Se espera que el primer laboratorio espacial chino, del cual se perdió el control en 2016, se estrelle sobre la Tierra en los próximos meses. Se trata del denominado Tiangong-1. Pero a diferencia de este, muchos objetos enviados al espacio permanecen allí mucho más tiempo de su vida útil, orbitando el planeta Tierra interminablemente.
Es posible que pueda haber fragmentos del Tiangong-1, el laboratorio chino de 8,5 toneladas métricas que entró por primera vez en el espacio en 2011, pero que ya no está en funcionamiento. Se espera que aterrice entre las latitudes 43 ° N y 43 ° S, según Aerospace Corporation, una organización de investigación espacial. Esa es un área cubierta por el océano, aunque también incluye partes de países como China y Estados Unidos.
Desde fines de la década de 1950, cuando los seres humanos comenzaron a enviar satélites al espacio, ha estado quedando basura tras cada lanzamiento. Se estima que hay unos 170 millones de pedazos de escombros que viajan a velocidades enormes. A medida que aumenta la densidad de los objetos en órbita, los científicos consideran que cada vez es más probable una colisión en cascada. Si eso sucediera, sería muy difícil, si no imposible, abandonar la órbita de la Tierra.
Los gobiernos y las empresas están buscando la manera de lidiar con los desechos espaciales antes de llegar a eso. Algunas de estas ideas podrían no llegar a concretarse pero otras podrían llegar a ser un servicio espacial lucrativo.
Seguir los restos
Como con cualquier problema, el primer paso es descubrir qué tan grande es.
El Comando Estratégico de Estados Unidos cataloga todos los objetos artificiales en la órbita terrestre en determinado tamaño a través de la Red de Vigilancia Espacial (SSN ,por sus siglas en inglés). Se trata de una red de 30 sensores de vigilancia espacial que utiliza radares militares y civiles y telescopios ópticos.
Los desechos espaciales pueden incluir tanto cuerpos naturales, como meteoroides, así como también otros objetos hechos por el hombre que no sirven para nada, pero que aún están en órbita alrededor de la Tierra como, por ejemplo, satélites inactivos o hardware descartado.
Según una publicación de la NASA de noviembre, la Red de Vigilancia Espacial ha catalogado 18.747 objetos artificiales en el espacio, que incluye 1.738 satélites operacionales.
En 2007, cuando China destruyó su satélite meteorológico Fengyun-1C en una preocupante prueba de armas, fue uno de los peores contribuyentes individuales a los desechos orbitales, debido a que creó unos 3.300 fragmentos. Pero la mayoría de los desechos espaciales son demasiado pequeños para rastrearlos.
La Agencia Espacial Europea estima que de los millones de partículas de desechos en órbita terrestre, unos 670.000 son más grandes que un centímetro (0.4 pulgadas), lo suficientemente grandes como para desactivar la Estación Espacial Internacional. Eso es porque se están moviendo a velocidades de más de 28.000 kmph.
Se espera que el Comando Espacial de la Fuerza Aérea de Estados Unidos active pronto un radar más potente llamado Space Fence, que permitirá que el sistema de vigilancia catalogue hasta 200 mil objetos, tan pequeños como 4 pulgadas. El radar podría comenzar a funcionar a fines de 2018 o principios del próximo; luego un segundo radar está programado para entrar en operación en 2021.
Redes, arpones, láser, imanes
Los científicos de todo el mundo están explorando una serie de ideas sobre cómo agarrar o empujar los desechos hacia la Tierra.
Este año, se espera que RemoveDebris, un proyecto de eliminación de basura financiado por la Unión Europea y liderado por el Centro Espacial de la Universidad de Surrey. La idea es que el proyecto intente atrapar basura con algo parecido a una red de pesca espacial y un arpón.
Esos esfuerzos probablemente se incorporarán a los planes de la Agencia Espacial Europea que pretende realizar la primera remoción activa de escombros en el mundo en 2023, tal vez con una red o con un brazo robótico. La misión, que está en proceso desde 2016, tiene como objetivo capturar un satélite inactivo de la ESA y quemarlo durante el reingreso a la Tierra.
Por su parte, China envió en 2016 el satélite experimental Aolong-1 o Roaming Dragon al espacio. La idea es que intente atrapar escombros con su brazo robótico. Hasta el momento se desconocen sus resultados.
Por su parte, la startup satelital privada de Singapur, Astroscale, está diseñando satélites para detectar y capturar basura espacial, una de las cuales podría involucrar el uso de imanes. Se planea realizar una demostración para fines de 2019.
Otros científicos están investigando la idea de usar láseres para empujar basura espacial. Sin embargo, lo más importante que pueden lograr las misiones por el momento es planificar una mejor eliminación. Lo que podría significar reingresos controlados o establecer objetos en una pista orbital, que con el tiempo descenderían solos.
Se estima que un promedio de entre 200 a 400 objetos espaciales reingresan a la
atmósfera cada año y que generalmente caen en un océano o en un área despoblada.