Las cintas del director oriundo de Texas, Wes Anderson, suelen tener un gran cuidado en su aspecto visual. La simetría, los colores y la ambientación son claves en sus trabajos, que a nivel de textos suelen ser comedias con toques meláncolicos, que no están destinados al público masivo, con ejemplos como Expreso a Darjeeling o Los excéntricos Tenenbaums.
El Gran Hotel Budapest no es la excepción, y la Academia reconoció este poderío visual otorgándole cuatro estatuillas al equipo que trabajó en la cinta: Diseño de vestuario, Maquillaje, Mejor banda sonora y Diseño de producción.
A nivel de imagen, cada cuadro de El Gran Hotel Budapest es una obra de arte, ya que desde los decorados hasta el vestuario y la colocación de los actores están cuidados al máximo y son dignos de destaque.
Sin embargo, y a pesar de su elenco atestado de estrellas, el guión no alcanza el mismo nivel de solidez, y eso se notó con la ausencia de premios en las categorías importantes, como la de guión o dirección.
Por su parte, la banda sonora a cargo del francés Alexandre Desplat acompaña de forma sutil y elegante los fotogramas, con una mezcla de música clásica y folklore de la Europa del Este que es animada cuando tiene que serla, y baja de revoluciones en los momentos más serios de la cinta (que no son muchos en esta comedia, la única que entra claramente en este género de las nominadas de este año como Mejor película).
Con sus cuatro Oscar, se reconoció el potencial estético de El Gran Hotel Budapest, que en cuanto a números fue junto a Birdman la que se llevó más galardones.