12 de enero de 2013 21:22 hs

Desde que el mundo fue mundo, conseguir pareja es una de las grandes motivaciones de las personas. Si bien los rituales de conquista han evolucionado a lo largo de los siglos, el resultado siempre es el mismo: tratar de consolidar una pareja.

Lo que en el siglo XX se podía vivir para algunos con gran soltura, para otros era un sufrimiento. Conquistar una pareja se trataba de encarar una seguidilla de actos desesperados, de animarse incluso a correr el riesgo de quedar en ridículo. Era un continuo ensayo y error. Y pasar tal vez más errores que aciertos.

Ya para el siglo XXI, y con la ayuda de internet, todo ese vértigo se redujo en forma significativa. Personas que jamás podrían haberse conocido se acercan gracias a las redes. Y en ese continuo ensayo y error ya no existe el factor del miedo al ridículo. Al no verse cara a cara se pierde la vergüenza y la confianza se envalentona. El inicial anonimato rompe los aparentes hielos eternos. Año tras año, más gente comienza a conocerse a través de los chats, y más aún gracias a los sitios de citas.

Sin embargo, hoy en día el factor de internet se comienza a cuestionar. Lo que antes podía ser una gran herramienta de ayuda, ahora algunos la consideran uno de los grandes culpables de caída de la monogamia. ¿Para qué comprometerse cuando hay tantos peces en el mar?

Dos revistas estadounidenses, The Atlantic y Slate, intentaron plantear un análisis del fenómeno de los sitios de citas. Si bien el caso no es para nada nuevo, el periodista Dan Slater –responsable de comenzar la conversación entre ambos medios– arribó el tema con la siguiente tesis: estos sitios han modificado tanto la conducta que las personas tienden a perder interés en el compromiso, haciendo que a la larga la institución del matrimonio se vea afectada.

La nota, llamada A million first dates (Un millón de primeras citas) ha despertado las opiniones de estos periodistas y expertos, surgiendo respuestas y notas que contradicen esa tesis u ofrecen miradas alternativas.

A través del caso de un treintañero llamado Jacob, Slater muestra cómo un adulto sin rumbo ni ambiciones y con miedo al compromiso consigue una larga lista de pretendientes gracias a varios sitios. De conocerlas en la vida real, muchas estarían fuera de su alcance. Pero Jacob, en lugar de elegir una, se da el lujo de salir con varias a la vez.

Slater además cita a varios dueños de estos sitios, y todos –salvo uno– afirman que esta nueva modalidad y la amplia oferta que estos ofrecen conducirán a varios escenarios: desde un futuro con más relaciones y mayores tasas de divorcios, así como una pérdida en el valor del compromiso en detrimento de una mayor necesidad de continuamente conocer gente.

Los periodistas Lux Alptraun y Alexis C. Madrigal de The Atlantic se opusieron rotundamente a estas opiniones. Mientras que la primera intenta romper con la “ilusión de la elección infinita”, afirmando que la cantidad de opciones conducen a una falta de conexión, Madrigal sostiene que no existen datos que comprueben la afirmación de que los sitios amenacen el matrimonio, ni siquiera el compromiso.

El único ejecutivo que se alínea con ambos es Alex Mehr, co-fundador del sitio Zoosk. Él sostuvo que los sitios “no hacen más que romper una barrera” al momento de conocer personas y todo depende de lo que cada persona busque a la hora de conectarse a estas webs.

Online versus real

Mary Cioli es una reconocida consejera matrimonial que desde hace 29 años se dedica a formar parejas en Montevideo utilizando el viejo sistema: emparejar personas según afinidades con el fin de consolidar una pareja duradera.

Su visión sobre estos sitios es tradicional y rotunda: “No son para nada efectivos”. Tanto así que jamás sintió que fuese una competencia en su línea de trabajo. “En pleno enero yo estoy trabajando a full”, afirmó a El Observador. “Esto de loonline se ha puesto medio macabro, para todas las edades. Compañeros o parejas no se encuentran porque nadie quiere nada serio. Es todo para la farra. Lo que es internet es todo falso, porque vos no sabes con quién estás tratando del otro lado. Internet se presta para un montón de cosas”, afirmó Cioli. Entre algunas de esas cosas, destaca negativas: que las mujeres son víctimas de abusos y robos.

Uno de los factores por los que las personas cae en este tipo de sitios es la inmediatez de sus resultados. Se consigue una cita y, si todo sale mal, habrá otras opciones para seguir intentando. “Nadie quiere esperar, todo el mundo quiere la pareja ya”, afirmó la consejera. En cambio, en su empresa, los resultados demoran. Cioli antes de formar una pareja estudia profundamente cada persona. Y si alguien no le presenta los documentos que ella solicitó, recurre a su pasado como detective para averiguar lo necesario. “Yo no arriesgo una uña de una mujer por un hombre que no me presenta los documentos”. Esa es una de sus leyes.

Cioli también descree de la efectividad de los clásicos “levantes” de boliche. Una de sus clientas decidió “traicionarla” y tomar el camino corto: salir con alguien que había conocido en un bar, solo para tener que pagar toda una cena porque su cita se había “olvidado” de la billetera. “A las mujeres las agarran de bobas por los cuatro costados”, dijo.

La consejera se opone definitivamente a la premisa de que los sitios afecten de alguna manera el compromiso o el matrimonio. Todo depende, como dijo Mehr, de las intenciones de cada uno. “Con internet se pueden descubrir más infidelidades, pero en los matrimonios bien constituidos no afecta nada. También afectaría el celular, si te ponés a pensar”.

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