Primicia mortal es el desafortunado título que se desprende de la traducción en Hispanoamérica de Nightcrawler, la primera película como director del guionista Dan Gilroy. Es desacertado porque la inclusión de la palabra “mortal” suele acompañar a cualquier filme de acción o terror de clase B y la ópera prima de Gilroy no podría estar más alejada de cualquiera de esos géneros. En cambio, se trata de un largometraje con una premisa original, una puesta en escena hipnótica y un protagónico tan brillante como siniestro por parte de su protagonista Jake Gyllenhaal; una combinación de elementos que la pone entre las 10 mejores películas estrenadas en 2014.
Así, el protagonista se adentrará lentamente en este submundo del periodismo criminal pero con una aproximación de profesionalismo impecable en cada oportunidad que tenga de ser el primero en llegar a la escena del crimen. Es que el Lou Bloom de Gyllenhaal bien podría ser el Patrick Bateman de Christian Bale de American Pyscho, pero perteneciente a la escena hipster de Los Ángeles. Su hablar es una verborragia constante salida directamente de un manual empresarial sobre cómo triunfar dentro una organización piramidal, en donde cada acción puede resultar en un futuro ascenso o despido, como se verá en la relación que entabla con su asistente interpretado por el actor Riz Ahmed. Como si se tratase de un gerente de recursos humanos psicótico, Gyllenhaal provee a su personaje de un discurso fluido y hasta hilarante en las situaciones escabrosas. También es notorio el cambio físico con el que se para el actor frente a esta película, para la que perdió cerca de 15 kilos.