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El último ordeñe de otro tambo que bajó la cortina asfixiado por las pérdidas

El pasado martes dejó de producir El Caburé, un tambo que tenía 150 vacas en ordeñe en Durazno 

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08 de agosto de 2019 a las 15:55

Tras toda una vida dedicada al tambo, en la mañana del martes 6 de agosto Alba Caorsi, una productora rural de Rincón de los Tapes (Durazno), ordeñó por última vez a sus lecheras y El Caburé se sumó a la lista de los tambos que cierran cada unas 42 horas en el último tiempo. 

 “Después de haber trabajado toda una vida en la lechería me da pena. Son cambios que hay que hacerlos. No se puede seguir en un rubro que no alcanza. Son etapas de la vida”, se lamentó Caorsi en diálogo con El Observador.

El tambo tenía 150  vacas en ordeñe, con una producción diaria de 3.000 litros aproximadamente. Años atrás la empresa había llegado a tener hasta 300 vacas en ordeñe, pero las instalaciones no eran suficientes.

“Hace 25 años comenzamos a ordeñar en El Caburé con mis hijos chicos y sin luz. Teníamos un pequeño equipo. Hace cinco años teníamos un proyecto de hacer otra sala con 30 bajadas. Luego avizoramos la mala época para la lechería y dejamos el proyecto suspendido; por suerte”, rescató la productora rural.  

 

Las vacas de alta producción fueron embarcadas al frigorífico.

 

El cierre se debe a dos razones. Por un lado, a los recursos humanos, porque cada vez más aumentan las dificultades para trabajar con el personal. En segundo lugar, por un tema económico, ya que hace un par de años que la familia debe ponerle plata al tambo para que funcione. 

“No me puedo quejar. Gracias al tambo crié a mis hijos, me pude casar y arreglamos la casa. Pero últimamente ingresaba cero peso. Hace cinco años que estamos cobrando alrededor de $ 10 por litro de leche. Entonces la situación se volvió insostenible. No podes seguir trabajando en una cosa que no es redituable, más allá de que te guste. No hay más remedio. Son las cosas que pasan en el Uruguay”, agregó.

Luego del último ordeñe, la productora embarcó para el frigorífico a las vacas de alta producción y secará a las de baja para engordarlas y venderlas a la industria en unos meses. Son animales de la raza Normando, que producen una leche rica en sólidos y grasa (4%) y proteína (3,7%).

"Voy a extrañar el ruido de la máquina y a las vacas que no van a venir. Estoy contenta por un lado, porque a veces hay que resolver cosas difíciles, pero nos va a dar una tranquilidad y, al final, eso vale más que la plata" aseguró.

 

Alba Caorsi comenzó a ordeñar sus vacas hace 25 años y contaba con la ayuda de sus hijos pequeños.

 

Si el cierre de tambos sigue al mismo ritmo que tuvo durante el primer tramo de 2019, en cinco años no habrá más productores familiares, según se desprende de un análisis realizado por directivos de la Asociación Nacional de Productores de Leche (ANPL).

En el primer trimestre de 2019 bajó las cortinas un tambo cada 42 horas, considerando las altas y bajas de matrículas en Conaprole y datos procedentes del cumplimiento de las obligaciones con el Fondo Lechero.

Hubo, entonces, un promedio de 24 cierres por mes, lo que se puede proyectar a 288 tambos al año y a 1.440 en un lustro, detalló.

 

Actualmente se ordeñaban 150 vacas Normando que daban una producción diaria de 3.000 litros

 

Otro problema para enfrentar: los perros

Pero el tambo no es el único problema que debe enfrentar la familia. Caorsi y su marido llevan adelante una majada comercial y plantelera de la raza Corriedale que hace tres semanas es acechada por la presencia de una jauría que mata entre cinco y seis ovejas por fin de semana. En total, la productora ha perdido 16 lanares.

Los episodios siempre suceden los sábados de noche. La última vez mordieron a seis ovejas que finalmente fueron sacrificados, porque estaban “literalmente cuereadas vivas”. “Hay que ver cómo dejaron a las pobres ovejas; animales que son indefensos”, dijo.

Las víctimas pertenecen a una majada que estaba a punto de parir, habían ovejas melliceras y de plantel.

 

Así dejaron los perros a las ovejas, "literalmente cuereadas vivas".

 

Los perros atacan en los potreros del fondo del campo, ubicados a tres kilómetros del pueblo Feliciano, también de Durazno.

“No sé qué es lo que pasa los sábados, pero siempre atacan ese día. Pueden ser perros de alguna estancia que se queda sola los fines de semana porque los encargados salen o gente que viene lo sábados. La cosa es que no sabemos qué hacer”, expresó angustiada.

Si bien para la productora estas 16 ovejas perdidas no significa un daño económico importante, entiende que es “una cosa que no debería pasar”. Según Caorsi, el tema va más allá de los lanares que le han matado: el problema de fondo es que en Uruguay “hay más perros que gente” y son “perros sin control” que hacen daño.

Para tener un animal hay que cuidarlo, sino es echar a perder el trabajo de una vida, ya sea de quienes tenemos ovejas u otras cosas”, señaló.

Caorsi narró que salen al campo con armas por si se encuentran con los perros, pero aseguró que no es fácil verlos. También han puesto veneno, tanto para los perros como para los zorros.

“La producción ovina está muy amenazada, porque entre el abigeato, los zorros y los perros no es fácil. Es un tema nacional y hay que hace un control de perros”, reclamó. 

 

Muchas de las ovejas estaban preñadas y esperaban mellizos.

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