27 de agosto 2022 - 5:01hs

Punto para la democracia: rendir cuentas en el Parlamento sobre el proceso que llevó a que el Estado uruguayo le diera un pasaporte a un uruguayo acusado de narcotráfico y sospechado de graves crímenes, mientras permanecía encarcelado en un país extranjero.

Punto para la democracia: que se conozcan los detalles de la gestión que realizó el ahora senador frenteamplista Charles Carrera, cuando era director general de secretaría del Ministerio del Interior, por la cual una persona herida por una bala que podría haber salido desde la casa del entonces subcomisario de Policía de La

Paloma, recibió atención médica y vales de alimentación de forma irregular. 

Stop. Rewind.

Más noticias

Democracia retrocede algunos casilleros: nadie cometió ningún error u omisión, o al menos eso es lo que se deduce de las declaraciones de los involucrados en ambos casos y de sus allegados políticos. En las dos situaciones, de diferente gravedad y consecuencias, vuelve la vieja política a instalarse por encima de la razonable rendición de cuentas que merecen los ciudadanos de una democracia saludable. Es esperable que las dos situaciones generen chicanas políticas como las que efectivamente están explotando; es insostenible que la clase política siga mirando para el costado a la hora de asumir responsabilidades cuando se cometen errores. 

Hasta ahora todo indica que no hubo corrupción efectiva -constante y sonante- en estos dos casos, aunque la erosión de las instituciones no se da solamente por el pago de coimas o el intercambio de favores, sino también por la ausencia de orden y la falta de respeto por los procedimientos legales. En el caso del pasaporte la información de la que se dispone confirma que se siguió lo que indica la ley y que “lo único” que falló fue el sentido común y algunas técnicas de Googleo. En el caso del favor de Carrera tampoco hay dinero de por medio, al menos en efectivo, pero si un apartamiento claro de las potestades que le corresponden a un jerarca del Ministerio del Interior. Es importante analizar ambas situaciones en conjunto, aunque no tengan nada que ver una con la otra en su matriz, porque demuestran cómo actúa el sistema político a la hora de participar en la cadencia de te acuso, me acusás, te vuelvo a acusar. La intensidad política que tomó cada tema en las últimas dos semanas responde a la lógica competencia política entre partidos, pero también a la no tan lógica pasada de facturas que termina en dudas que nunca se terminan de dirimir del todo.

Es casi imposible encontrar ejemplos de gobernantes de los últimos tiempos que asuman que algo no debió hacerse como se hizo. El gobierno rindió cuentas sobre el pasaporte en una interpelación de muchas horas en la que los hechos quedaron más o menos claros, pero fallaron las disculpas o, al menos, la aceptación de que hubo una metida de pata aunque esta no configure un apartamiento de la ley ni de las regulaciones. 

Otro ejemplo claro es el propio Carrera y su partido político, que explicaron poco y nada sobre lo que pasó durante los tres años y medio en que el Ministerio de Interior de la época se hizo cargo de un paciente que no le correspondía,

En ambos casos se explicó algo, se asumió menos y se acusó mucho. Pasaron solo 48 horas entre la interpelación por el pasaporte y la comisión por Carrera. En la primera cita Heber era el que debía dar explicaciones a la oposición. En la segunda, fue quien planteó la denuncia contra un integrante de la oposición, sin la presencia de la oposición, por decisión del Frente Amplio. El partido opositor decidió no presentarse luego de “retirarle la confianza” a Heber durante la interpelación, en la que promovió sin éxito una moción de censura por considerar insatisfactorias sus explicaciones. 

Para el FA la comisión fue parte de una operación de “escrache” innecesaria, porque el caso de Carrera ya está en la Justicia. 

Es el mismo partido que pidió “subir el volumen” al debate sobre el pasaporte narco, luego de una interpelación que se jugó cómo en dos tiempos, el primero de los cuales fue llevado con orden y respeto por el senador Mario Bergara, para luego desmadrarse con acusaciones de todos lados que poca luz echaron sobre el tema de fondo. En la bancada frenteamplista no todos felicitaron a Bergara por ese tono correcto. 

Al contrario: algunos evaluaron que el senador no atacó con suficiente contundencia ciertas debilidades del gobierno en el “caso pasaporte”, en particular el hecho de que la subsecretaría de Relaciones Exteriores, Carolina Ache, no avisó a Interior que se estaba expidiendo un pasaporte para Marset, a pesar de que el subsecretario de esa cartera le preguntó dos veces por el caso del narcotraficante.

Luego de la sesión de la comisión parlamentaria a la que no asistió el Frente Amplio, el gobierno decidió que irá contra el patrimonio personal del senador Carrera, para cubrir los US$ 260 mil que el Ministerio del Interior estima que se gastaron gastos médicos en el hospital Policial y de alimentación de Víctor Hernández, la persona herida por una bala. Ojo por ojo.

“Creo más bien que los orientales somos bastante pelotudos, para mí tiene que ver con las pelotas que tenemos, chau”, dijo el expresidente José Mujica sobre el pasaporte expedido. Si debemos quedarnos con esta explicación como la única posible para dar cuenta de dos situaciones graves, estamos en problemas.

Temas:

Narcotraficante Charles Carrera Rendición de Cuentads política Member

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos