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16 de marzo de 2012 19:44 hs

El jueves 19 de agosto de 2010 el Estadio Defensores del Chaco de Asunción, –el mismo que Olimpia reabrirá en la revancha contra Flamengo en los próximos días por la Copa Santander Libertadores– fue testigo involuntario de un hecho que hoy es noticia: ese día Bruno Montelongo jugó su último partido oficial cuando defendiendo a River Plate, perdieron 2-0 ante Guaraní por el partido de ida de la Copa Sudamericana.

El excelente nivel que había mostrado en los años anteriores en el equipo que comandaba Juan Ramón Carrasco llevaron a que se fuera a préstamo nada menos que a Milan de Italia. Así, sin anestesia. De River a Milan.

Llegó en plena pretemporada del equipo que dirigía Massimiliano Allegri, el mismo que sacó campeón del Scudetto al club el año pasado y que hoy sigue en funciones.

De un día para otro, se fue a esa pretemporada que se desarrolló en Emiratos Árabes Unidos, un país paradisíaco. Y allí, en esas playas comenzó a correr con jugadores que solo veía por televisión o con los que jugaba al Play Station. De un día para otro. Sin anestesia. “Mucho gusto, soy Bruno Montelongo”, se presentó ante luminarias como Zlatan Ibrahimovic, Robinho, Alexandre Pato, Gianluca Zambrotta, Gennaro Gattuso, Antonio Cassano, Alessandro Nesta o Clarence Seedorf, solo por citar a algunos.

Antes de ese sueño, en noviembre de 2008 defendiendo a River, Montelongo había sufrido una de las peores lesiones que puede tener un futbolista: rotura de ligamentos cruzados. Lo operaron el 1° de diciembre y recién pudo volver en junio de 2009 ante Nacional. Ni bien entró a la cancha, anotó un gol. La vida le volvía a sonreír.

Italia lo esperaba y seguramente un cambio radical en su vida. Posó con la casaca de Milan, lo recibieron notablemente, pero claro, el plantel que tenía uno de los equipos más encumbrados de Europa, no le daba cabida. Fueron seis meses en los que aprendió de todo.

“Uno ve por televisión a esos monstruos del fútbol mundial y parecen intocables, pero realmente son notables como personas y así lo viví yo. Son futbolistas que pese a su nombre, no se sienten estrellas y a mí me trataron como a uno más”, dijo Montelongo a El Observador. Y agregó: “A la hora de tratarlos, son como los jugadores de este plantel de Peñarol, sin agrande alguno”.

De allí pasó a Bologna en el que había cuatro uruguayos: Miguel Britos –hoy en Napoli– el Ruso Pérez, Gastón Ramírez y Henry Giménez, ex compañero de River. Fue presentado e iba a utilizar la camiseta número 87.

“La convivencia allí fue mejor, estaba más rodeado y con más apoyo. Se hacía más llevadero porque todos crecimos con la misma cultura y de vez en cuando hacíamos asados”, recuerda.

Pero en una práctica volvió a lesionarse otra vez los cruzados de la misma rodilla.

El 10 de marzo de 2011 lo operaron de nuevo y regresó a Montevideo con camisetas de Gattuso para sus amigos.

En agosto, Peñarol lo contrató a sabiendas de que venía de una prolongada recuperación.

“Me da vergüenza”
Montelongo sigue sin poder debutar oficialmente con la camiseta de Peñarol –más allá de lo que fue el Torneo Preparación–. “Estoy más que agradecido a Peñarol. Me siento en deuda porque confiaron en mí y siguen confiando en mí. Me trajeron sabiendo que me recuperaba de una lesión compleja, me pagan todos los meses regularmente el sueldo y necesito devolver eso en la cancha. También me siento en deuda con la gente que siempre se muestra muy cariñosa conmigo. Me paran por la calle y me preguntan: ‘¿Cuándo vas a jugar?’ Es una carga muy pesada para mí, tanto que a veces hasta me da vergüenza. Es que el presidente Damiani me había dicho que me trajeron para la Libertadores y ahora tuve esta otra lesión que tampoco me dejó jugar”, explica. Se refiere a lo que le sucedió al otro día de jugar la final del Preparación ante River en Rivera.

“Volvimos en ómnibus y en el viaje no dormí nada. Llegamos a Los Aromos y ese día se daba la lista para viajar a Mendoza para enfrentar a Godoy Cruz. Nos pidieron si podíamos hacer un poco de fútbol y yo acepté. Me equivoqué. Allí sufrí un desgarro en el cuádriceps y aún me quedan dos semanas más”, dijo.

A los 24 años, está casado con Laura y hace cinco meses nació Matías, casi el mismo día del cumpleaños de Peñarol. Ellos y sus padres son el sostén de este momento.

“Mi viejo y yo somos hinchas de Peñarol. Eso me mantiene con ganas para volver. ¿La ansiedad? Tengo que aprender a manejarla. Este es uno de los peores momentos de mi carrera, desde el punto de vista anímico. Mis compañeros también me ayudan mucho. Si esperé todo este tiempo, dos semanas más no es nada”.

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