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El inversor irracional

¿Cuantas veces nos quedamos colgados porque el mercado cayó cuando estábamos seguros de que iba a subir?

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05 de junio de 2019 a las 05:04

¿Cuantas veces nos quedamos colgados porque el mercado cayó cuando estábamos seguros de que iba a subir? ¿Y cuando estábamos seguros de que iba a bajar esperando para comprar barato y no para de subir?. ¿Y si encima viene su cuñado y le cuenta que compró y está ganando...y usted no? ¿Cómo se siente?

Imagínese que en ese momento de desesperanza y arrepentimiento, enciende la TV y se encuentra con un experto explicando con total solvencia que lo sucedido en los mercados era esperable, predecible o una “sana corrección” ¡y que encima es algo muy bueno!... ¿bueno para quien? ¿y donde está ahora el que decía lo contrario? Es natural que uno se pregunte: ¿Por qué este genio de las finanzas que está hablando ahora no apareció antes? 

Como humanos que somos, ante situaciones así es natural que nos surja un sentimiento asesino. Créame que lo entiendo…

Imagínese ahora que usted además de ser un damnificado es uno de esos genios de las finanzas.¿O acaso pensaba que los expertos ganan siempre?

Hay gente que su trabajo consta en ser experto. No lo olvide.

Las historias de éxito tienen mil padres, pero el fracaso es huérfano.

Nuestro tema de hoy es El Inversor Irracional y de todo esto tiene mucho como veremos a continuación.

La teoría económica tradicional parte del supuesto que el inversor es un ser racional. Y con ese supuesto se han desarrollado todos los modelos matemáticos, de análisis y de valuación de activos que han llevado a varios académicos a obtener Premios Nobel. 

Así entonces visualizamos al ser humano como aquel que toma decisiones luego de un proceso analítico cuantitativo que lo llevará a buscar siempre maximizar sus beneficios. Cuenta con información suficiente y como los mercados están en competencia perfecta (otro supuesto), los precios se ajustan por la ley de la oferta y la demanda. Fácil ¿no? Pongámoslo de otra manera: Es algo así como que cada uno de nosotros siempre piensa y escoge bien. Somos un “homo economicus” que puede pensar como Albert Einstein, tiene tanta memoria como el ordenador de mayor capacidad y la voluntad de Mahatma Gandhi. Pero la gente que conocemos no es así. La gente real tiene dificultades para dividir por más de una cifra sin calculadora, a veces olvida el cumpleaños de su esposa, y tiene resaca el día de Año Nuevo. No somos“homo economicus”;somos“homo sapiens”.

Así lo demuestra la evidencia empírica a partir de los trabajos del sicólogo Daniel Kahnemann que le valieran el Premio Nobel de Economía en el año 2002 (leyó bien un sicólogo ganó un Premio Nobel de Economía), y Richard Thaler Premio Nobel de Economía 2017. 

Los humanos no somos racionales, o no lo somos todo el tiempo o no al 100%. Según estos autores, no somos ordenadores y nuestra capacidad de razonar y analizar está fuertemente influenciada por aspectos emocionales llamados sesgos o bias. Independientemente de la formación técnica de cada uno, los aspectos emocionales hacen a la escencia del ser humano y no podemos evitarlos. Sin embargo el tomar conciencia que existen y que influencian nuestras decisiones, nos permitirá instrumentar mecanismos para evitar que nuestro cerebro nos juegue una mala pasada.

Veamos un caso: ¿Quién no ha aguantado posiciones perdedoras en la cartera con la esperanza que se recuperará,y lo único que ha obtenido a medida que pasa el tiempo es incrementar las pérdidas?.Sin embargo cuando se trata de ganancias no se puede contener y se apura a realizarlas.¡Ni que hablar si las ganancias vienen luego de una recuperación de pérdidas!. Un poco de aquello “mas vale pájaro en mano”.

Porque aguantamos las pérdidas con mayor vehemencia y confianza que las ganancias? Las pérdidas al igual que una hemorragia sanguínea si no la cortamos nos puede llevar a la muerte. Todos somos concientes de ello pero una y otra vez caemos en ello de que “esta vez será diferente” y ¡Zás! Viene el zapataso. Esta es una clara situación de que no somos racionales al 100% todo el tiempo o no lo somos de la misma manera para todas las decisiones. 

Otro ejemplo: las personas usualmente van a preferir $ 25 seguros que pagar $10 para participar en una lotería con probabilidad de ganar $ 50. El miedo a perder $10 no permite evaluar objetivamente el riesgo/retorno de la probabilidad de ganar $ 50 ¿si o no?

De esta manera podemos ver que somos mucho más aversos al riesgo que al retorno. Descubrimos de esta manera al “homo sapiens”que vive detrás del “homo economicus”.
Los mercados financieros no son ajenos a esta situación y están permanentemente influenciados por los sentimientos y creencias de los agentes que participan en él.
El tema da para mucho más y no quiero aburrirlo. Veamos entonces un poco de sicología aplicada a los mercados con una gráfica que me gusta mucho. ¡Hasta yo la entiendo!

Durante la evolución de los precios de un mercado, convivimos con distintas volatilidades y emociones. Codicia, pánico, alegría, desazón…y estas emociones definitivamente influencian su parte racional cuando va a comprar o vender posiciones. Veámoslo.

En la medida que el mercado inicia un ciclo alcista el inversor va pasando por diferentes estados de ánimo. Optimismo, Excitación, Placer, convicción de que es un Genio de las finanzas y así llega a un estadoEuforia.Este es el momento en que mas cuesta resistir la tentación de entrar al mercado.Una suerte de “compro porque se me va la moto”. Todas las noticias y especialistas logran convencerlo de que “la bolsa es negocio”. La historia nos permite ver claramente que éste es el principio del fin. A partir de ese punto, y casi sin darnos cuenta, el mercado comienza a caer (los árboles no crecen hasta el cielo) lo que genera ansiedad el mercado continúa cayendo y lo abordan sentimientos de negación, miedo, desesperación, pánico para llegar a la capitulación. Momento en el que se cuestiona ¿cómo pude haberme equivocado tanto?

A estas alturas el nivel de depresión es importante.

Bien, le cuento una cosa. Analizando los números del pasado vemos que estos momentos de máxima desesperanza se han dado cuando el mercado estaba en el piso o próximo a él. No es videncia con el diario del lunes, sino evidencia empírica al alcance de cualquier curioso.

Esos momentos de negativismo generalizado es cuando llegan los “brazos fuertes”. Son los llamados fondos institucionales.Su negocio consiste en comprar a precio de pollo a aquellos que mal venden en la desesperanza.Los mercados son cíclicos y ciclotímicos. Recuérdelo.

Tiempo después el mercado se comienza a recuperar en el escepticismo, pero no somos capaces de verlo. Cuando las noticias se hacen fuertemente alcistas, y nos comenzamos a convencer de que la realidad es otra, el mercado hace rato que ha subido y es recién cuando el humor de la mayoría de los inversores comienza a ser más positivo y la fase alcista se acelera. Ahí es cuando las “manos fuertes” capitalizan su dinero y comienzan a vender a aquellos que desesperadamente pagan cualquier precio por comprar lo que está de moda. ¡Qué papa! Diríamos varios. Pero créame que no lo es tanto. ¿Sabe por que?

Porque no somos ni una supercomputadora, ni Mahatma Gandhi ni mucho menos Einstein. 
La parte más difícil para una inversor es aceptar que tiene alguna dosis de irracionalidad. A veces mas, a veces menos. Pero siempre está.
Conociendo y aceptando esta debilidad es que podemos poner filtros, controles y procedimientos que limiten el accionar de nuestro ser irracional y nos permita beneficiarnos de la irracionalidad de otros. Este es un viaje en solitario.

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