25 de noviembre de 2011 21:14 hs

Asimo (acrónimo de Advanced Step in Innovative Mobility) es el nombre de un robot dotado de la más alta tecnología: posee un cerebro electrónico diseñado para reconocer rostros, objetos y responder a órdenes formuladas verbalmente. Sus sensores táctiles, ubicados en las palmas de las manos y en los dedos, le permiten manipular cualquier objeto con la delicadeza o la fuerza necesaria. Los servomecanismos, alojados en sus miembros, le confieren las mismas destrezas que las articulaciones de los seres humanos, y el equilibrio –indispensable para caminar, correr o estar parado– es proporcionado por un complejo sistema de locomoción conocido como ZMP (Zero-Moment Point) que emula las funciones del oído interno en las personas.

Pero lo más asombroso de esta máquina es, sin lugar a dudas, su software: un programa de informática capaz de procesar de forma simultanea la información enviada por los sensores y ejecutar acciones sin necesidad de un operador. Un logro que solo fue posible merced a los avances que los ingenieros nipones han alcanzado en miniaturización de componentes electrónicos (nanotecnología) y el desarrollo de la inteligencia artificial.

Ficción y realidad

Más noticias
Cuando mirábamos los videos que circulan en internet sobre las habilidades de Asimo, por momentos aparecían dudas acerca de su procedencia; podría tratarse de “documentales” o tráilers creados por expertos de Hollywood en efectos especiales, un producto de marketing bien armado cuyo objetivo fuera destacar la tecnología de avanzada de la empresa Honda, mundialmente conocida por sus automóviles y motos.

Pero, aunque lo que estábamos viendo parecía extraído de un film de anticipación, no se trataba de un truco: un robot humanoide de poco menos de un metro y medio de altura, de color blanco, que se presentaba ante el publico y los medios de comunicación realizando numerosas “destrezas físicas” como saltar, correr, desplazar carritos de supermercado o servir agua en un vaso. Todo realizado de forma tan “natural” que por momentos olvidábamos que eran acciones ejecutadas por una máquina.

La capacidad y la apariencia de Asimo evoca inevitablemente la película “El hombre bicentenario” de 1999 protagonizada por Robin Williams. En la misma, el director Chris Columbus sigue el argumento planteado por el escritor Isaac Asimov en la novela del mismo nombre: la historia de un robot cuya convivencia permanente con las personas le provoca el deseo de convertirse en humano.

Inteligencia artificial

La Honda Motor Company trabajó durante más de veinte años –al principio de forma completamente secreta– en el desarrollo de robots de apariencia humana: a fines de los años 80 esos prototipos eran artefactos grandes y pesados provistos de numerosos apéndices y cables de energía que realizaban extraños movimientos en los laboratorios.

Para la década de 1990, la ingeniería robótica dio un giro al comenzar a aplicar tecnología y conocimientos que venían de la biónica –sistemas mecánicos que simulan el movimiento de los seres vivos– y a integrarlos mediante programas informáticos de vanguardia y “memorias holográficas” (memorias que permiten identificar y reconocer objetos utilizando algoritmos que reconstruyen información, tal como lo hace el cerebro humano).

En este pequeño robot, de un metro treinta de estatura y poco más de 50 kilogramos de peso desarrollado por la industria nipona, confluyen las investigaciones llevadas a cabo durante años, no solo en informática y sistemas de computación, sino en las más diversas disciplinas científicas.

Apariencia humana

A diferencia de los primeros prototipos, que recordaban las maquinas ominosas de Terminator, Asimo nos resulta simpático, agradable –las personas no pueden evitar sonreír cuando lo ven saludar a un director de orquesta o empujar un carrito de supermercado– y nos transmite confianza.

Las prestaciones de esta máquina –resulta extraño llamar “máquina” a una joya de la ingeniería de apariencia tan humana– son enormes. Actualmente varias empresas han comenzado a utilizar versiones de Asimo en tareas de recepción (en la IBM y en el “Museo Nacional de Ciencias” de Japón hay un Asimo para atender al público), pero el objetivo es mucho más ambicioso.

El robot fue diseñado específicamente para interactuar con las personas y en el modelo presentado días atrás los adelantos permiten prescindir de operador para controlar los movimientos. Esta capacidad de autonomía posibilitará en un futuro, con una “aplicación” adecuada, la existencia de robots especializados en el cuidado de ancianos o de personas enfermas e incluso para colaborar en el trabajo de la oficina o en las tareas hogareñas.

Asimo es el primer gran paso en el desarrollo de la inteligencia artificial y seguramente no está muy lejos el día en que dejaremos el cuidado de nuestra casa y de nuestros hijos a alguna versión modificada de este robot humanoide. Tal como pronosticaba Isaac Asimov en su novela, en definitiva.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos