria Casán es la trasgresión. Esa capacidad de empujar los límites o directamente romperlos, aunque sea en el marco de aquella objetificación que en los años 80’ que se disfrazaba como “destape”. “Yo huía de cosificarme como mujer, aunque trabajara desnuda, pero había que pasarlo. Yo desdramatizo y desacralizo todo, para mí no fue difícil, no fue un camino de espinas, en verdad... he pasado —y seguiré pasando al ser una mujer intensa— sufrimientos y cosas bravas, pero no me instalo en eso, lo atravieso”. 

“Me impresiona mi fama”

“Tápese señora. Ubíquese como lo que es: una mujer mayor”. El mensaje, acompañado de tres símbolos nauseabundos, lo mandó a las redes una internauta que le había sacado una fotografía a Casán en la playa de Mar del Plata usando (Dios no permita) un bikini. Fue la punta de una madeja que se empezó a desenvolver en las redes y los medios de comunicación. Una pregunta cimienta el debate: ¿Qué tiene (o no tiene) que hacer “una mujer mayor”?

Durante años el envejecimiento fue el peligro inminente. El proceso biológico que traería aparejado una inevitable degradación. El apocalipsis. Por lo tanto, se gastaron y promocionaron infinidad de tratamientos estéticos y quirúrgicos en un desesperado intento por detener el reloj biológico. Una preocupación en la que figuras como Moria Casán fueron parte del modelo aspiracional. Los famosos tratamientos ortomoleculares o, actualmente, la venta de colágeno en polvo recomendada en sus redes para mayores de 25 años bajo la idea de “mimar el cuerpo". 

La búsqueda infatigable por el cuerpo “ideal” permea a todos y en todas las edades. Pero los movimientos de neutralidad del cuerpo vienen visibilizando los efectos negativos en la salud mental de criticar el cuerpo ajeno. La premisa es sencilla: todas las personas tienen el mismo derecho de disfrutar sus vidas y merecen respeto. Sin importar cómo se vean ni cuantos años cuenten en el documento de identidad. En este sentido, el envejecimiento pierde dramatismo estético.

Entrevistada por La Mañana, en AM750, Casán respondió a las criticas en torno a su figura: “Si bien no tengo el cuerpo que tenía a los 30, porque tengo 76 años, es una foto natural”.

La actriz aseguró que no se maneja en base a “decretos ajenos” y remarcó que siempre hizo lo que se le “cantó”. “Elíjanse más allá de todo y la van a pasar bien en la vida. Si no, siempre estás obedeciendo a reglas que te meten presiones y te coartan la libertad. Creo que la libertad pasa por elegirse siempre. Tiene que ver con quererse y priorizarse, de eso se trata para seguir viviendo bien”.

En la década del 90' Moria inauguró Playa Franka y en lugar de cortar la cinta cortó soutienes. "No significó corte de corpiño, sino que con la playa comienza el corte de prejuicios con respecto a tu propia aceptación, mi consigna era 'libertad, inclusión, igualdad de género y así lo captaron. Si me acepto, me quiero", dijo entonces Teleshow. Una playa argentina, a 20 minutos del lugar donde ahora le sacaron fotos para criticar su cuerpo, donde las mujeres pudieran hacer topless lejos de la mirada masculina.

"No existen las medidas, no existe el 90-60-90", le explicaba Moria a  Antonio Gasalla. "¿Sabés lo bueno que tiene Playa Franka? Que va la señora mayor con su nieta y de pronto se pasea haciendo un topless, va a buscar su juguito sin siquiera ponerse el pareo y nadie dice 'mirá esta vieja loca qué ridícula'".

"Bueno mamita, hacé lo que se te cante"

¿Qué pasa cuando un ícono de la sensualidad envejece? ¿Por qué se espera que pase a personificar un estereotipo prejuicioso de la vejez? Si siempre fue osada en sus declaraciones y sus decisiones estilísticas, ¿por qué los años deberían lavar la personalidad de una mujer como Moria? Sacarle el bikini, las transparencias y las lentejuelas como quien desarma un personaje en el camarín de un teatro, sin reparar en que Moria seguirá siendo Moria debajo del escenario.

“Provoco lo que se llama estupor, en el lenguaje del derecho se llama temor reverencial. Cuando la gente me ve queda estupefacta, no sabe si ve un poster, si ve una película de Porcel y Olmedo, si ve un programa de televisión, si ve a la Difunta Correa, el Gauchito Gil, el Indio Solari”, dijo Casán a Página 12 el año pasado mientras encarnaba a Julio César. Porque Moria Casán se construyó a sí misma como un ícono popular.

Una palabra que se repitió varias veces durante las últimas horas fue “valentía”. Al parecer, Moria ahora es “valiente” por usar un bikini en la playa, pero cuando era la vedette del teatro de revista, la tapa de Playboy y la que protagonizaba sketches con Olmedo en No toca botón no tenía que ser “valiente”. Porque entonces Moria Casán era parte del modelo aspiracional.

“Si yo me quiero comer un sándwich de chorizo en la costanera con los camioneros, lo como. Si tengo ganas de ir al Once, voy. No vivo encapsulada en mi supuesto divismo. Si yo trabajé para ser conocida me parece una estupidez trabajar para ser anónima”, dijo en 2008 a la revista Siete días.

Moria no es “valiente” ni “se animó”, como si tuviese que juntar coraje para ir la playa. Sencillamente se puso un bikini para bajar a La Bristol. Que sea un acto de valentía depende de la valoración que los demás hacen de su imagen. Como si Moria pidiera permiso. Igual que cuando volvió a ser tapa de Playboy en 2016, después de que en 1987 apareciera en la portada con el encabezado ‘Moria desnuda la historia’.

Las personas que le piden que se tapen son las mismas que le piden a Madonna que deje de ser la reina del pop. Que gritan en el agujero de las redes sociales que su tiempo ya pasó. Como si la vida pública terminara después de cierta edad o si las mujeres perdieran valor y carácter con los años. La sociedad se enamora de sus íconos (los usa y en ocasiones los abusa) mientras los considera jóvenes, pero cuando los signos de la edad se empiezan a notar pretende taparlas, excluirlas, domesticarlas. ¿Quién tiene la potestad de mandarlas a tapar como se tapa una estatua para que no junte polvo?

“Estoy incorporada al paisaje. Soy como el Obelisco. El Obelisco con tetas”, le dijo Moria a Clarín en 1992 y pasó a ser una de sus frases memorables. Porque estar incorporada al paisaje tiene que ver con haber sido una figura mediática durante más de medio siglo. Es un ícono de la cultura popular y su imagen pasó también al acervo popular. Ahora hay gente que cree que por eso tiene alguna autoridad para hablar de su cuerpo.

Moria Casán sigue siendo una sex-symbol a sus 76 años. Y probablemente lo seguirá siendo hasta el último momento, porque la sensualidad no depende de la edad. Pero en una sociedad en la que el sexo parecería tener fecha de caducidad, el cuerpo también sigue estando cuestionado. Especialmente el de las mujeres, porque mientras vemos envejecer a George Clooney o Ricky Martin entre elogios a sus canas y el no se qué que le aportan los años, ellas son las que llevan las críticas cuando los años dejan marcas y participan cada vez menos del ámbito público.

"Me impresiona mi fama", dice ella, mientras sube un video cocinando huevos en bikini.

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