30 de noviembre de 2012 19:27 hs

Un día de finales de 1912 en la ciudad de Ferrara, en el centro de la Emilia Romagna, nacía un niño que luego se transformaría en uno de los directores de cine más importantes de su país y de todo el siglo XX: Michelangelo Antonioni.

Un siglo y unos meses después, la Cinemateca Uruguaya tomó la decisión de dedicarle un ciclo especial en homenaje a esos 100 años transcurridos entre aquel día y el presente. Cualquier motivo es bueno para una retrospectiva sobre la obra de Antonioni, aunque las cifras redondas son más sugestivas.

De las 16 películas de Antonioni, este ciclo que empezó ayer y se desarrollará hasta el 14 de diciembre exhibe 12, por lo que es bastante completo para tener una idea de su obra. Está Pasión prohibida, su primer largometraje, de 1950. Está la llamada “trilogía de la incomunicación”, compuesta por La aventura, La noche y El eclipse, protagonizadas por la rubia fetiche Mónica Vitti. Por supuesto, están El grito y El desierto rojo. Y varias otras más.

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Pero, ¿por qué Antonioni es importante para el cine? El crítico de cine Luis Elbert, siendo profesor de lenguaje audiovisual en la Escuela de Cine de Pocitos, contaba que en la década de 1950 era común referirse al director italiano como alguien que le gustaba filmar después de que había llovido, porque las calles siempre estaban mojadas en las escenas de Antonioni.

Este detalle parece ser solo una manía estética, pero en hechos como este se esconde la esencia del cineasta italiano, un hombre “tremendamente preocupado por el sentido estético, visual, del cine”, dijo Elbert.

Solo y alienado
Para el crítico, el neorrealismo no dejó huellas en Antonioni, si bien en 1943, en plena guerra, comenzó a filmar un documental llamado Gente del Po, que quedó inconcluso.

“El gran tema del cine de Antonioni es la soledad del individuo, muy en boga a fines de los años de 1950, y el concepto de alienación, como lo manejaban Jean Paul Sartre y otros novelistas franceses e italianos del momento. Un individuo separado del mundo”, apuntó Elbert.

Concepción abstracta
Lo formal, lo que se ve en la pantalla (la verdad en el cine) le importaba a Antonioni mucho más que la anécdota de las historias, aunque en todas fue guionista en colaboración.

Una de las primeras escenas donde Antonioni mostró una técnica depurada es en Pasión prohibida, filme que compitió en el festival de cine de Punta del Este en 1952, donde hace un traveling de 360º (“que en realidad es de 450º, porque sigue”, acotó Elbert) en el que el director planta la cámara encima de un puente en el que una pareja de amantes planea la muerte del marido de ella. El plano se compone de un paisaje de río y una ruta por donde viene un auto que da una larga curva y pasa frente a la pareja.

El movimiento de la cámara acompaña al auto hasta que capta a los amantes, que discuten sus posibilidades de éxito y caminan hacia el borde del puente. Los actores se cruzan frente a la cámara y se van por el otro lado. Todo esto ocurre sin un solo corte, en la misma toma, durante unos tres formidables minutos.

“Antonioni siempre fue muy cuidadoso de lo formal, muy preocupado por los movimientos de cámara y los personajes, por los valores del encuadre. Tenía una concepción pictórica y con encuadres abstractos. Estaba muy preocupado por la plástica”, agregó Elbert.

Esta pasión formal por la abstracción tiene su éxtasis 20 años después, cuando filma en el desierto de Arizona una de las películas fundamentales sobre la generación rebelde y joven de esa época: Zabriskie Point, en base a un guión de Sam Shepard.

“El final de Zabriskie Point, una serie de explosiones de diversos objetos en cámara ultra lenta, es de una abstracción total en movimiento”. dijo Elbert, quien remarca el carácter comprometido con sí mismo y su obra de un cineasta que siempre filmó las historias que quiso y le interesaron.

“Fue un hombre con una voluntad férrea, que nunca tuvo concesiones con nadie. Al principio de su carrera tuvo que vivir y sobrevivir como pudo, porque sus películas no eran éxitos de público”, explicó el crítico.

Por ejemplo, en La aventura desaparece un personaje y no aparece más, contraviniendo las reglas narrativas. Pero eso no importa porque Antonioni está filmando otra cosa.

“El cine de Antonioni podía funcionar como elemento de sorpresa. Manejó sutilezas que solo el lenguaje del cine es capaz de usar. De allí viene su importancia como gran cineasta”, concluyó Elbert.

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