1 de septiembre de 2023 5:03 hs

El papa Francisco inicia este viernes una visita de tres días a Mongolia, un país de estepas ardientes y deshabitadas que limita con China y Rusia y donde un tercio de los 3,5 millones de habitantes son nómades que viven en carpas, se declaran mayoritariamente budista o ateos y apenas un millar y medio profesa la fe católica.

Francisco fue recibido en el aeropuerto internacional de Chinggis Khaan, de la capital mongola, Ulan Bator, por el canciller de Mongolia y, según el protocolo para visitantes ilustres, una mujer le ofreció una copa de yogur seco, regalo tradicional del país.

Dedicará el resto del viernes al descanso tras las 9 horas de vuelo y su labor comenzará el sábado para culminar el domingo con un encuentro interconfesional.

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Es el segundo viaje en un mes que realiza el Papa, de 86 años y que se desplaza en silla de ruedas, luego de su visita a Portugal para la Jornada Mundial de la Juventud.

Pese a lo exiguo de la grey católica mongola, se trata de un viaje largamente deseado por el Vaticano, al punto que figuró entre las aspiraciones manifestadas y no cumplidas por Juan Pablo II cuando en 1992 restableció la relación de estado a estado.

Las cartas de Gengis Khan

El catolicismo se instaló en la tierra del legendario Gengis Khan, en la frontera con China, en el siglo XII, cuando el imperio mogol ocupaba una parte de China, Rusia, Persia, Medio Oriente y Europa.

Las relaciones entre el país asiático y la Iglesia de Roma ya existían en el siglo XIII, como demuestran algunas cartas entre el hijo del emperador Gengis Khan y el papa Inocencio IV. El imperio desapareció en el siglo XIV, en tiempos de la dinastía Yuan, aunque de forma incipiente resurgió a mediados del XIX y finalmente fue abolido en la segunda década del siglo XX.

En 1922, tras la instalación de un régimen socialista inspirado en la Revolución Rusa de 1917, la religión católica fue prohibida y recién se restableció el permiso para profesarla tras el colapso del comunismo y el fin del régimen de partido único.

Los pioneros de esta reinstalación fueron los sacerdotes de la Congregación del Corazón Inmaculado de María y luego los Misioneros de la Consolata, una congregación a la que pertenece el primero y único cardenal de Mongolia, consagrado el año pasado en Roma.

Se trata del italiano Giorgio Marengo, que es el actual prefecto apostólico de la capital de Mongolia, Ulan Bator.

Pese a su extensión, Mongolia es uno de los países menos poblados del mundo debido en parte a su inhóspito clima mediterráneo con grandes diferencias climáticas que van de los 40°C en verano a los -40°C en invierno.

“Un pueblo sabio”

Refiriéndose a la visita a Mongolia, Francisco reiteró el domingo pasado en el Angelus que se trataba de “una visita muy deseada”.

“Será la ocasión para abrazar una Iglesia pequeña en los números, pero vivaz en la fe y grande en la caridad. Y también para encontrar, de cerca, a un pueblo noble, sabio, con una gran tradición religiosa que tendré el honor de conocer”, dijo.

El papa se encontrará en Ulan Bator no sólo con los católicos sino también con el pueblo mongol de gran tradición budista. Según datos contenidos en un Informe sobre la Libertad Religiosa en Mongolia de 2022, basado en el censo de 2020, casi el 60% de la población se declara creyente y el 40% ateo.

Del 60% de los creyentes, el 87% es budista de la rama tibetana, el 5,4% musulmán, el 4,2% sciamanista y el 1,1% cristiano. Entre los cristianos no sólo hay católicos sino también protestantes, mormones, Testigos de Jehová y ortodoxos rusos.

El gran paso adelante en las relaciones se produjo el 5 de junio de 2000, cuando el papa polaco recibió en audiencia a Natsagiin Bagabandi, el primer jefe de Estado de Mongolia que pisaba el Vaticano.

Once años más tarde, el 17 de octubre de 2011, también Benedicto XVI recibió en la Santa Sede al presidente Tsakhiagiin Elbegdorj.

La agenda

Habrá varios momentos importantes de la actual visita de Francisco.

El sábado 2 de setiembre estará dedicado a los encuentros institucionales, primero con las autoridades civiles y el cuerpo diplomático y allí hará su primer discurso.

Luego se reunirá en Gran Jural del Estado, que es la sede del Parlamento, con el presidente Ukhnaagiin Khürelsükh, y poco después con el Primer Ministro, Luvsannamsrain Oyun-Erdene.

Por la tarde se encontrará con obispos, sacerdotes y misionarios en la catedral de los Santos Pedro y Pablo, construida en el siglo XX, y donde se encuentra una estatua de la Virgen que una mujer encontró en la basura.

La virgen fue venerada como Madre del Cielo y el cardenal Marengo la consagró como patrona de Mongolia. La mujer que encontró a la Virgen recibirá a Francisco en la catedral y otra mujer le ofrecerá una jarra de leche envuelta en un echarpe azul, otra tradición mongola.

El domingo 3, celebrará la misa en Steppe Arena, siempre en la capital del país, una suerte de estadio para hockey sobre hielo. De la misa participarán además de los católicos residentes en Mongolia, otros 1.000 fieles católicos provenientes de Rusia, China, Thailandia, Kazakistan, Kizijistan, Azerbaijan y Vietnam.

El domingo además Francisco presidirá un evento ecuménico e interreligioso en el Hun Theatre donde se encontrará con representantes del budismo, sintoismo, islam, judaísmo e hinduismo.

El retorno a Roma está previsto para el lunes 4. Llegará a las 17.20 (hora local) al Aeropuerto de Roma.

(Con información de agencias)

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