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La vida de película de la uruguaya Blanca Luz Brum

Llena de contradicciones y enigmas, su vida cobra vuelo con una obra de teatro y un documental

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07 de septiembre de 2018 a las 05:01

Contestataria, apasionada, y enigmática. Blanca Luz Brum fue una poetisa, escritora y ferviente militante política uruguaya que pasó desapercibida, quizá, en el ámbito literario, pero por su capacidad de persuadir y su inteligencia rebuscada, supo calar hondo en círculos políticos de mucho poder. Se movió a lo largo y ancho de Latinoamérica y participó en movimientos vanguardistas artísticos y políticos. Su imagen se cargó de contradicciones, en parte, por la pasión con la que luchó, en distintos momentos, por el comunismo, el peronismo y el pinochetismo, ideologías tan distintas entre sí que resultarían irreconciliables en una sola vida.

Su pisada fuerte por cada lugar que recorrió pudo haberle garantizado un destaque a nivel histórico, pero no. La forma en la que se hizo carne de corrientes tan extremas como inconciliables, hizo que varios de sus contemporáneos desearan borrarla del mapa de las memorias.

Ahora, casi que por suerte del destino, se estrenaron con pocos días de diferencia, una obra de teatro –Nosotras en Brum– y un documental –No viajaré escondida– que indagan sobre la vida de Blanca Luz Brum y le dan la visibilidad que no tuvo durante décadas.

“Es como si Blanca lo hubiera armado”, dijo a El Observador Verónica Mato, dramaturga y creadora de Nosotras en Brum que empezó a adentrarse en la historia de esta mujer a comienzos de 2016, y desde ahí, su interés por ella creció y le surgió la posibilidad de revivirla a través del teatro en una ficción que recrea la parte de su historia que se desconoce. En paralelo –sin saberlo entre ellos hasta hace unos meses– el director de cine Pablo Zubizarreta venía trabajando en un documental sobre la vida de esta poetisa uruguaya. Con la película, que tuvo un minucioso trabajo previo de ocho años y la obra, que llevó un proceso de casi dos años, no queda más que conocerla.

Del campo a la ciudad

Nació el 31 de mayo de 1905 en el seno de una familia de clase media baja en Pan de Azúcar, Maldonado. Una niña con personalidad difícil de controlar para sus tías –quienes se hicieron cargo de ella cuando su madre falleció– y que decidieron enviarla a un convento en Montevideo. Ese fue el primer paso para que ese espíritu indomable comenzara a escalar a su conveniencia.

A los 16 años se casó con el poeta peruano Juan Parra del Riego, ficha fundamental para sus primeros pasos en la poesía porque con él comenzó su contacto con los intelectuales de la época. En 1925 llegó el primero de los tres hijos de Brum, Eduardo Parra. Seis días después del nacimiento, falleció su esposo. Sin trastabillar, la poeta decidió ir a Perú, donde estaba la familia –económicamente acomodada– de su difunto esposo. Enseguida comenzó a hacer de las suyas y se involucró en importantes círculos literarios de ese país. En ese capítulo de su historia llegó José Carlos Mariategui, escritor embanderado con los ideales marxistas, fundador del Partido Socialista Peruano y director de la importante revista Amauta donde Luz Brum publicó varios poemas. Ahí se adentró en la ideología comunista y se volvió amante de ese pensamiento, fundó revistas y trabajó en lo que llamó “el arte para la revolución”. Se involucró a tal punto que molestó y la echaron del país.

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Su regreso a Uruguay la encontró con poetas contemporáneas como Juana de Ibarbourou, a quien criticó en cartas dirigidas a su amigo Luis Eduardo Pombo: “Mira esa Juana, a mí no me pasa, es muy criolla y repugna a mi olfato de mujer flaca y revolucionaria, es muy adulona, muy dulzona, llena de cositas redondas”. Mientras Ibarbourou era reconocida como la “Juana de América”, Blanca era tildada de “colchón de América” por las especulaciones que habían en torno a su vida privada que le sacaban rédito al arduo trabajo cultural y político. En la película de Zubizarreta se ilustra como en Montevideo, mientras la mayoría de las mujeres respetaba cierto estilo en común –pelo corto y vestimenta aniñada–, la pandeanzuquense impactaba por su vestir descontracturado, su cabellera suelta, larga y renegrida y su belleza exótica. Su alta autoestima se interpretó como vanidad y su forma de encarar las relaciones sentimentales la posicionó como una mujer “fácil” para el ojo ajeno. Lo cierto es que empoderada y firme en sus acciones, rompió con el estereotipo femenino de un comienzo de siglo XX conservador.

En 1929, Brum conoció en Montevideo al muralista mexicano, David Siqueiros, fuerte militante comunista. Con él se fue a México y continuó con su lucha comunista. Apoyó al líder nicaragüense Augusto Sandino llegando incluso a tener actitudes tan jugadas como insólitas como pegarle al presidente de Estados Unidos con un ramo de flores al grito de “Viva Sandino”, según relató Mato.

“Si uno googlea su nombre, a lo único con lo que se la asocia es con los hombres con los que estuvo y no por todo el trabajo que hizo, porque fue una mujer que se construyó a sí misma, y se formó en la acción”. Dice Verónica Mato.

Con un sinfín de idas y vueltas en el medio, que valdrían varios capítulos de un libro, Blanca Luz Brum llegó a Argentina, donde ofició en momentos políticos decisivos como secretaria de prensa de Juan Domingo Perón. Según su versión, fue ella quien propició el movimiento obrero del 17 de octubre de 1945 en Buenos Aires (día que se consideró como el nacimiento del peronismo) y quién ideó el eslogan de campaña “Braden of Perón” con el cual el coronel ganó la presidencia.

Pero ese rol influyente fue borrado casi que por completo. En No viajaré escondida se cuenta que, cuando Perón asumió la presidencia, Brum le comentó a alguien, mirando hacia el lugar que ocupaba Evita, “ahí tendría que estar yo”. Eso llegó a oídos de la entonces primera dama que le dio 48 horas a la poeta para abandonar Argentina.

Entre tantas peripecias, exilios e ideologías que se le cruzaron a lo largo de su vida, Blanca Luz Brum decidió pasar los últimos 30 años de su vida en la Isla Robinson Crusoe en Chile donde apoyó el golpe de estado de Augusto Pinochet.

Dos retratos

La historia que escribió Verónica Mato –y actúa ahora junto a Ariana Do Reis– está ambientada en 1973 en la Isla Robinson Crusoe donde en una situación ficcional, Blanca Luz Brum recibe en su casa a una misteriosa mujer que quiere conocerla. A lo largo de la obra se indaga por la pregunta ¿qué es ser fiel a una ideología?
Mato contó qué eligió revivir a esta mujer porque le resultó “un personaje fascinante y contradictorio” y agregó que “si uno googlea su nombre, a lo único con lo que se la asocia es con los hombres con los que estuvo y no por todo el trabajo que hizo, porque fue una mujer que se construyó a sí misma, y se formó en la acción”.
 

“Blanca Luz Brum es una mierdita. No tiene ninguna importancia. Está usted perdiendo el tiempo haciendo una película sobre ese personaje”, esas son las palabras que dan inicio a No viajare a Escondida, largometraje de coproducción argentino-uruguayo que intenta reconstruir la vida de la poeta. El trabajo de producción supuso trasladarse hasta los lugares donde estuvo Brum, recabar testimonios de quienes la conocieron –entre los que se encuentra su única hija viva– y citar innumerables documentos. Zubizarreta viajo a la Isla Robinson Crusoe poco tiempo después de que un tsunami arrasara con todo en 2010y por el que se perdieron pertenencias y documentos de la poeta. De una mujer que fue símbolo de libertad femenina en América Latina, solo quedaron restos de una valija y fotos mojadas. 

 

 

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