Opinión > EDITORIAL

El presidente y el comandante

Una tensa relación con las Fuerzas Armadas que es necesario solucionar de cara al futuro 

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14 de septiembre de 2018 a las 05:03

La declaración en una radio del comandante en jefe, Guido Manini Ríos, en que cuestionó la reforma de la caja militar e indirectamente tildó de desinformado al ministro de Trabajo, Ernesto Murro, generó una reacción con inesperadas consecuencias que devinieron en una sanción al comandante en jefe del Ejército. 

Inmediatamente se sucedieron opiniones, consultas a bibliotecas jurídicas y comentarios efectistas en Twitter. De una forma u otra había que tomar partido a favor o en contra del militar o de la decisión del gobierno. 
Un poco de historia: Manini Ríos ha tenido choques con el Poder Ejecutivo en diversas oportunidades, tanto por dichos como por actitudes y esta última habría sido la gota que derramó el vaso y colmó la paciencia del presidente de la República, Tabaré Vázquez. 
Finalmente, luego de marchas y contramarchas, trascendió que la sanción impuesta –arresto a rigor por 30 días– fue por la suma de actos de indisciplina que el jerarca viene protagonizando durante su gestión.

Sin embargo, los actos de indisciplina cometidos por Manini Ríos no representan una pérdida de confianza para el presidente. “No hay pérdida de confianza en la lealtad del señor comandante en jefe del Ejército y tampoco está en juego no creer en la buena fe con la que actuó”, sostuvo el mandatario explicando por qué –contra la lógica– no lo destituyó.
El que también terció en la contienda fue el expresidente José Mujica, con fuerte ascendencia en las Fuerzas Armadas. Dijo a Búsqueda: “El presidente no tenía más remedio que tomar esa decisión. Cada cual es esclavo del papel que tiene que ocupar y el presidente tiene como tarea encuadrar al comandante”.

Pero para entreverar más la cosa agregó que “también es cierto que si Manini no hace una gestualidad como la que hizo pierde respeto y consideración con sus alternos (…). Si se hace el bobo queda como falto de carácter. Hizo lo que tenía que hacer, por más que suene a contradicción los dos hicieron lo que tenían que hacer”.

Es confuso el sainete. Según Mujica, Vázquez hizo lo que tenía que hacer porque Manini hizo lo que tenía que hacer. Se podría tratar de una nueva variable de la célebre frase como te digo una cosa te digo la otra, otrora esgrimida por el ingenioso expresidente. 
Si no fuera porque Uruguay tiene que solucionar de una vez y para siempre la tensa relación con nuestras Fuerzas Armadas, el episodio hasta podría ser tomado como una anécdota. Pero es una tragedia que se arrastra desde la recuperación democrática. Lo que dijo Manini y la discusión que generó revelan que las heridas siguen abiertas y que los militares no terminan de encontrar su lugar luego de la dictadura. Y eso es lamentable. Este episodio en sí es una tormenta en un vaso de agua, pero en un vaso que navega en un Uruguay que surca mares cada vez más embravecidos y con pronósticos de desmejoramiento si quienes manejan el gobierno, quienes pretenden acceder a él y los militares no empiezan a estar a la altura que les exige el porvenir.
De no ser así, Uruguay y las futuras generaciones estarán condenadas a cargar por siempre esta pesada herencia maldita; igual que esa piedra que Sísifo empujaba a la cima de la montaña para, una vez arriba, dejarla caer para empezar de nuevo y así repetir la misma historia hasta el fin de los tiempos. 

 

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