25 de marzo 2013 - 21:43hs

Los ministerios del Interior y Deporte le propusieron en 2008 a los clubes de fútbol que dispusieran de “un equipo de apoyo a la seguridad de los espectáculos”. Las principales instituciones acataron y contrataron a los referentes de las barras bravas para encargarse de la seguridad en las tribunas, a cambio de dinero y, al menos en Peñarol y contra lo que establecen las normas, también de entradas. El plan fracasó. Peñarol es investigado judicialmente porque un delincuente con seis antecedentes penales fue detenido el mes pasado con un kilo de marihuana y 50 entradas de cortesía cedidas por la institución.

A su vez, el líder de la barra de Nacional, Ramón Jesús, alias “El Gordo Ramón”, irrumpió el sábado en el hall del Parque Central con un grupo de hinchas para presionar a los jugadores.

El Ministerio del Interior dice que estos hechos son privados y deslinda responsabilidades. “Esto es una relación particular entre los clubes y sus hinchadas”, aseguró ayer el subsecretario de la cartera, Jorge Vázquez.

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El punto seis del protocolo de seguridad vigente, firmado en 2008 por los ministerios del Interior y Deporte, la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y la Intendencia Municipal de Montevideo, establece que “los clubes deberán designar un coordinador que será el encargado de participar en las acciones de seguridad, en forma conjunta con el coordinador general de la AUF y la Policía.

Ese coordinador tendrá un perfil adecuado y ascendencia sobre los parciales del club que representa”. El punto siete agrega: “Cada club dispondrá de un equipo de apoyo a la seguridad de los espectáculos, integrado por personas debidamente identificadas que colaborará en el ordenamiento de la parcialidad, antes, durante y hasta la evacuación final de los asistentes al evento y dependerá del coordinador de seguridad de la institución”.

El ministerio delegó así parte de la seguridad de los espectáculos deportivos a las instituciones. Desde el ministerio surgió la idea incluso de delegarla completamente y que no hubiera policías en los estadios. Pero la idea no prosperó. Sin embargo, en base al plan vigente, durante estos últimos cinco años los barras bravas ganaron espacio y poder.

Luego que este domingo referentes de la barra de Nacional se enfrentaran a los jugadores, el subsecretario del Interior recordó que “el relacionamiento de los clubes con las hinchadas es de los clubes con las hinchadas, no del Ministerio del Interior”.

Para Vázquez, esto “primero, es un problema de los cuadros; segundo, es un problema de la AUF; y tercero, la comisión de violencia en el deporte, cuando se reúna, lo va a tratar”. Un integrante de la comisión dijo a El Observador que esta se reunirá seguramente “después de Semana Santa, porque ahora no hay nadie”.

"Deben desaparecer"
En tanto, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, expresó sobre la presión de los barras de Nacional y al incidente del sábado, en el palco oficial del estadio Centenario, cuando el presidente de Peñarol, Juan Pedro Damiani, golpeó a un hincha, que “el sustrato que está debajo de esos hechos de violencia corresponde a toda la sociedad, a los dirigentes, a los clubes, a los hinchas, a una cuestión cultural de cómo controlamos esos temas; el Ministerio del Interior puede ayudar, pero no es su papel”.

Según Bonomi, el papel del ministerio es “evitar” la violencia y “cuando ocurra, tratar de reprimir”.

Tras entregar entradas a cinco referentes de las barras de Nacional y Peñarol para tres partidos de la selección uruguaya de fútbol, Interior suspendió la medida.

De hecho, las dos banderas gigantes que ingresaron estos grupos de hinchas no estuvieron presentes el viernes en el Centenario durante el partido entre Uruguay y Paraguay.

Ernesto Irurueta, director nacional de Deportes e integrante de la comisión de erradicación de la violencia en el deporte, quien estuvo en desacuerdo con la entrega de entradas, marcó un matiz y dijo a El Observador que “las barras bravas deben desaparecer”. Pero en línea con Vázquez y Bonomi, Irurueta expresó que los incidentes protagonizados por el presidente de Peñarol el sábado e hinchas de Nacional el domingo y por el presidente de demuestran “la fragilidad con la que los clubes se mueven”.

“Durante años se los alimentó dándoles entradas porque convenía tener una barra brava para pelear con las otras hinchadas, para que metiera el peso, hiciera una función que no es correcta, pero después es muy difícil corregir”, dijo Irurueta, quien no obstante aseguró que la entrega de entradas para los partidos de la selección uruguaya “no ocasionó perjuicios”.

El gobierno insiste con que el principal partido de la lucha contra la violencia en el fútbol se juega dentro de los clubes. “Nuestra mayor aspiración es que los dirigentes de los equipos tomen la iniciativa y hagan una campaña fuerte y en serio para eliminar la violencia en el deporte”, dijo Vázquez.

Los ministerios del Interior y Deporte le propusieron en 2008 a los clubes de fútbol que dispusieran de “un equipo de apoyo a la seguridad de los espectáculos”. Las principales instituciones acataron y contrataron a los referentes de las barras bravas para encargarse de la seguridad en las tribunas, a cambio de dinero y, al menos en Peñarol y contra lo que establecen las normas, también de entradas. El plan fracasó. Peñarol es investigado judicialmente porque un delincuente con seis antecedentes penales fue detenido el mes pasado con un kilo de marihuana y 50 entradas de cortesía cedidas por la institución.

A su vez, el líder de la barra de Nacional, Ramón Jesús, alias “El Gordo Ramón”, irrumpió el sábado en el hall del Parque Central con un grupo de hinchas para presionar a los jugadores.

El Ministerio del Interior dice que estos hechos son privados y deslinda responsabilidades. “Esto es una relación particular entre los clubes y sus hinchadas”, aseguró ayer el subsecretario de la cartera, Jorge Vázquez.

El punto seis del protocolo de seguridad vigente, firmado en 2008 por los ministerios del Interior y Deporte, la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y la Intendencia Municipal de Montevideo, establece que “los clubes deberán designar un coordinador que será el encargado de participar en las acciones de seguridad, en forma conjunta con el coordinador general de la AUF y la Policía.

Ese coordinador tendrá un perfil adecuado y ascendencia sobre los parciales del club que representa”. El punto siete agrega: “Cada club dispondrá de un equipo de apoyo a la seguridad de los espectáculos, integrado por personas debidamente identificadas que colaborará en el ordenamiento de la parcialidad, antes, durante y hasta la evacuación final de los asistentes al evento y dependerá del coordinador de seguridad de la institución”.

El ministerio delegó así parte de la seguridad de los espectáculos deportivos a las instituciones. Desde el ministerio surgió la idea incluso de delegarla completamente y que no hubiera policías en los estadios. Pero la idea no prosperó. Sin embargo, en base al plan vigente, durante estos últimos cinco años los barras bravas ganaron espacio y poder.

Luego que este domingo referentes de la barra de Nacional se enfrentaran a los jugadores, el subsecretario del Interior recordó que “el relacionamiento de los clubes con las hinchadas es de los clubes con las hinchadas, no del Ministerio del Interior”.

Para Vázquez, esto “primero, es un problema de los cuadros; segundo, es un problema de la AUF; y tercero, la comisión de violencia en el deporte, cuando se reúna, lo va a tratar”. Un integrante de la comisión dijo a El Observador que esta se reunirá seguramente “después de Semana Santa, porque ahora no hay nadie”.

Deben desaparecer
En tanto, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, expresó sobre la presión de los barras de Nacional y al incidente del sábado, en el palco oficial del estadio Centenario, cuando el presidente de Peñarol, Juan Pedro Damiani, golpeó a un hincha, que “el sustrato que está debajo de esos hechos de violencia corresponde a toda la sociedad, a los dirigentes, a los clubes, a los hinchas, a una cuestión cultural de cómo controlamos esos temas; el Ministerio del Interior puede ayudar, pero no es su papel”.

Según Bonomi, el papel del ministerio es “evitar” la violencia y “cuando ocurra, tratar de reprimir”.

Tras entregar entradas a cinco referentes de las barras de Nacional y Peñarol para tres partidos de la selección uruguaya de fútbol, Interior suspendió la medida.

De hecho, las dos banderas gigantes que ingresaron estos grupos de hinchas no estuvieron presentes el viernes en el Centenario durante el partido entre Uruguay y Paraguay.

Ernesto Irurueta, director nacional de Deportes e integrante de la comisión de erradicación de la violencia en el deporte, quien estuvo en desacuerdo con la entrega de entradas, marcó un matiz y dijo a El Observador que “las barras bravas deben desaparecer”. Pero en línea con Vázquez y Bonomi, Irurueta expresó que los incidentes protagonizados por el presidente de Peñarol el sábado e hinchas de Nacional el domingo y por el presidente de demuestran “la fragilidad con la que los clubes se mueven”.

“Durante años se los alimentó dándoles entradas porque convenía tener una barra brava para pelear con las otras hinchadas, para que metiera el peso, hiciera una función que no es correcta, pero después es muy difícil corregir”, dijo Irurueta, quien no obstante aseguró que la entrega de entradas para los partidos de la selección uruguaya “no ocasionó perjuicios”.

El gobierno insiste con que el principal partido de la lucha contra la violencia en el fútbol se juega dentro de los clubes. “Nuestra mayor aspiración es que los dirigentes de los equipos tomen la iniciativa y hagan una campaña fuerte y en serio para eliminar la violencia en el deporte”, dijo Vázquez.
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