El Observador | Leonardo Pereyra

Por  Leonardo Pereyra

Columnista político
16 de marzo 2026 - 5:05hs

Por ahora se trata de una advertencia estadística y no de un susto político. Pero, para bien de los gobernados, tal vez convenga que a los que mandan, y a los que se oponen, el cuco de un outsider uruguayo, una verdadera rareza, les golpee la puerta. Porque las encuestas sobre lo que piensa la gente acerca de sus gobernantes es descorazonadora e incluso algunos politólogos advierten que el descontento es tal que una parte de los uruguayos está dispuesta a dejar atrás su tradicional apego a las fuerzas tradicionales para darle la oportunidad a un extraño, a alguien que reniegue de ese refrán que dice que más vale bueno conocido, y que los convenza de que lo mejor está por conocerse.

Es probable que la desazón y el enojo de los uruguayos a la hora de responder a las encuestas se aplaquen cuando, otra vez, llegue la hora de elegir presidente y vuelva a ganar algún representante de los partidos tradicionales. Pero, al menos, sería de esperar que el presente descontento sirva para movilizar a un sistema político que parece aletargado en la idea de que vivimos en un “país pradera con balcón al mar”, al decir del presidente Yamandú Orsi en su pasado discurso ante la ONU.

Una imagen bucólica que permea la imaginería uruguaya pese a que la pobreza estructural no cede, muchos salarios son miserables, la burocracia estatal asfixia a los ciudadanos y más de 700 uruguayos se suicidan por año tirándose de ese fantástico balcón.

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En esa encuesta, más del 70% de los votantes dice tener ninguna o poca confianza en que el gobierno del Frente Amplio va en la dirección correcta, en tanto que la Coalición Republicana (CR) también recoge un saldo negativo incluso entre sus propios adherentes. Ante la pregunta "¿cómo evalúa el primer año de la oposición?" un 29% respondió "muy malo", un 28% "malo", un 25% "ni bueno ni malo", y un 13% "bueno". Entre los votantes de la CR un 26% respondió "muy malo", un 24% "malo", un 30% "ni bueno ni malo" y un 14% "bueno". La opción "muy bueno" no recogió adhesiones.

El elenco político estable parece estar necesitando que alguien llegue darle un susto. Y no necesariamente debe corporizarse en un remedo del argentino Millei, ni de un populista de los que pululan en Latinoamérica. El elenco político estable parece estar necesitando que alguien llegue darle un susto. Y no necesariamente debe corporizarse en un remedo del argentino Millei, ni de un populista de los que pululan en Latinoamérica.

Para peor, -¿o para mejor?- un 20% de los consultados por El Observador y la UMAD cree que en 2029 va a aparecer una opción política alternativa a los partidos tradicionales. Esta encuesta, circuló profusamente en círculos políticos y grupos de whatsapp de importantes dirigentes.

Que uno de cada cinco esté pensando en una alternativa es estadísticamente significativo. Basta con un simple cálculo: la suma de alternativas a los bloques tradicionales con votos en blanco y anulado suele estar cercano al 10%. Entonces hablamos de una duplicación que puede estar hablando de un problema de representatividad en el sistema político”, dijo el doctor en Ciencia Política Fabricio Carneiro, uno de los coordinadores de la UMAD,

“Uruguay no está blindado a que pueda haber un cambio, aunque no sea radical, y que el sistema ceda ante un electorado que no encuentra su representación. Todavía no tenemos muy claro, y es parte de lo que hay que seguir midiendo, si ya está llegando a Uruguay lo que se vivió en toda la región en un proceso que tuvo tiempos diferentes en cada país”, señaló.

El apego a esas divisas es innegable y debería ser una buena noticia en un mundo en el que las democracias están debilitadas por la atomización. Sin embargo, ese mismo sistema se ha convertido en un chaleco de fuerza para cualquier iniciativa más o menos rupturista. El apego a esas divisas es innegable y debería ser una buena noticia en un mundo en el que las democracias están debilitadas por la atomización. Sin embargo, ese mismo sistema se ha convertido en un chaleco de fuerza para cualquier iniciativa más o menos rupturista.

En tanto, el politólogo Adolfo Garcé dijo a El Observador que es innegable el descontento que campea entre la gente. “Lo establecido aburre, la gente busca novedad y alguien se la tiene que dar. La pregunta del millón es si esa novedad vendrá desde dentro de los partidos establecidos o aparecerá un partido nuevo”, afirmó Garcé.

En ese sentido, observó, en relación al presidente argentino Javier Millei que “vemos a un libertario en la vereda de enfrente haciendo política de un modo distinto y no le ha ido mal”.

“Demanda de libertad en Uruguay, existe. No sé si habrá carisma para representarla. Pero creo que si se viene una propuesta nueva será por el lado libertario. Hay que ver cómo reaccionan los partidos establecidos que han sido muy eficientes para abarcar dentro de sus fronteras las distintas opciones”, agregó Garcé.

Lo cierto es que la gente no está harta con alguien en particular, sino que parece estar enojada con todos. La prudencia de los políticos uruguayos, tan reconocida y destacada desde otros países donde la pelea entre adversarios es extremadamente áspera, esa prudencia, digo, se está pareciendo mucho al inmovilismo.

Aunque los políticos en cartel no ofrezcan las soluciones necesarias, es probable que pase mucho tiempo para que una porción significativa de los uruguayos abandone su tradición blanca, colorada o frenteamplista. El apego a esas divisas es innegable y debería ser una buena noticia en un mundo en el que las democracias están debilitadas por la atomización. Sin embargo, ese mismo sistema se ha convertido en un chaleco de fuerza para cualquier iniciativa más o menos rupturista.

El elenco político estable parece estar necesitando que alguien llegue darle un susto. Y no necesariamente debe corporizarse en un remedo del argentino Millei, ni de un populista de los que pululan en Latinoamérica.

Pero nuestros políticos profesionales necesitan sentir en la nuca el aliento de una competencia real. ¿Qué características debería tener esa eventual fuerza para nacer y permanecer? Hasta ahora los intentos de conformar una propuesta alternativa han sido vanos. El último ejemplo ha sido el Cabildo Abierto de Guido Manini Ríos que consiguió una bancada parlamentaria respetable en 2019 pero luego se derrumbó tras formar parte de la Coalición Republicana.

La institucionalidad uruguaya es fuerte y suele fagocitarse a los que se salen del esquema. Esa fortaleza nos está salvando del estallido, pero la siesta convertida en una política de Estado ha sembrado una preocupante desesperanza. Y, para muchos, ese balcón con vista al mar ya se parece bastante a un precipicio.

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