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El fútil arte de la nada, o cómo aprovechar Instagram al máximo

Cada red social tiene un protocolo no escrito al que conviene adherirnos

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11 de diciembre de 2018 a las 05:03

Por Priscila Guinovart

¿Hay reglas para utilizar una red social, particularmente una cuyo énfasis es la imagen y no el texto? La respuesta es rotundamente negativa. El usuario es medianamente libre de compartir el contenido que quiera donde le parezca pertinente - es altamente recomendable, no obstante, leer y respetar las condiciones de uso de cada aplicación-. En el mundo de las notificaciones todavía ostentamos un poco de libertad.

E pur si muove, dicen que dijo Galileo. Las fotos de la fiesta de graduación de Marianita no se comparten en Instagram pero la instantánea de los brezos en maceta de madera decorada con extensas trenzas de raso, arpillera y encaje son material evidente para esta red social - hashtags: #deco #style #home #flowersofinstagram #rustique-.

Por qué lo que es es como es son dos pesos aparte; lo cierto es que cada red social tiene un protocolo no escrito al que conviene adherirnos, no por “obediencia” - después de todo, el objetivo es divertirnos - sino para sacarle el jugo correspondiente a cada formato. De la misma manera que usted no va a una disco a escuchar a Tchaikovsky, ni va a McDonald’s a comer un bisque de langoustines - en el ideal de los casos, usted ni siquiera va a McDonald’s - usted no publica en Instagram fotos del partido del domingo-.

Si todas las redes sociales hubiesen sido creadas para ser usadas de exactamente la misma forma, nos bastaría solo una, ¿verdad? Twitter es la red social de los enunciados comprometidos, del ojo crítico, ̶d̶e̶ ̶l̶o̶s̶ ̶i̶m̶p̶r̶o̶p̶e̶r̶i̶o̶s̶ ̶i̶n̶m̶e̶r̶e̶c̶i̶d̶o̶s̶ ̶(̶o̶ ̶s̶í̶)̶, del humor negro y de la sátira, mientras que Instagram es la red de… mostrar - oh, vamos, que Facebook ha muerto-. La única razón por la que seguimos ahí es para que nuestras tías vean de vez en cuando una foto nuestra y procedan luego a enviarnos un mensaje privado expresando su admiración por “mantenernos bien” como si fuéramos un putain de morrón en conserva.

El término “imagen” ha sido bastardeado, y los motivos sobran. El culto a la imagen dejó hace mucho tiempo de ser una práctica exclusiva de dictadores y pasó a ser nuestro pan de cada día. Las redes sociales alimentaron esta bestia obsesiva: si estamos lindos, alguien tiene que verlo; alguien, no importa quién, tiene también que verbalizarlo, porque si un desconocido no nos dice “qué fuerte que estás”, quizás no seamos tan bellos como creemos y queremos. Estúpido y triste, la inseguridad, hija de una egolatría débil, llegó para quedarse.

La imagen, sin embargo, es mucho más que una adicción o una manifestación de simplismo o superficialidad. El acceso a la imagen cambió el mundo. Distintos movimientos pacifistas alrededor del globo solo se consolidaron una vez que accedieron a imágenes en vivo de los horrores de la guerra. La imagen es una poderosa ventana a los otros, a lo ajeno y lejano, a lo agraciado y a lo desgarrador. No en vano en Instagram, notables fotorreporteros y fotógrafos de guerra como Benjamin Lowy, Michael Christopher Brown o Andrew Quilty reúnen miles de seguidores.

Reducir Instagram al tutorial de maquillaje de Kim Kardashian es desestimar el alcance de una vigorosa herramienta que tiene la capacidad de informar, denunciar y conmover.

Claro está que no todos somos renombrados fotógrafos - y, afortunadamente, no todos tenemos la necesidad de mostrar al mundo los malabares que hacemos para salvar nuestro pellejo. ¿Qué fotos vale entonces compartir? ¿Qué es, después de todo, una buena fotografía cuando no se es un profesional y ni siquiera tenemos una cámara?

Una foto no es más que un juego de luz y sombra. En tanto hija, sobrina y novia de profesionales audiovisuales (hábleme de Electra) creo profundamente que cualquiera puede tomar una buena fotografía, incluso desde el celular. Recuerde estas tres palabras: propósito (¿para qué quiero sacar esta foto y por qué es digna de ser compartida?), ángulo (¿cómo cuento mejor eso que quiero contar?) y hashtags (las etiquetas bajo las cuales cualquier usuario del mundo podrá encontrar su obra).

Supongamos que usted acaba de hacer un rico guiso de arroz y lentejas. Usted creerá que no hay glamour en un guiso, pero lo casero vende -hashtags: #homemade #winterfood #foodporn #yummy-. ¿Por qué quiere compartirlo? Probablemente, porque le quedó buenísimo y se le infla el pecho de orgullo. Ahí pasamos al ángulo: ya que no es físicamente posible (aún) plasmar una fotografía con sabores y olores, ¿desde qué ángulo es prácticamente irrefutable que su guiso es una delicia? No olvide que usted está “hablando” de su guiso, no de su mantel ni de su cubertería ni de los comensales.

Comencemos minimalistas: una foto, un elemento.

Pasamos luego a la “posproducción” - las herramientas que le facilita la aplicación antes de publicar una toma. Seamos realistas: nadie quiere ver comida en blanco y negro o en sepia. Dado que el color de los ingredientes refleja sus propiedades, quizá sea conveniente saturar un poco la fotografía. La leyenda será la receta y los hashtags, los anteriormente mencionados.

Estas “reglas” aplican a toda fotografía, esté usted de vacaciones o en la comodidad de su hogar. Aquí, a modo flash, unas cuantas más:

+ Instagram no es un álbum familiar. El registro del crecimiento de sus pequeños, las hazañas de la abuela y el video de mamá haciendo karaoke resérvelos para usted con recelo. Lo privado no solo debe seguir existiendo sino que ha de ser preciado, y nada es más preciado que la intimidad de la familia. Sea especialmente precavido con cualquier publicación que involucre menores y pida permiso antes de etiquetar a terceros.

+ Evite siempre compartir más de tres fotos de usted seguidas, muy particularmente si son selfies. Tenga presente el formato “papá - mamá” o PPMM (paisaje - plato - mascota - moi) y produzca un contenido variado.

+ No más de dos fotos por día ni menos de una por semana - el viejo y querido “ni tan tan, ni muy muy

+ ”Los artículos y preposiciones no son un hashtag.

+Los hashtags van debajo de la leyenda y todos juntos. Nada de #dospalabras y #unhashtagporque eso #noselee con #facilidad.

+ Sea cortés y, siempre que pueda, devuelva los “likes”.

+ Tenga a bien no compartir demasiados videos, puesto que “trancan” la newsfeed en algunos celulares. No querrá usted causar dolores de cabeza a sus seguidores.

+ Usted no será modelo pero no hay nadie en este mundo como usted. ¡Disfrútelo y explótelo!

+ No se tome nada tan en serio, ¡es su perfil en una red social, no su vida!

Bisous et à la prochaine!

* Nada de lo escrito aplica si usted es una celebridad. Si usted es una celebridad, no importa lo que publique, solo limítese a usar su poder con responsabilidad.

Esta nota fue originalmente publicada en el blog Delicatessen.

 

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