La pereza o falta de concientización a la hora de proyectar estos espacios omite analizar y resolver las necesidades operativas que puede requerir una empresa de seguros, de diseño editorial o de servicios de abogados. En todos los casos, el resultado estético y funcional no debería ser intercambiable según el giro y actividad a desarrollarse.
Quizás sea esta confusión la que lleva hoy día a un cliente de un banco a contar sus intimidades financieras a un oficial de cuenta ubicado en un escritorio abierto a la vista y oídos de una veintena de clientes en la sala de espera contigua.
El despiste afecta desde la música funcional, al grado de interacción entre estaciones de trabajo, la importancia que se le dé o no al tiempo libre, la sutil línea entre espacios lúdicos y descanso del trabajo o el color y texturas de los muros. Todas estas decisiones dicen mucho de cada lugar y condicionan sus balances finales.
Es por esto que aplicar modelos globales sin tamizarlos con una reflexión seria sobre cada caso particular lleva a ejemplos vacíos de contenido que afectan el rendimiento de los empleados, cayendo en clichés innecesarios:
_"Para trabajar en tecnología se debe ser creativo" es casi un lugar común si pensamos que hoy por hoy hay que ser creativo en cualquier rubro.
_ "La interacción y apertura de espacios favorece el trabajo en equipo" no es siempre cierto. No todas las actividades se optimizan escuchando conversaciones de los vecinos y demás distracciones del entorno.
_ "La importancia de espacios lúdicos dentro de la empresa fomenta mayor rendimiento" es por lo menos variable según la cultura laboral autóctona. No todas las personas se activan con la misma libertad, algunos requieren marcos más acotados para rendir y no caer en la dispersión.